30 Jan 2026, Fri

Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ Asalto a la oscuridad

ASALTO A LA OSCURIDAD

Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez

En un mundo donde el relato es amo y señor de lo que existe el silencio, por decir lo menos se vuelve sospechoso, y hemos, incluso afirmado que “el que no habla, otorga”. nada más lejos de la realidad, pues el que no habla simplemente “no dice nada” y esto cambia todo un discurso pues el silencio también es una forma elegante de hablar, pues el lenguaje no siempre puede expresar lo que sentimos y pensamos, es más, jamás el lenguaje estará a la altura de nuestras emociones y sentimientos.

Esto es lo que afirma George Steiner:
Wittgenstein incluye una antítesis a la definición hebraico-helenística del hombre como alguien dotado de imperativo del habla. como alguien “que tiene que hablar para realizar su humanidad. En el Tractatus, el ser verdaderamente “humano”, el hombre o la mujer más abiertos a las exigencias de lo ético y lo espiritual, es aquel que guarda silencio ante lo esencial (o cuya conducta correcta, el precepto que Wittgesnstein adopta de Tolstoi, es su verdadero modo de declaración) la mejor parte de la humanidad dentro de nosotros guarda silencio. (George Steinr, Presencias reales. ¿Hay algo en lo que decimos? DESTINO EDICIONES, Barcelona 2007, p.120).

Y es que efectivamente el habla está sobrevalorada en el concepto de Wittgenstein puesto que es el espíritu el que nos mueve y es imposible encadenarlo en unos símbolos que con frecuencia encadena el habla y el espíritu es libre como el viento, es así como en los grandes discursos, sobre todo en los esenciales la mentira sale a relucir cuando hablamos de lo esencial nos referimos a lo ético y espiritual.

LO ETICO Y LO ESPIRITUAL
Con respecto al primer asunto, -lo ético-, la Ilustración y previamente el nominalismo ha logrado convencer que todo comportamiento moral tiene que estar solo regido por normas, leyes, preceptos, mandamientos y es así, como en la sociedad nos hemos llenado de una legislación que nos aplasta y es, a veces, casi imposible de respirar siquiera para sobrevivir.

Con respecto al segundo aspecto que es lo espiritual, corre la misma suerte, pues el contacto con lo trascendente no hay palabras en nuestro pecho que describa nuestro encuentro con la divinidad y es ahí donde surge el salto a la oscuridad:
ninguna palabra que signifique algo, cada nueva aplicación que hacemos es un salto en la oscuridad; toda intención presente podría ser interpretada de manera que concordara con cualquier cosa que quisiéramos.

Por lo tanto, no puede haber acuerdo ni conflicto. (Steiner, p121). Tal vez es ahí donde nos encontremos atorados en el desenvolvimiento ético de lo que la sociedad se queje tanto, puesto que todo lo queremos expresar con las palabra y plasmarlo en los periódicos, redes sociales, televisión, y así cuando esté en pantalla los sentimientos más nobles de la humanidad, eso que el corazón y solo el corazón entiende el lenguaje de lo más elevado y profundo de nuestro ser, puesto que no se puede narrar, o ver en una imagen nuestra ética y espiritualidad que hasta el ser humano más vil tiene.

“El habla no puede articular las verdades más profundas de la conciencia ni puede transmitir la prueba sensorial y autónoma de la flor, el rayo de luz o el canto del pájaro al amanecer -fue en esta incapacidad donde Mallarme situó la soberanía aurística de la palabra. El lenguaje no solo es incapaz de revelar estas cosas, sino que se esfuerza por hacerlo, por acercarse más allá a ellas, por adulterar y corromper lo que el silencio, lo que las inexpresables y silenciosas visitaciones de la libertad y el misterio del ser (el termino de Yoyce es “epifanía”; el de Walter Benjamín, “aura”) pueden comunicarnos en momentos privilegiados” (Steiner, p.129).

Siguiendo este pensamiento ahora podemos entender que todo lo mejor, lo esencial nunca lo veremos reflejado en palabras, pues cuando podemos describir o llegar a la altura para comprender el canto de un pájaro al amanecer, o el olor de una rosa roja de una amarilla, o los sentimientos más nobles cuando hay un enamoramiento, lo único que queda es callar y contemplar tanta belleza. Porque al hombre solo le queda el silencio ante la belleza que nos rodea y esta es la que nos transforma en seres humanos, aunque hoy estemos tan fascinados con la IA, que toda la ciencia junta sabrá el olor de una flor o apreciar el amanecer, o el canto de un pájaro, ni todos los bites computacionales suplen la retina o el tímpano de un oído ante tanta belleza de la música, por eso, a esto, se le llama, “epifanía”, “aura”. Ante todo, esto dudo que hoy el hombre mismo sea capaz de disfrutan la oscuridad de nuestro mundo sin palabras, por eso el diagnóstico:
“Los usos normales del habla y la escritura en las sociedades occidentales modernas están fatalmente enfermos” (Steiner, p.128) o dicho de otra manera, estamos saturados de discursos de toda índole, políticos, educativos, religiosos, económicos, que después todo resulta ser una mentira, pero mientras el daño ya está hecho, pues todo esto tiene como consecuencia: depresiones, angustias, soledad y suicidios.

En el concepto de Liset Menéndez de la Prida dice que: “No es normal buscar el placer permanentemente; es importante aburrirse, estar tranquilo y dejar que el sistema (neuronal) se relaje y recoloque las cosas sin ese baño permanente de excitantes que no le permiten estar sintonizado en su rango natural y normal” (El País, 9 de diciembre 2025).

¿Hoy quién podría suscribir esto? creo que nadie por eso se habla de una sociedad occidental fatalmente enferma.

‘OH PALABRA… DE LA QUE CAREZCO
La frase es de Schonberg en Moisés y Aarón: “Oh palabra, tu Palabra, de la que carezco” (o “que me está fallando”) (Steiner, p.130)
Reconocer que carecemos de las palabras, no tan solo las adecuadas, sino de las necesarias, Steiner la compara con los dos personajes bíblicos del libro del Éxodo: Aarón y Moisés. El primero ante las palabras de un pueblo idolatra le construye un becerro de oro para adorarlo, en cambio el segundo, Moisés, se encuentra ante un Dios que habla en la zarza:
“El elocuente Aarón puede discursear tan expresivamente sobre Dios y el destino del hombre, este mismo Aarón permite la mentira figurativa y simbólica del becerro de oro y el estrepitoso motín de la falsedad de Israel. Para Moisés, el “torpe de lengua”, no existen palabras con las que articular lo esencial la elección de sufrimiento que es la historia y la presencia efectiva de Dios tal como se le dio a poco de conocer en la tautología salida de la Zarza Ardiente. El fuego, ahí, es la única habla verdadera. El ser humano que dice mentiras. (Steiner, p.130).

¿Cómo articular el sufrimiento en toda la extensión del lenguaje? no hay palabras para expresar verbalmente nuestra realidad interna, nuestros anhelos y esperanzas y solo nos quedaría la Zarza Ardiente en donde podemos dialogar con el “Es lo que es”.

SUEÑOS, LOCURA, POESÍA
No es casual que el psicoanálisis le de tanta importancia a los sueños que a la larga se convierten en metáforas del lenguaje que ante la anchura de la vida se nos presentan cuando dormimos, solo ahí podría verdaderamente diseñarse un proyecto que estaría a la altura de lo que queremos llegar a ser: “Solo los sueños y la locura y, parcialmente, las traducciones de estos “sonidos fundamentales” en arte y poesía grandes evitan este paso” (Steiner, p.126).

Fue precisamente Freud a quien le debemos estas grandes traducciones de lo más íntimo del ser humano, que puede ser calificada de “penetrante, ingeniosa y metafóricamente sugerente que la fe en la demonología y el exorcismo durante los siglos XVI y XVII de la historia europea”. (Steiner, p127).

Así pues, no estemos tan seguros que todo lo que expresamos en todo lo que existe, o todo lo que oigamos en la única realidad, y de ahí basemos nuestras conclusiones sobre el mundo que nos rodea, hay más falsedad que verdad y eso lo intuimos, aunque no lo expresemos. Aún queda esperanza.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *