“El hombre es la medida de todas las cosas” (Protágoras siglo V a.C.). Esta frase dicha por Protágoras nos define a la perfección pues juzga que sólo el hombre puede decir lo que está bien o mal, obviamente de manera subjetiva, o sea, sólo permitiré mi bien y yo diré qué está mal según mis intereses.
Ya ha quedado relegado el concepto de religión, palabra que procede del latín religare que significa ´unir´, ´atar´ o ´reunir´ así como también hemos dejado en el olvido la práctica de ceremonias religiosas que se basan en un orden simbólico que nos une al universo y que nos daría cohesión manteniendo a nuestra personas unidas entre sí y esto nos lleva a formar una comunidad.
¿A qué me uno? ¿A qué me ato? ¿Por qué tengo que reunirme? Todo eso me estorba porque yo soy la medida de todas las cosas.
¿Cuál podría ser la génesis de esta mentalidad tan frecuente en el hombre contemporánea? Una posible respuesta nos la proporciona Byung Chul-Han en su más reciente obra, Sobre Dios. Pensar con Simone Weil (Paidós, 2025), donde apunta dos aspectos importantes: El enorme fortalecimiento del yo y la pérdida del silencio. Conviene reflexionar sobre estos dos aspecto y actuar en consecuencia porque son causas imperceptibles no siempre al alcance del poco tiempo que poseemos para ser conscientes de ello.
- EL ENORME FORTALECIMIENTO DEL YO
Puedo entender que este aspecto está al orden del día al observar de manera, a veces incluso enferma, ese retorno a uno mismo, ya no cabe nadie en mi yo ocupado en todo lo que necesito. Y lo observamos de la siguiente manera: “Hay dos tendencias extremas: destruir el yo en provecho del universo o destruir el universo en provecho del yo. El que no ha sabido convertiré en nada corre el riesgo de que llegue un momento en que todas las cosas que son distintas a él dejen de existir”. (Chul-Han, p.44)
El grave problema de la destrucción ecológica es por la sobreexplotación del yo mismo. El dato sociológico comprueba esta tendencia, pues si satisfacemos las necesidades del yo, necesitaríamos por lo menos de tres a siete planetas para satisfacer lo que pensamos que necesitamos.
Lo interesante sería como detener esta vorágine de destrucción y Chul-Han apunta precisamente la contemplación:
“La atención contemplativa es lo contrario de la vigilancia del cazador. No busca ni caza, sino que escucha atentamente y se demora”.
En otras palabras ser consciente de la belleza que nos rodea y que descubramos que podemos coexistir la naturaleza y nosotros mismos sin ser los cazadores que busquen su beneficio.
Estamos acostumbrados pues a devorar:
- “Devorar nos acostumbra a que todo sea inmediatamente alcanzable, disponible calculable y consumible”.
Y lo contrario sería la espera o la paciencia, nos darían acceso a lo indisponible se están desmoronando. La información que se presenta como estímulo fragmenta nuestra atención.
Somos la Sociedad de la adicción.
- LA PÉRDIDA DEL SILENCIO
Para todos en conocido que vivimos en una sociedad del ruido. Nietzsche habría podido decir perfectamente: “El ruido ha matado a Dios”.
“Antiguamente trataba uno de hacerse un buen nombre. Hoy esto ya no es suficiente porque el mercado se ha vuelto demasiado grande, por lo que es necesario hacerse oír a gritos” (Chul-Han, p69), parecería que el que más grita más vale, porque tenemos una sociedad de consumo, el que más gasta saliva más vende el genio ya no se reconoce sin gritos de mercado, sin ronquera. Sin duda corren malos tiempos para el pensador”.
Por eso no nos extrañe que se haya multiplicado la presencia en las redes sociales de cualquier tipo de personas diciendo incoherencias, barbaridades, intuiciones poco reflexivas, tratando temas muy delicados y profundos con palabras incorrectas, o desentrañando el misterio de manera totalmente incorrecta. Y los temas van desde la salud, economía, educación y uno de los temas más delicados: la religión y la espiritualidad. Es ahí donde yo apunto la vigencia y muy necesaria doctrina que encontramos en los dogmas que la Iglesia nos enseña para evitar esa penumbra teológica por lo menos en los temas religiosos. Creo que nadie está ungido de manera egoísta al presentar sus propias opiniones y soluciones, que muchas veces llevan al error, o dicho por lo menos a la confusión.
PARA SALIR DEL LABERINTO
Tal y como hemos podido constatar los aspecto que nos han llevado a esta crisis de la religión está por lo menos en los dos aspectos tratados, hay una trabajo por hacer y redescubrir la presencia de Dios en nuestra vida y así apunta Chul-Han: “Descarga todas tus preocupaciones en Dios, plenamente, incondicionalmente, como lo hacen los lirios y las aves. De este modo te volverás tan incondicionalmente gozoso como ellos, porque ese es el gozo de lo incondicional”. (Chul-Han, p.89)
Descargar las preocupaciones, soltar, dejar ir, implica que no todo está en mis manos aunque quisiera que así fuera. Conviene observar los lirios y las aves, se ve que no les falta nada y son los mejores vestidos y las aves no les falta qué comer.
Sólo el silencio acerca el espíritu a la creación. Esta invitación a la contemplación nos llevaría a ponderar toda nuestra vida y valorar todo lo que nos rodea que veamos que podamos coexistir pues nos necesitamos mutuamente
Hay una crisis del pensamiento y de la poesía. Y se podría solucionar al dedicar más tiempo a la reflexión, la escritura de nuestras experiencia y transmitirlas a los demás, mínimo a nuestros hijos que también tienen que heredar este mundo que también les pertence.

