4 Feb 2026, Wed

JUAN MANUEL MENES LLAGUNO -Tlahuelilpan, Crónica de un desastre -LATITUD MEGALÓPOLIS

Aquello fue lo más cercano a la imagen que Dante imaginó para describir el infierno, personas que corrían envueltas en fuego, en medio de intensos dolores, que metros más adelante caían para no levantarse, otras eran atendidas como se podíaJuancho llegó muy agitado hasta las puertas de la vecindad donde vivía en compañía de su madre. Eran solo ella y él, porque su hermana mayor y otro hermano habían marchado dos años atrás a Estados Unidos, donde trabajaban para una cadena hotelera en labores de limpieza, y aunque mandaban mes tras mes parte del salario que les cubrían, la cantidad era insuficiente para los dos habitantes de la comunidad de San Primitivo, en Tlahuelilpan, Hidalgo, municipio casi conurbado con la ciudad Tula de Allende.“Mamá”, grito Juancho desde el zaguán que daba acceso a la vivienda donde radicaba con su progenitora, una mujer de unos 55 años dedicada por las noches a vender quesadillas y tamales encuerados, muy apreciada por todos los habitantes de aquella vecindad de cuatro pequeñas viviendas “¿Qué quieres?”, le contesto de mala gana, pues se le había hecho tarde para preparar todo lo necesario en el puesto de quesadillas.“Emprésteme unas cubetas, todas las que tenga, se rompió un tubo de Pemex y todo el pueblo está aprovechando la ordeña, es gasolina y ya ve asté que está bien cara y le podemos sacar muncha lana si la vendemos a don Bruno el de la combi que va pal centro”.“‘Chacho del demonio, qué ocurrencias tienes. ¿No ves que ya se me hizo tarde? Van a ser las seis y todavía no termino de preparar la masa, la papa, las salsas y el picadillo”.“No, jefa, ¡olvídelo! Hoy vamos a sacar el doble de lo que asté gana en el puesto”, y diciendo esto el jovenzuelo se metió en una pieza de la vivienda y salió con un altero de cinco o seis cubetas de plástico, cuyo interior limpió con una jerga y salió volando.En aquella localidad todo era ajetreo, gente corriendo unas rumbo a lo que era una especie de géiser de gasolina; otras regresaban con recipientes llenos de olorosa gasolina.Como era horario invierno y el reloj todavía se recorría una hora, había buena luz, pero la tarde estaba por caer. El torrente humano era cada vez mayor, de todas las casas salían hombres y mujeres, niños y ancianos llevando recipientes para recolectar el “oro negro”, la gasolina que escapaba en gran torrente tras el pinchazo fallido que algún grupo delincuencial había intentado poco antes de aquellos hechos.Hacia las 18:00 horas, se presentó en el lugar un piquete de unos 25 soldados del Ejército mexicano perfectamente armados, pero por un lado sintieron la impotencia de enfrentarse a aquella turba ciudadana envalentonada por el número de sus integrantes y, por el otro, decidida a delinquir robando el combustible de la nación; además, se supo que recibieron órdenes de no enfrentarse a la muchedumbre.En un calendario colocado en la carnicería del mercado, estaba marcaba la fecha de aquel fatídico día: 18 de enero de 2019 —ayer se cumplieron siete años— y el reloj marcaba las 18:58, cuando la algarabía del asalto al ducto se detuvo solo unos instantes, el cielo del atardecer se iluminó profusamente con un gran destello amarillo y enseguida la algarabía se transformó en un pandemónium de alaridos.Aquello fue lo más cercano a la imagen que Dante imaginó para describir el infierno, personas que corrían envueltas en fuego, en medio de intensos dolores, que metros más adelante caían para no levantarse, otras eran atendidas como se podía. Aquello fue verdaderamente un infierno que causó la muerte de 137 personas, 69 murieron allí mismo y 68 en diversos hospitales de la región y Ciudad de México. Juancho ya no regresó a ayudar a su madre para montar el puesto de quesadillas y sus amigos de la Preparatoria Universitaria de Tlahuelilpan lo despidieron dos días después en el cementerio municipal.Para la comunidad de San Primitivo la muerte de 137 de sus habitantes fue significativa, si se toma en cuenta que la población total del barrio no llegaba a los 3 mil pobladores y difícilmente podrá encontrarse a una familia de esa comunidad que no sufriera la pérdida de algún ser querido.Quienes vimos las escenas de lo sucedido, grabadas por canales de televisión abierta, pero sobre todo por las lentes de miles de teléfonos celulares, difícilmente podremos borrar de nuestra mente lo sucedido, una y otra vez circularon las imágenes de lo acontecido desde la cinco de la tarde. Hubo desde luego oportunidad de consultar lo sucedido con las autoridades de Pemex, pero jamás llegó una orden para disuadir a la turba que delinquía de manera tumultuaria y en la mayor de las impunidades.Los anales de aquella comarca de profunda historia tolteca, chichimeca y de gran presencia franciscana, inolvidable por haber sido asiento de la famosa hacienda del conde de La Cortina, hoy sede de uno de los campus más importantes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, jamás enfrentó una tragedia como la de aquel 18 de enero de 2019, propiciada por la inacción de las autoridades en turno.La escena inicial de esta nota es una recreación de aquellos sucesos, sazonada con el realismo de decenas de narraciones de lo sucedido.

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