12 Feb 2026, Thu

FEDERICO LA MONT – Nuestras fuerzas armadas – ASÍ LO DICE LA MONT / LATITUD MEGALÓPOLIS

Principios: La fisonomía del poder castrense en México registra  una metamorfosis silenciosa bajo el mando del General Secretario Trevilla cuya gestión parece alejarse del hermetismo  que caracterizó a su antecesor, Luis Cresencio Sandoval. Mientras que Sandoval consolidó un ejército constructor y administrador de infraestructuras críticas, Trevilla  heredó  una estructura maltrecha  que ahora intenta reconciliar con el escrutinio civil. La visión de Trevilla en materia de Derechos Humanos se percibe, al menos en el discurso institucional, como una transición hacia la “profesionalización ética”. A diferencia del pragmatismo de la administración pasada, donde la expansión de tareas civiles a menudo relegó la vigilancia de los protocolos de fuerza a un segundo plano, el actual mando busca integrar la perspectiva humanitaria no como un obstáculo operativo, sino como un eje de legitimidad necesaria frente a una sociedad civil cada vez más vigilante y cansada por la militarización.

Distancia: La comparación entre ambos generales es inevitable y marca un contraste en las formas de ejercer la autoridad. Luis Cresencio Sandoval operó bajo una lógica de expansión total, donde la lealtad absoluta al Ejecutivo se tradujo en una opacidad que blindó a la institución ante señalamientos sobre abusos en su quehacer. Trevilla, , se encuentra en la posición de mediar los excesos de esa expansión. Su visión parece inclinarse hacia un retorno a la institucionalidad técnica, tratando de mitigar la percepción de un ejército que actúa por encima de la ley. Sin embargo, el reto es monumental, pues el Secretario actual debe operar con las mismas leyes y estructuras que su antecesor, lo que plantea la duda de si el cambio es meramente de estilo personal o si realmente existe una reingeniería en la cadena de mando para evitar la repetición de tragedias.

Decenio: En ambos sexenios, la realidad de las cifras y las recomendaciones de organismos internacionales confirman que las fuerzas armadas no fueron inmunes a las fallas en Derechos Humanos. El despliegue masivo en tareas de seguridad pública, que por naturaleza son de carácter civil, generó incidentes de uso excesivo de la fuerza, ejecuciones extrajudiciales y detenciones arbitrarias que persisten independientemente del cambio de liderazgo. Bajo el mando de Sandoval, los eventos en zonas de alta fricción con el crimen organizado dejaron heridas   que la actual administración de Trevilla debe arrastrar. Aunque se instrumentaron  nuevos cursos de capacitación y manuales de conducta, la inercia de una guerra interna de baja intensidad sigue provocando que los elementos en el terreno tomen decisiones que vulneran las garantías individuales, demostrando que la voluntad de un Secretario no siempre permea con la misma velocidad hacia la última línea de combate.

Capacitación: La coordinación con el ejército estadounidense  alcanzó  niveles de especialización técnica sin precedentes, particularmente bajo el programa de Ejercicios Combinados Conjuntos. Esta relación se materializa de forma tangible en la interacción con unidades de élite como el Séptimo Grupo de Fuerzas Especiales de los Estados Unidos, conocidos como los “Boinas Verdes”. La colaboración no es meramente logística, sino que implica un intercambio profundo de doctrina militar en operaciones de contraterrorismo y combate al narcótico. Los ejercicios conjuntos permiten que los mandos mexicanos adopten metodologías de inteligencia y asalto quirúrgico, buscando reducir el daño colateral en áreas urbanas. Esta simbiosis técnica busca elevar el estándar de las Fuerzas Especiales mexicanas, alineándolas con estándares internacionales de eficiencia operativa que, paradójicamente, también exigen un respeto más riguroso a los protocolos de combate internacionales.

Seguridad: En el  complejo tablero de la geopolítica y la seguridad fronteriza, la apertura de información sobre la operación “Rápido y Furioso” por parte de la administración Trump, bajo la gestión del Fiscal Jeff Sessions, marcó un punto de inflexión en la confianza bilateral. El reconocimiento oficial de que armas de alto calibre fueron permitidas a cruzar la frontera con el fin de rastrear a los cárteles —un experimento que terminó en un desastre de sangre en suelo mexicano— sirvió  como un recordatorio persistente de los riesgos de la cooperación asimétrica. Esta desclasificación de datos no solo expuso las fallas de las agencias estadounidenses, sino que también obligó a las fuerzas armadas mexicanas a replantear sus mecanismos de vigilancia y a demandar una mayor reciprocidad en el control de armas. Para el General Trevilla, gestionar las consecuencias de este pasado compartido implica una diplomacia militar cautelosa, donde el actual  intercambio de inteligencia  se ve constantemente empañado por las lecciones no aprendidas de operaciones  anteriores.

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