Fue una profecía de del siglo once y a la larga ha resultado ser real en los tiempos que corremos y es consecuencia de la ideología política de la burguesía como otras tantas.
Es sabido que con el nacimiento del concepto Estado del siglo XIV se sustituyó con éxito lo que antes era competencia de la Iglesia. Y eso lo podemos constatar en el día de hoy, la vida de la sociedad gira, por lo menos lo más importante alrededor de fiestas nacionales o dicho en forma resumida: “El amor a la patria y la infinita sed de gloria pasan por encima de todo” (Virgilio). Es el diagnóstico que nos lega Thomas Mann en su obra La montaña mágica (PENGUIN RANDAN HOUSE, Barcelona 2024)
Esta batalla entre lo laico y lo religioso es la que estamos librando el día de hoy, pues no ha quedado nada claro que con la Ilustración (1789 d.C) la separación de poderes, muchos la han entendido no como separación sino como carta abierta a cualquier indicio de religiosidad.
A los años de distancia desde el siglo XVIII no se han calmado del todo las aguas turbulentas con las espadas desenvainadas del liberalismo y secularismo, con del individualismo liberal, esencia del Estado.
Además de este liberalismo tenemos un estado basado en la economía que Mann no duda en llamar al dinero como el alma del Estado y de ahí la frase: “El dinero será emperador”, cuyo objetivo es el imperio democrático, la elevación del principio del Estado universal.
“Y ¿quién será el emperador de ese imperio? Ya lo conocemos. Su utopía es espantosa y, sin embargo, de este modo, su República universal capitalista es trascendente, su Estado universal viene a ser la trascendencia del Estado laico y que a un estado original perfecto de la humanidad le corresponde un estado final perfecto en el horizonte”. (Mann, p.581)
Así pues las cosas se han movido muy poco, por eso al enfrentarnos a una realidad horizontal con expectativas muy elevadas con lo que el dinero puede conseguir, la desesperanza, desilusión, al comprobar que se puede muy poco con una economía sin humanidad, las consecuencias están a la vuelta de la esquina.
Sin embargo no todo el tiempo fue así pues:
“Desde los días de San Gregorio Magno, fundador del Estado de Dios, la Iglesia ha considerado su deber conducir de nuevo al hombre a esa soberanía de Dios. El Papa no quiso hacerse con el poder para él mismo, sino que su dictadura, en calidad de representante de Dios en la tierra, no era más que el medio y el camino para alcanzar la salvación final, una forma de transición entre Estado pagano y el reino de los Cielos. El fervor religioso bien entendido nunca puede ser pacifista; y el papa Gregorio quien dijo: “Maldito sea el hombre que contenga su espada ante la sangre”. Ya sabemos que el poder es malo. Pero, para que ese reino llegue, la dicotomía entre el bien y el mal, entre el más allá y el mundo en que vivimos, entre el espíritu y el poder, debe ser eliminada temporalmente en un principio que reúna el ascetismo y el poder”. (Mann, pp.585-586)
La tiranía de una economía tiene que ser combatida con una economía centrada en el hombre, y establecer una dicotomía entre el bien y el mal, entre el más allá y el mundo, el ascetismo y el poder.
Todos hemos podido ver que el gobernante común se siente un semidios que ha bajo del Olimpo, con soluciones mágicas y poco creíbles que en términos generales se les llaman populismo.
Tenemos que encontrar un equilibrio sano y poner las bases para una victoria del hombre sobre el economismo. “Los padres de la Iglesia califican “mío” y “tuyo” de palabras funestas, y la propiedad privada de usurpación y robo. Han condenado la propiedad privada porque, según el derecho natural y divino, la tierra pertenece a todos los hombres, y por consiguiente, produce sus frutos para beneficio general de todos” (Mann, p.582)
Esta sería una opinión tendenciosa que apoyaría el socialismo obviamente, porque está dicha por un personaje que en la novela intenta fundamentar que lo único que salvará la dictadura del proletariado, esa condición de la salvación política y económica tan de moda en la actualidad y que Tomás Mann ya había profetizado desde principios del siglo pasado como tendencia mundial y que al final la historia reciente sobre todo después de 1989, al caer el muro de Berlín resultó ser un fracaso total como sistema ideológico, pero que muchos en la actualidad han hecho de todo para un relanzamiento del comunismo pero ahora bajo el nombre de lo que se ha denominado “Cultura woke” y puedo constatar que está en auge contando con verdaderos pensadores estrella y de gran peso en la sociedad con un plan bastante bien estructurado queriendo tener “una superación del mundo terrenal a través del poder sobre el mundo, el sentido de una transición, de la trascendencia, el sentido del reino de Dios” (Mann, p.583) y por supuesto que hay muchos incautos que han caído en esta forma moderna de secularizar el Reino de Dios.
Nuestra Iglesia actual le está apostando por una ruta de la Doctrina social católica y considero que esto es urgente que tengamos ideas claras sobre el contenido sólido doctrinal porque si no, caeremos en una relectura sesgada o tendenciosa sobre la construcción de la sociedad sin sacrificar los temas torales como: la libertad, la propiedad privada, e incluso, lo más importante: lo religioso.
