Epístolas Surianas
DE JULIO AYALA CARLOS
- Periodismo y libertad de expresión
HAY QUE DECIRLO. EL PERIODISMO es de hechos, de datos, y de análisis, en el caso de la columna, y no de adjetivos y calificativos. Es de responsabilidad, y de honorabilidad. Nada tiene que ver, también, con la calumnia, la difamación, la denostación, la mentira, y la discriminación que lamentable hoy se usa en diversos medios de comunicación, por quienes, las más de las veces, ni siquiera tienen claro lo que es el periodismo y su compromiso social.
Y no es nuevo, aunque actualmente se ha extendido por quienes confunden la libertad de expresión con el libertinaje, creyendo que el periodismo implica impunidad, e incluso, estar fuera de la ley.
La libertad de expresión y la de imprenta, consagradas en los artículos 6º y 7º de la Carta Magna, no son absolutos, y en consecuencia, tienen sus límites, como el que tu derecho a expresarte termina donde inicia el del otro, u otros. La libertad de expresión, como la de imprenta, hay que decirlo, no te da derecho a señalar, insultar y calificar nada más porque sí.
Éste pues es el problema. Creer que los artículos 6º y 7º te dan poder e impunidad para señalar, aún si es servidor público, sin las pruebas suficientes; es un error, un exceso, pero también violación de la ley. Acusar a cualquiera, dañando su imagen pública, el honor y el de su familia, como ocurre muchas veces, en aras de la libertad de expresión y de imprenta, cuando menos debe revisarse para no caer en los excesos.
Lo anterior, ciertamente, nada tiene que ver con coartar la libertad de expresión. Revisar los conceptos, al amparo de los nuevos tiempos, no sólo es necesario, sino también urgente en favor de todos, ya sean servidores públicos o el ciudadano común que, hay que decirlo, carece de los medios necesarios para defenderse de los excesos de la prensa y de los que se dicen periodistas.
Hay que decirlo. El periodista tiene, por si muchos no lo saben, compromiso social, más allá de su condición social, política, económica y cultural.
Por cierto, a la luz de las redes sociales, por desgracia, se ha dado una explosión de quiénes al amparo de la ley mal entendida, creen ejercer el periodismo cometiendo todo tipo de excesos que en vez de favorecer el derecho de la libertad de expresión, lo convierten en un delito.
Son los que se enojan, los que gritan, patalean y acusan de leyes mordazas, de atentados y violaciones a la libertad de expresión.
Ocurre, hoy por hoy en Iguala, pero también en Acapulco y Chilpancingo, por citar tres ejemplos, en donde hay casos en que se ha confundido la libertad de expresión con el libertinaje, los artículos 6º y 7º con impunidad, y el libre albedrío con señalamientos que no se sostienen.
Por cierto, no son los periodistas quienes lo hacen. Me refiero a los verdaderos periodistas que pese a su empirismo tienen un compromiso bien claro con el ejercicio, junto con los que han egresado de las escuelas de periodismo, sino aquellos que creen serlo por hacer uso de un teléfono, una grabadora, micrófonos y cámaras de video, sin que conozcan algún código de ética o los géneros periodísticos.
Esos son, hay que decirlo, no sólo los que denigran el periodismo y su ejercicio, sino los que protestan cotidianamente con presuntas leyes mordazas. Que no se confunda la crítica con la acusación sin sustento. Llamar a alguien de pendejo, meterse en su vida privada, manchar su honor, o discriminarlo por su origen y forma de ser, nada tiene que ver con el periodismo y los periodistas.
Comentarios: ayala.jc30@gmail.com

