{"id":22540,"date":"2026-10-21T19:59:26","date_gmt":"2026-10-22T01:59:26","guid":{"rendered":"https:\/\/ceprovysa.com\/?p=22540"},"modified":"2026-10-21T19:59:29","modified_gmt":"2026-10-22T01:59:29","slug":"valentina-uribe-zarain-mexico-el-cerebro-que-aprende-a-leer-semlac","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ceprovysa.com\/?p=22540","title":{"rendered":"VALENTINA URIBE ZARAIN M\u00e9xico: el cerebro que aprende a leer SEMLAC"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cd. de M\u00e9xico. (SEMlac).- &nbsp;<strong>&nbsp;<\/strong>Imagina a dos ni\u00f1as de seis a\u00f1os. A la primera le entregamos un cuento y le pedimos que lo lea. Reconoce las letras, transforma r\u00e1pidamente los signos escritos en sonidos y lee en voz alta: \u201cEl perro corri\u00f3 detr\u00e1s de la pelota\u201d. Cuando le preguntamos qu\u00e9 sucedi\u00f3, no sabe responder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La segunda todav\u00eda batalla para leer esas mismas palabras. Sin embargo, cuando leemos el cuento en voz alta, puede explicar qu\u00e9 ocurri\u00f3, anticipar lo que suceder\u00e1 despu\u00e9s e incluso relacionar la historia con alguna experiencia propia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfCu\u00e1l de las dos ni\u00f1as sabe leer?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace unos d\u00edas hice esta pregunta durante una conferencia sobre el aprendizaje de la lectura. Las respuestas fueron diversas y me recordaron algo que con frecuencia olvidamos: usamos la palabra leer para referirnos a cosas muy distintas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces decimos que un ni\u00f1o o una ni\u00f1a ya lee porque puede pronunciar las palabras escritas. Otras veces afirmamos que leer es comprender y que, si no hay comprensi\u00f3n, no existe lectura. En realidad, aprender a leer requiere de ambas cosas y de mucho m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para quienes llevamos d\u00e9cadas leyendo, el proceso parece casi autom\u00e1tico. Si miramos una palabra simplemente la leemos. Es dif\u00edcil imaginar el enorme trabajo que nuestro cerebro tuvo que realizar para lograrlo, pues los seres humanos no nacemos programados para leer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestro cerebro est\u00e1 preparado para adquirir el lenguaje oral. Si una beb\u00e9 crece rodeada de personas que hablan con ella, aprender\u00e1 a hablar sin que nadie tenga que explicarle de manera consciente c\u00f3mo colocar la lengua para producir cada uno de los sonidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La lectura es diferente. Es una invenci\u00f3n cultural muy reciente en nuestra historia evolutiva como para que exista una zona del cerebro dise\u00f1ada espec\u00edficamente para leer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El neurocient\u00edfico franc\u00e9s Stanislas Dehaene explica que, para aprender a leer, el cerebro tiene que reciclar circuitos que originalmente cumpl\u00edan otras funciones. Poco a poco aprendemos que esas peque\u00f1as marcas que llamamos letras representan los sonidos del habla y conseguimos reconocerlas con una velocidad extraordinaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pensemos en todo lo que ocurre cuando un ni\u00f1o o una ni\u00f1a comienza a leer la palabra \u201ctigre\u201d. Tiene que distinguir cada letra, asociarla con un sonido, mantener esos sonidos en la memoria, unirlos y reconocer una palabra que ya conoce.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero ah\u00ed no termina el proceso. La palabra \u201ctigre\u201d tampoco significa exactamente lo mismo para todas las infancias. Un ni\u00f1o o una ni\u00f1a de segundo a\u00f1o de primaria puede imaginar un enorme felino de rayas anaranjadas; una bi\u00f3loga probablemente activar\u00e1 muchos otros conocimientos sobre la especie. Leer una palabra tambi\u00e9n implica abrir la puerta a todo lo que sabemos sobre ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese proceso se llama automatizaci\u00f3n y es fundamental porque nuestra capacidad de atenci\u00f3n es limitada. Si un ni\u00f1o o una ni\u00f1a necesita invertir un gran esfuerzo cognitivo en descifrar cada palabra, le quedan pocos recursos disponibles para comprender el significado de una oraci\u00f3n, imaginar una escena o preguntarse por qu\u00e9 un personaje actu\u00f3 de determinada manera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero reconocer las palabras tampoco es suficiente. Para comprender lo que leemos necesitamos vocabulario, conocimientos sobre el tema, capacidad para hacer inferencias y estrategias para detectar cu\u00e1ndo algo dej\u00f3 de tener sentido. Necesitamos comprender las relaciones entre las palabras y las oraciones, interpretar expresiones y recuperar informaci\u00f3n que el texto no siempre dice de manera expl\u00edcita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hollis Scarborough, psic\u00f3loga e investigadora especializada en el desarrollo del lenguaje y la alfabetizaci\u00f3n represent\u00f3 esta complejidad con una imagen que me parece especialmente \u00fatil: una cuerda formada por varios hilos que, con el tiempo y la pr\u00e1ctica, se entrelazan hasta producir una lectura competente. Algunos hilos est\u00e1n relacionados con el reconocimiento de palabras; otros, con la comprensi\u00f3n del lenguaje. Ninguno puede explicar por s\u00ed solo lo que significa leer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta mirada tiene consecuencias importantes para la ense\u00f1anza. Cuando un ni\u00f1o o una ni\u00f1a tiene dificultades para leer, decir simplemente que \u201cno comprende\u201d nos aporta muy poca informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Necesitamos preguntarnos d\u00f3nde est\u00e1 la dificultad. \u00bfReconoce las letras? \u00bfPuede relacionarlas con sus sonidos? \u00bfLee las palabras con precisi\u00f3n? \u00bfLo hace con suficiente automaticidad? \u00bfAgrupa las palabras de acuerdo con su significado y utiliza una entonaci\u00f3n adecuada? \u00bfConoce el vocabulario del texto? \u00bfPuede hacer inferencias? \u00bfSe da cuenta cuando algo no tiene sentido? Las respuestas requieren intervenciones diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto tambi\u00e9n explica por qu\u00e9 resulta tan importante observar el aprendizaje de la lectura desde los primeros a\u00f1os de la educaci\u00f3n primaria. Esperar hasta que un ni\u00f1o o una ni\u00f1a fracase frente a textos cada vez m\u00e1s complejos significa perder un tiempo extraordinariamente valioso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay otra dificultad que muestra hasta qu\u00e9 punto aprender a leer transforma nuestro cerebro: la invarianza en espejo. Durante miles de a\u00f1os, nuestro sistema visual aprendi\u00f3 que un objeto sigue siendo el mismo, aunque lo veamos de frente, de lado o reflejado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa capacidad ha sido una ventaja para sobrevivir: nos permite reconocer, por ejemplo, que nuestro perro sigue siendo el mismo sin importar desde qu\u00e9 \u00e1ngulo lo miremos. Pero al aprender a leer, esa misma capacidad entra en conflicto con una nueva exigencia: una<em>&nbsp;b<\/em>&nbsp;no es una&nbsp;<em>d<\/em>, ni una&nbsp;<em>p<\/em>&nbsp;es una<em>&nbsp;q<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dehaene explica que el cerebro lector debe aprender a dejar de tratar ciertas im\u00e1genes en espejo como equivalentes. Es una revoluci\u00f3n perceptiva que, en la adultez, nos pasa casi inadvertida porque ya la hemos automatizado. Para quienes ya sabemos leer, distinguir una&nbsp;<em>b<\/em>&nbsp;de una&nbsp;<em>d<\/em>&nbsp;parece trivial. Para un cerebro que est\u00e1 aprendiendo a leer, no lo es.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las ni\u00f1as y los ni\u00f1os llegan a la escuela con experiencias muy distintas en relaci\u00f3n al lenguaje y la cultura escrita. Algunos han escuchado cientos de cuentos, participado en largas conversaciones y tienen libros a su alcance; otros han tenido menos oportunidades durante su infancia. La escuela no puede cambiar esas experiencias previas, pero s\u00ed puede evitar que determinen su futuro como lectores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para lograrlo necesitamos ense\u00f1ar expl\u00edcitamente c\u00f3mo funciona nuestro sistema de escritura y, al mismo tiempo, llenar las aulas de conversaciones, historias, conocimiento, vocabulario y libros. Ense\u00f1ar a leer requiere atender todos los hilos de la cuerda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aprender a leer cambia radicalmente nuestra relaci\u00f3n con el mundo. Nos permite acceder al conocimiento acumulado por otras personas, viajar a lugares que nunca hemos visitado, conocer voces que vivieron antes que nosotras y participar plenamente en una sociedad atravesada por la palabra escrita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso entender qu\u00e9 significa leer no es una discusi\u00f3n reservada a especialistas. De la respuesta dependen las decisiones que tomamos en las aulas, lo que ense\u00f1amos, lo que observamos y el momento en que decidimos intervenir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 la pregunta m\u00e1s importante no sea si una ni\u00f1a \u201cya sabe leer\u201d, sino qu\u00e9 necesita todav\u00eda para convertirse en una lectora aut\u00f3noma, competente y capaz de comprender el mundo a trav\u00e9s de la palabra escrita.&nbsp;<strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>*La autora es i<\/em><em>ntegrante de MUxED. Especialista en adquisici\u00f3n de la lengua escrita y educaci\u00f3n. Directora Ejecutiva de Fundaci\u00f3n Zorro Rojo y docente.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cd. de M\u00e9xico. (SEMlac).- &nbsp;&nbsp;Imagina a dos ni\u00f1as de seis a\u00f1os. A la primera le entregamos un cuento y le pedimos que lo lea. 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