En CIMMYT, la ciencia, la tecnología y el trabajo en campo convierten la conservación genética en una herramienta estratégica para fortalecer comunidades, sostener sistemas agroalimentarios y enfrentar los desafíos que amenazan la seguridad alimentaria global.

Texcoco, Estado de México, abril de 2026. Cuando hablamos de un banco de germoplasma, vamos más allá de un espacio donde se resguardan semillas ante una eventual crisis global. En estos bancos también se respaldan, evalúan y regeneran materiales genéticos —como semillas, tallos o raíces— nativos de un país o región determinada, con el fin de asegurar su uso a mediano y largo plazo.
En México, esta labor no solo ocurre dentro de una bóveda, sino también en el campo, a través de procesos que agregan valor a lo largo de las cadenas de regeneración y conservación. Desde 1966, CIMMYT lidera estos esfuerzos mediante la replicación y evaluación de germoplasma diverso —incluidas variedades nativas y mejoradas de maíz y trigo—, la digitalización de información y el desarrollo de investigación orientada a enfrentar enfermedades emergentes, los efectos de la variabilidad climática y otros factores que amenazan la seguridad alimentaria global.

Digitalización y acceso para todos
En CIMMYT, la digitalización es una herramienta clave para acelerar el acceso a los recursos genéticos de trigo y maíz. A través de un escáner especializado, como el VideoMeter, se registra diariamente información de estas semillas y granos. Esto permite caracterizar cada muestra con precisión en términos de tipo, textura, color, tamaño y peso, así como generar un archivo visual de alta calidad.
Gracias a ello, investigadores y productores pueden identificar materiales de forma remota mediante la plataforma de acceso de CIMMYT (Genesys Embedded). Lo que antes requería procesos manuales prolongados hoy se traduce en un acceso más ágil, decisiones mejor informadas y una gestión más eficiente de los recursos genéticos.
En palabras de Cristian Zavala, coordinador del Banco de Germoplasma de CIMMYT:
«La disponibilidad inmediata de las semillas en los bancos de germoplasma garantiza que los usuarios puedan acceder a estas accesiones en el menor tiempo posible, siempre que se cumplan tres criterios fundamentales: inventarios suficientes, una viabilidad adecuada (superior al 85 %) y condiciones sanitarias óptimas; es decir, que no generen ni propaguen patógenos a nivel global».

Procesos fuera de la bóveda
Con este tipo de tecnología, se reduce la necesidad de abrir las cámaras de conservación y manipular físicamente las muestras, lo que minimiza los riesgos para su integridad. Las imágenes de alta resolución permiten realizar cotejos sin comprometer las condiciones de resguardo. Así, CIMMYT no solo conserva una copia de seguridad de razas nativas y variedades mejoradas, sino que también mantiene materiales listos para su distribución global ante cualquier eventualidad, fortaleciendo la capacidad de respuesta frente a crisis alimentarias.
En un contexto global marcado por conflictos, disrupciones en las cadenas de suministro y el encarecimiento de alimentos básicos como el maíz y el trigo, la conservación de los recursos genéticos adquiere una dimensión estratégica. El trabajo del Banco de Germoplasma de CIMMYT contribuye a mitigar estos impactos desde lo local: al garantizar la disponibilidad de semillas adaptadas, fortalecer las capacidades de los productores y promover el intercambio de conocimiento, se reduce la vulnerabilidad de los sistemas agroalimentarios.
Esta estabilidad a nivel local genera efectos acumulativos a nivel regional, al reducir presiones como el abandono de tierras o el desplazamiento por falta de medios de subsistencia. En este sentido, conservar y compartir semillas no solo es una acción científica, sino también una inversión en la cohesión social y en condiciones que fortalecen la estabilidad de los sistemas agroalimentarios.

Conservar para utilizar
Aquí es donde resalta la importancia del Banco de Germoplasma de CIMMYT. Su labor no se limita a conservar y distribuir semillas, sino también a fortalecer procesos que garantizan su viabilidad en el tiempo e impulsan la participación de comunidades agrícolas, junto con investigadores y otros actores, en sistemas agroalimentarios más sostenibles y resilientes.
Por ejemplo, en los invernaderos de CIMMYT se trasplantan plántulas previamente vernalizadas —proceso mediante el cual se exponen a temperaturas frías para inducir su floración— con el fin de reproducir semillas e incrementar su cantidad para estudios posteriores de longevidad y viabilidad, así como para procesar y digitalizar su información para su almacenamiento y distribución a quienes la requieran.
En palabras de Cristian Zavala, coordinador del Banco de Germoplasma de CIMMYT:
«Todas las semillas que se encuentran en el Banco de Germoplasma de CIMMYT no son propiedad de la institución. No son propiedad de nadie; al mismo tiempo, pertenecen a toda la humanidad: son un bien público global. Por ello, cualquier persona puede solicitar semillas, siempre y cuando acepte los términos de los Acuerdos de Transferencia de Material (ATM), los cuales están estandarizados y son gestionados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). CIMMYT cumple estas disposiciones de manera puntual».

Por ello, el Banco de Germoplasma de CIMMYT va más allá de ser un «lugar de resguardo» ante emergencias y crisis alimentarias. Es, en realidad, una garantía viva de procesos que mitigan los impactos agroalimentarios en el tejido social a nivel global y contribuyen activamente a la construcción de paz.










