El conocimiento de uno mismo es lo más difícil a lo cual nos podemos enfrentar a lo largo de toda nuestra vida, podemos decir que nos conocemos poco y esto hace que nuestra existencia en muchas ocasiones se vuelve convulsa.Parece que nada abona a que logremos este silencio que nos ayude a conocer nuestras pasiones, o dicho en otras palabras, saber cómo funciona nuestro corazón y me refiero específicamente a la afectividad que es la gran perdedora en nuestra época contemporánea.Concuerdo con el diagnóstico que nos comparte Luis Casalá en su libro, Habitar el silencio. Los cinco silencios: un camino de unificación, (PPC, Madrid 2017) que dice:“En la cultura posmoderna parecería que las pasiones no tienen mucho lugar. Porque no hay grandes utopías por las cuales dar la vida, porque todo está bien, porque imperan el relativismo y la tolerancia, el pasotismo, el pensamiento débil. No tiene mucho sentido apasionarse por nada, porque todo es efímero, descartable. Además vivimos en una cultura hedonista y la mentalidad posmoderna intuye que toda pasión, de una u otra manera, nos expone al dolor” (Casalá, p.129)Este sería el suelo donde partiría toda reflexión: qué tanto estoy dispuesto a enfrentarme a mi mismo y asumir el costo del dolor que esto implica, a pesar que la sociedad me diga que todo es infructuoso porque nada vale la pena, la vida se convierte en una pasión inútil y a la larga todo será tiempo perdido. El pasotismo es un fenómeno interesante pues implica que de todas las oportunidades que la vida me presenta, tengo el lujo de decir: “de esta paso”, “no me interesa”, “que lo haga otro”, así mismo el fenómeno del “pensamiento débil” es consecuencia de tener la convicción que la razón no puede darnos la suficiente certeza, o seguridad de lo que realmente es importante. En resumen nos sentimos atrapados en la indecisión permanente y de esta manera acarreamos insatisfacción o fenómenos más agresivos como la envidia, el odio o el rencor contra los que si están haciendo algo verdaderamente importante.DE QUÉ SENTIMIENTOS HABLAMOSCasalá nos ofrece una larga lista de sentimientos que sería bueno prestarles atención: Podemos sentirnos: 1). Comprendidos, aceptados, amados; 2). Agitados, nerviosos, preocupados, tensos, ansiosos, desbordados; 3). Desalentados, abrumados, cansados, desolados, amargados, heridos, doloridos, secos, desesperados, rendidos; 4). Molestos, incómodos, contrariados, rechazados, amenazados, perseguidos; 5). Tranquilos, satisfechos, en paz, joviales, contentos, dichosos, alegres, felices, serenos, estables; 6). Malhumorados, sensibles, irritables, excitables, enojados, furiosos, agresivos; 7). Reprimidos, aplastados, presionados; 8). Temerosos, asustados, inseguros; 9). Renovados, decididos, plenos entusiasmados, esperanzados, admirados, eufóricos; 10). Melancólicos, fastidiados, tristes, deprimidos, indiferentes, culpables; 11). Celosos, envidiosos, mezquinos, resentidos, miserables; 12). Solos, incomprendidos, aislados, traicionados; 13). Cariñosos, afectuosos, comunicativos, solidarios; 14). Desconcertados, inseguros, confundidos, desintegrados, débiles, rotos; 15). Convencidos, seguros, confiados, cómodos integrados, agradecidos; 16). Nostálgicos, apesadumbrados. (Casalá, pp.127-128)Sabemos que reconocer estos sentimientos no tienen una connotación moral, o sea, no son ni buenos ni malos, sólo son sentimientos y están dentro de nosotros. Todos estos sentimientos son los que en realidad nos hacen ser humanos y descubrir que forman parte de nuestra vida.Es por eso que es imprescindible el silencio para verlos, o sentirlos mejor dicho, en nuestra vida diaria.OBJETIVOS ESPIRITUALESDe lo que se trata es de ir callando y ordenando nuestras pasiones para dejar crecer el ser humano que hemos recibido de Dios mismo, por eso no es sano reprimir los impulsos, sino canalizarlos hacia fines buenos para nosotros mismo y para los demás, no hacerlo es lo que provocaría esquizofrenia, amargura, rigidez.La esquizofrenia se le conoce mejor con el nombre de bipolaridad que cada vez es más frecuente en muchas personas y que seguramente no saben que tienen ese problema, aunque los demás si vean sus continuos e inexplicables cambios drásticos de humanos sin causas aparentes.De la amargura el único responsable somos nosotros mismos puesto que no somos capaces de abrir los ojos hacia adentro porque no dejamos salir o expresar esos sentimientos atorados que nos aquejan y nos duelen en el alma.De la rigidez, la quiero entender como de la persona terca que no es capaz de convivir con personas que no piensan igual que uno y que muchas opiniones personales están equivocadas o se pueden mejorar con el consejo de otro.CORAZÓN SILENCIADOPor eso dice Casalá: “Cuando nuestro corazón queda silenciado, nuestras palabras, signos, pensamientos pueden ser vínculos de unidad, de paz y comunión”, (Casalá, p.131)Así ya estamos en el terreno de la sanidad, o por lo menos, hemos iniciado ese camino de alegría con nosotros y con los demás. En un corazón silenciado cabe el trabajo real de por qué me pasan las cosas malas en mi vida: “Si odio es, tal vez, porque necesito ser amado, si envidio puede ser que necesite aceptarme más y aumentar mi autoestima; si siento angustia quizá es porque necesite protección; si siento culpa, tal vez ello hable de la necesidad de perdonarme y de ser perdonado; si siento tristeza puedo preguntarme cuál es el vacío que experimento en mi vida, qué bien me está faltando, etc. (Casalá, pp.131-132)Personalmente encontré mucha luz en esta lista de problemas personales y aquí, el autor apunta posibles soluciones que están a mi alcance para trabajar ese silencio del corazón o de las pasiones.

