LA SEMANA SANTA Y SU IMPACTO ECONÓMICO
Por César González Guerrero.
Desde muy pequeños, en mi tierra Copala, y seguramente en la mayoría de los pueblos del mundo, del campo y la ciudad, la Semana Santa, ha sido una de las celebraciones más importantes. Quizá solo superada por las fiestas decembrinas.
Coincidentemente, con una gran influencia religiosa del catolicismo.
Por supuesto que, sí revisamos el calendario, los días de cada mes, señalan nombres sagrados y muy venerados, que pasan a ser fechas generadoras de un movimiento económico de mucho impacto.
La semana santa, fue una de las festividades de mayor trascendencia, en donde adquirimos las primeras experiencias y conocimientos para toda la vida, en diferentes momentos y etapas de nuestro desarrollo humano.
En algunos casos, este proceso de enseñanza-aprendizaje natural, inicia desde los 40 días del nacimiento, sigue el bautizo, luego la confirmación, después la presentacion de los 3 años, luego la primera comunión, y ya con las bases formadas, continúan una serie de eventos individuales, familiares y colectivos, que forman una conducta social, para unos positiva y para otros negativa. Pero ese no es el tema.
Lo que si es cierto, son los momentos que, en nuestras vivencias, se convirtieron algo inolvidable. Tal vez, no solo en nuestra modesta formación social, sino también en la capacidad analítica de observar el comportamiento humano, dentro de la sociedad en qué cada quien nos tocó vivir.
En aquellos tiempos, asistir a la doctrina en la parroquia del pueblo, participar en los grupos de los “pastores” de diciembre, disfrutar de las posadas y sus respectivos aguinaldos, participar en los juegos tradicionales de la época, fueron suficientes para saber que existen normas y valores fundamentales que nos enseñaron a ser respetuosos, disciplinados, ordenados y todo lo que implica ser personas bien intencionadas.
Así aprendimos a respetar a nuestros mayores, haciendo oraciones, y evitar acciones contrarias a una agradable convivencia pacífica.
En la semana santa conocimos los protocolos de cada uno de esos días considerados “grandes”, desde el domingo de ramos hasta la resurrección.
Fueron, y siguen siendo, días dedicados, casi al cien por ciento, a revivir los días históricos del cristianismo. La mayoría de la población, en sus casas y en las capillas del pueblo, respetaban el significado de cada uno de ellos.
En los domicilios se cubrían las imágenes religiosas, las bocinas del pueblo callaban, los ruidos se evitaban, y en algunos casos, a las doce del día las campanas sonaban y la gente se arrodillaba, en el lugar que estuviesen.
Que decir del sábado de gloria, día en el cual se “rompía” la gloria, se azotaba simbólicamente a los pequeños traviesos, así como a los árboles y plantas que se resistían a producir.
Así, recordar la semana Santa en mi pueblo Copala, es para hacer un libro, por la cantidad de detalles que en esta ocasión, por falta de espacio, quedan pendientes.
Cómo sea, la semana santa, en los últimos 50 años o más, sirve para dinamizar la actividad económica de todos. Y eso es bueno, lo malo son los excesos que esto conlleva y se presentan todo tipo de abusos perjudiciales. Así no es es, no debe ser una celebración religiosa. Las autoridades civiles y religiosas, algo deben hacer para evitarlo. La ciudadanía deberá aportar lo suyo.

