2 Feb 2026, Mon

Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ Declive de la atención


Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez

Descubrir las razones por las que hemos llegado a este punto de inflexión dentro de la sociedad relativo el tema de la increencia estarían al orden del día las siguientes: el materialismo, el secularismo, las ideologías, la indiferencia, el cientificismo y larguísimo etcétera y todas estas razones sonarían lógicas y apropiadas. Pero nada más lejos de la realidad para el filósofo Byul Chul-Han. En su más reciente obra títulada, Sobre Dios. Pensar con Simone Weil, (PAIDOS, Barcelona 2025) apunta lo siguiente:

“La crisis actual de la religión no puede atribuirse sin más al hecho de ciertos contenidos de la fe hayan perdido su validez, de qué ya no creemos en Dios o de que la Iglesia haya agotado toda su credibilidad. Más bien habría que explicarla por una serie de razones estructurales de las que no somos conscientes, pero que son responsable de la ausencia de dios. Entre ellas se encuentra el declive de atención. La crisis de la religión también es, por tanto, una crisis de atención, una crisis de vista y del oído” (Chul-Han, p.13)
Así que en palabras de este filósofo nuestra crisis es de la vista y del oído que nos llevan como consecuencia la falta de atención.
Somos ciudades muy ruidosas, extremadamente activistas, se van nuestros ojos a las cosas y no a las personas. La carencia de silencio tiene sus consecuencias graves pues no logramos concentrarnos en lo que es realmente importante, así como carecer de toda dimensión contemplativa.

Hoy existe el fenómeno llamado: “atracón de series”, que consistiría en el acto de devorar en exceso las series que distribuyen las diferentes plataformas en la televisión y esto hace que continuamente nuestra atención esté dispersa, lo queremos reconocer o no. Cada vez más nos costará concentrarnos, puesto que la atención estará cada vez más enfocada fuera de nosotros, tal vez por la fascinación de la imagen y lo llamativo de la trama de las diferentes series que se ha disparado la demanda.
“La percepción prácticamente se ceba con basura: basura de información y comunicación basura de sonidos y visiones. Nos estamos convirtiendo en ganado consumidor. La percepción se guía cada vez en mayor medida por los estímulos y la adicción” (Chul-Han, p.14)
Conozco personas que no puede dejar de ver el celular y escuchar música, se han convertido en “ganado consumidor” y la razón que encuentro es que las diferentes actividades que realizan los lleva a un cansancio que piensan que se dispensarán viendo series y escuchando música. No sé si esto cumpla su objetivo de descanso pero lo que sí es un hecho es que cada vez están más molestos e incluso cayendo en la grosería y la pereza permanente.
AUTOFAGIA DEL ALMA
Me llama la atención la siguiente metáfora que Chul-Han empieza su libro:
“Dos compañeros alados, dos pájaros […]
Están posados en la rama de un árbol.
Uno como los frutos,
el otro los mira.
(Simone Weil)
Si yo te preguntará a qué le dedicas más tiempo: ¿a comer o a mirar? La respuesta es personal pero si hacemos una estadística creo que a todos nos interesa más comer, consumir que mirar, o sea, contemplar, pues hemos dicho que hay una crisis de mirar, o sea, de reflexionar. Lo más frecuente cuando se lanza una pregunta en cualquier plática la respuesta más común es: “no sé”. La opiniones escasean y cuando se intenta abrir la boca sólo se hablan incoherencias si no que groserías e ideas que ni al caso.
Si ahondamos más en la crisis de atención podemos decir que hemos caído en una autofagia del alma:
“La crisis actual de la atención está ligada al hecho de queramos comerlo todo, consumirlo todo, en lugar de mirarlo. La percepción voraz no requiere atención alguna. Se traga cuando se le ofrezca. Sólo el alma que ayuna puede mirar, contemplar. Durante el ayuno se pone en marcha una autofagia en la que el alma consume su parte baja, su parte voraz. Esta autofagia del alma es lo único que nos salva y que nos conduce hasta Dios”. (Chul-Han, p.14)
Esta forma de concebir la vida trae como consecuencia que todo lo queramos más rápido sin ningún tipo de análisis, la voracidad es tan veloz que cuando menos nos damos cuenta nos ha pasado la vida sin ser nosotros realmente el protagonista de nuestra vida.
Vivimos el tiempo de la digitalización que hace que todo sea tangible, estadístico, que todo sea alcanzable:
“La digitalización acelera enormemente la puesta a disposición total de la realidad. Nos acostumbra a que todo sea inmediatamente alcanzable, disponible, calculable y consumible. De este modo, debilita la atención. Ciertas actitudes del espíritu que, como la espera o la paciencia, nos darían acceso a lo indisponible se están desmoronando. La información que se presenta como estímulo fragmenta nuestra atención”. (Chul-Han, p.16)
Por lo tanto no se si nuestra época que tanto presume de la digitalización sea capaz de salir de este laberinto de lo calculable y consumible, la paciencia escasea y la violencia se recrudece.
LA CONTEMPLACIÓN
El problema de la carencia de atención puede reducirse sólo y sólo si practicamos más la contemplación, esos momentos de silencio que nos haría valorar la belleza de lo que nos rodea especialmente las personas: “Si fuéramos capaces de prestar más atención –una atención semejante a la oración-, habría menos violencia en el mundo. De acuerdo con esta ética de la atención de Simone Weil, quince minutos de atención tienen más peso que las buenas acciones: Hay algo en nuestra alma que rechaza la verdadera atención mucho más violentamente de lo que la carne rechaza el cansancio. Ese algo está mucho más próximo del mal que la carne. Por eso cuantas veces se presta verdadera atención, se destruye algo del mal que hay en uno mismo”. (Chul-Han, pp.20-21)
Todos los rostros posibles que tenga la violencia en uno mismo tiene que ser desenmascarado y Han nos descubre un posible origen de la violencia: la falta de atención porque es una forma de destruir algo del mal en nosotros mismo.
Lógicamente esto quiere decir que una persona que entra en sí misma poniéndose atención descubrirá los defectos que tiene el mal que le carcome y si eso tiene él mismo seguro que también, en un afán de empatía, entiende que no exigirá en los demás lo que él mismo carece.
Kafka lo dice claramente: “Quien busca no encuentra, pero quien no busca es encontrado”.

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