{"id":1803,"date":"2026-04-19T21:14:22","date_gmt":"2026-04-20T03:14:22","guid":{"rendered":"https:\/\/ceprovysa.com\/?p=1803"},"modified":"2026-04-19T21:14:24","modified_gmt":"2026-04-20T03:14:24","slug":"manuel-perez-toledano-monopolio-el-cuento-de-la-noche-latitud-megalopolis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ceprovysa.com\/?p=1803","title":{"rendered":"MANUEL P\u00c9REZ TOLEDANO Monopolio &#8211; EL CUENTO DE LA NOCHE \/ LATITUD MEGAL\u00d3POLIS"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">uiz\u00e1 por haberse criado entre basura, sus manos y rostro ten\u00edan el ceniciento color de la basura. Estaba tumbado sobre la guarnecida acera de un soportal y dormitaba junto a su mugriento costal de papeles viejos. A veces, la atarjea tumefacta de su boca, emit\u00eda destemplados gru\u00f1idos, que acusaban la m\u00e1s estricta animalidad. De pronto, por las rendijas abotagadas de sus p\u00e1rpados, emergieron los co\u00e1gulos sanguinolentos de sus ojos. Un violento deseo de beber h\u00edzolo buscar, en las bolsas del andrajoso pantal\u00f3n, la botella del aguardiente. Con insana alegr\u00eda apur\u00f3 el contenido. A lo lejos, empezaron a sonar silbatos  de locomotora (procedente de la estaci\u00f3n \u201cSan L\u00e1zaro\u201d). Amanec\u00eda\u2026 Incorpor\u00e1ndose del suelo, se ech\u00f3 el costal a  cuestas para emprender la marcha, consistente en recorrer la zona oriente de la ciudad, hurgando los vertederos de basura para seleccionar papeles, huesos y envases de hojalata que luego vend\u00eda a los compradores de desperdicios. Al recorrer diariamente lo que \u00e9l llamaba \u201csus propiedades\u201d, sent\u00edase ufano de haber acaparado, a fuerza de reyertas y cuchilladas, la exclusiva del barrio\u2026 Pues ninguno de los competidores \u2013Incluso los perros callejeros- Osaban aventurarse en sus dominios.     Por ello, al ver que un desconocido, inclinado sobre uno de los dep\u00f3sitos de inmundicias, extra\u00eda un sucio pedazo de pan, la c\u00f3lera lo sublevo de repente. \u00bfQui\u00e9n se atrev\u00eda a burlarse de sus conquistas?\u2026 Y arrojando el costal, se lanz\u00f3 contra el invasor que, al notar su siniestra catadura, regres\u00f3 sumiso el mendrugo de pan. Pero, \u00e9l estaba \u00e1vido de sangre, y sin darle tiempo al infeliz de salir de su estupor, le oprimi\u00f3 el cuello rudamente, rudamente\u2026 Un silbato de ferrocarril reson\u00f3 en la distancia\u2026 Partir. S\u00ed. Marcharse nuevamente al pueblo, que lo esperaba cual tibio regazo maternal\u2026 Poco a poco, la niebla hab\u00eda comenzado a disolverse y la d\u00e9bil claridad del amanecer perfilaba ya las duras aristas de las casas. Quit\u00e1ndose unas piedrecillas del calzado, Antonio volvi\u00f3 a anudarse los rotos cordones. Sus zapatos eran s\u00f3lo unos desollados jirones de cuero. \u00a1Y tener que andar, andar otra vez las \u00e1ridas veredas de concreto, sombreadas por la maleza de los altos edificios!\u2026 Junto a la acera, un cami\u00f3n lechero pas\u00f3 veloz. Antonio imagin\u00f3 al instante un vaso de leche, un fresco y exquisito vaso de leche\u2026 \u00a1Hum! Y la  espesa saliva le aguijone\u00f3 mordaz. Se levant\u00f3 del p\u00e9treo quicio del zagu\u00e1n, que le sirviera de lecho, y dio unos pasos, temblequeantes, frot\u00e1ndose con las manos los adoloridos ri\u00f1ones. La ciudad aguard\u00e1balo con sus millones de puertas que lo rechazaban ferozmente, y con sus transe\u00fantes apresurados que en lugar de tenderle las manos, lo apartaban con los pu\u00f1os cerrados. \u201cNo hay vacantes\u201d. \u201cNo hay vacantes\u201d. \u201cNO HAY VACANTES\u201d, era la frase que rezaba en todos los frontispicios de f\u00e1bricas y oficinas. Mas, acaso el d\u00eda de hoy le fuese propicio, y tuviera suerte. Y sigui\u00f3 su camino, calle adelante\u2026 De s\u00fabito, al doblar una esquina, se top\u00f3 con un repleto bote de basura, sorprendi\u00e9ndose al hallarse, muy por encima, un incitante pedazo de pan; Sin reparar en escr\u00fapulos, tom\u00f3 el m\u00edsero mendrugo. Pero, cuando iba a llev\u00e1rselo a la boca, un monstruo horrible, con los ojos llameantes, se le present\u00f3 agresivo. Y sin m\u00e1s ni m\u00e1s, lo ataco sin misericordia, desgarr\u00e1ndole el cuello\u2026 Bien sab\u00eda Antonio que el que lo mataba no era aquel hombre, sino \u00a1ella\u201d, la ciudad ego\u00edsta y asesina\u2026   <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>uiz\u00e1 por haberse criado entre basura, sus manos y rostro ten\u00edan el ceniciento color de la basura. Estaba tumbado sobre la guarnecida acera de un soportal y dormitaba junto a su mugriento costal de papeles viejos. 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