Todos deberíamos sentirnos orgullosos de la infancia que tuvimos en su momento como un momento indispensable para nuestro desarrollo humano, las grandes aventuras que marcaron lo que ahora somos y tenemos.
Se han escritos verdaderas maravillas de lo que la infancia significa para el ser humano, por ejemplo, José María Cabodevilla publicó, Hacerse como niños. Necedad para los sabios y escándalo para los justos, (BAC, Madrid 1994), del que me he ocupado en algunas de mis publicaciones anteriores, ahí aprendí mucho del ejemplo que nos dejó Teresa de Lisieux sobre el concepto de “hacerse como niños” del Evangelio, aunque por todos lados se escuche que el ideal sea la vida adulta (adultum, significa el que ha crecido) y es que asociamos el conocimiento con los adultos, pero no hay que olvidar lo que decía Heidegger: “Quien piensa en grande, se equivoca a lo grande”, de los niños siempre podemos aprender muchas cosas y las cuales se nos olvidan: “Un niño puede enseñarnos mucho, tanto sobre la vida de las lagartijas como sobre la oración cristiana. De él podemos aprender entusiasmo, curiosidad, capacidad de asombro, fraternidad con los animales, gusto por lo maravilloso, necesidad de compartir con otros las alegrías y las penas, sensibilidad para lo nuevo, para lo imprevisible”. (Cabodevilla, p.260)
Se ha dicho siempre que la educación es recíproca, pues los niños aprenden de los adultos, así como los adultos tienen que aprender de los niños.
INFANCIA PERPETUA
Aquí todo sería perfecto pero el problema viene cuando se quiere vivir una infancia perpetua. Así lo registra la literatura: Prometeo, Pigmalión, Acteón, Fausto, Ícaro, Edipo, etc. Y también Peter Pan. Ícaro es el hombre que aspira a volar, Fausto es el hombre que vende su alma al diablo, Peter Pan es el hombre que se niega a crecer.
Y aquí surge la pregunta ¿por qué el hombre se niega a crecer? Y la respuesta no es fácil pero si intentamos responder es precisamente porque la vida de la infancia requiere más compromiso sobre todo en el campo de la ética.
Es por eso que Dora GARCÍA-Jorge E. TRASLOSHEROS, coordinan una obra titulada, Ética, persona y sociedad, (Editorial PORRUA), donde siguiente la vía argumentativa de la indiferencia ante los problemas sociales se acuña el concepto de Infancia fingida, la cual se entiendo como: “Consiste en no sentirse responsable de nada, porque el culpable siempre es otro. Y en ese “otro” se encuentra el mundo entero del que nos desentendemos fingiendo que nada de lo que el otro haga me es cercano. Pero ¿de verdad lo que el otro hace me es ajeno? Es esta falta de responsabilidad el tema fundamental de esta reflexión. (Dora GARCÍA-Jorge E. TRASLOSHEROS, p.60)
Todos entendemos que no se puede construir una sociedad donde nadie es responsable de lo que nos pasa y peor que la culpa es de los “otros”, he ahí el centro de la teoría de la infancia fingida.
“CADA CABEZA ES UN MUNDO”
Esta frase la habremos escuchado en algún momento de nuestra vida, y con ello se quiere decir que cada quien puede y debe hacer lo que quiera pues todo es válido sólo hay que respetar lo que cada uno quiere hacer y vivir a su manera. Así se forja la falta de responsabilidad.
Otra frase socorrida al respecto: “Es mi forma de pensar” e incluso “tu forma de valorar el mundo nada tiene que ver conmigo”. Estas expresiones lo que quieren es excusarnos de la responsabilidad y esta es casi en todos los casos, moral. Es decir, cada uno de nosotros es responsable de sus actos y en ellos siempre está envuelto el otro, la abigarrada diversidad de lo existente requiere del ser humano una predisposición a la aceptación de lo diferente.
Así pues a la infancia dejémosla en su periodo natural, fuente de crecimiento en desarrollo y afrontemos la vida adulta que la vida nos regala asumiendo la responsabilidad que nos corresponde para mejorar la sociedad en la que nos ha tocado vivir.
De nada nos sirve ver para otro lado, que por hacerlo simplemente no se soluciona nada sino muy por el contrario se agrava mucho más.
Si descubrimos en nosotros que vivimos en una infancia fingida, será el momento histórico de dejarla porque esto nos permite que nuestra vida humana, o como decía “Savater lo que hace humana la vida “es el transcurrir en compañía de humanos, hablando con ellos, pactando y mintiendo, siendo respetado o traicionados, amado, haciendo proyectos y recordando el pasado, desafiándose, organizando juntos las cosas comunes, juzgando, intercambiando símbolos” (citado en Dora GARCÍA-Jorge E. Traslosheros, p.60)
LAS CABEZAS FORMAN UN MUNDO
Para superar el dicho: “Cada cabeza es un mundo” tenemos que pasar a decir: “Todas las cabezas forman un mundo”, este sería el compromiso ético que, hoy por hoy, tendría que ser un reclamo universal, puesto que el relativismo que nos rodea, y aquí hemos descrito como “infancia fingida”, nos obligaría a ponernos de acuerdo en la construcción de un mundo de dialogo, encuentro, armonización de ideas para proceder al unísono, buscando la unidad en la diversidad pero buscando un objetivo común.
En muchas ocasiones, como consecuencia de este principio de diálogo y encuentro habrá muchas dificultades, esto es normal pero no desistir de afrontar nuestro presente: “Estoy persuadido de que lo que cuenta no es lo que más tarde se tendrá sino lo que ahora se quiere. El presente siempre decide el futuro […] lo que hoy hacemos decidimos lo que somos, pero también mañana”. (Dora GARCÍA-Jorge E. TRASLOSHEROS, p.61)
DE QUÉ SE OCUPA LA ÉTICA
De qué deberíamos de ocuparnos: “el bien, la felicidad, de la virtud, de la justica, del placer, de la amistad; pero también de Dios, de la naturaleza y origen del alma, del libre albedrío; de la naturaleza y origen de los afectos, de la libertad, de la piedad, del sentimiento moral de la ley moral y de los juicios morales, así como de los imperativos de la acción; de la simpatía entre humanos, de la conciencia, del deber y del derecho, de la libertad y de la responsabilidad”. (Dora GARCÍA-Jorge E. TRASLOSHEROS, p.63)
Cuando te ocupes de esto: habrás dejado atrás “la infancia fingida”.
INFANCIA FINGIDA – Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ










