10 Mar 2026, Tue

CÉSAR GONZÁLEZ GUERRERO XX – Aniversario luctuoso de Cohinta Guerrero Aparicio

Por César González Guerrero.

Para algunas personas fue Ma Cohinta, para otras Coy, otras le llamaban Ita, y otras le llamaban Cuinca, como fuere, así le mostraban su cariño, afecto y aprecio. Para mis hermanas, hermano y un servidor, simplemente, fue nuestra madre.

Su lamentable fallecimiento, ocurrido el 5 de marzo del 2006, en un hospital de la ciudad capital de Chilpancingo, no le permitió llegar a cumplir sus 81 años, precisamente el 25 de marzo de ese fatídico año.

Como la mayoría de las mujeres, esposas de campesinos, su vida fue de sacrificios, esfuerzos y lucha permanente. Al final, su muerte sorpresiva, nos mostró la realidad de la existencia humana: todo tiene un final.

De su vida y obra quizá no sea muy trascendente, pero para nosotros sí lo fue. Tan es así que, desde su infancia hasta la edad de adulta mayor, se dedicó al trabajo, primero apoyando a su madre Petra Guerrero, en las actividades del hogar, después atendiendo un modesto tendajon o changarro, en su domicilio, de igual forma se dedicó a la venta de plátano, casa por casa, caminando por las calles polvorientas del pueblo; disfruto de su juventud en concursos de belleza y de inteligencia, concursando en las llamadas tribuna libre con sus Loas, en las candidaturas de las fiestas patrias.

Posteriormente, ya casada con nuestro padre Santa Cruz González Cortés, auxiliando en el duro trabajo del campo, y cumpliendo con sus funciones de esposa, madre y trabajadora.

Fueron más de 30 años difíciles desde su casamiento el 21 de diciembre de 1951 que, sin duda, los dedico a su esposo y a sus hijos.

Más en los años 1951-1975, que mi padre tuvo la necesidad de enrolarse en el Programa Bracero de los años 1960-1962, trabajando en los campos de EEUU. Por cierto, por más que luchó en la gestión de la devolución de su dinero ahorrado, jamás lo recibió.

A pesar de la situación difícil de una familia con carencias, hizo todo por mantener la responsabilidad de madre y padre, educando a sus hijos en los niveles de educación primaria.

Algunas ocasiones como matancera, vendiendo carne de res y puerco, en la galera que servía como mercado del pueblo, y en otras dedicándose a la siembra y cosecha de los productos del campo.

Con sus pequeños hijos, menores de 10 años, siempre fue acompañada a lavar la ropa en el río de Copala, cargando en la cabeza la batea repleta de ropa sucia, caminando descalza varios kilómetros.

Otras ocasiones se trasladaba a los diversos manantiales o pozos de agua existentes, buscando los mas cercanos a su domicilio.

Como toda mujer de hogar, de aquellos tiempos, su jornada de trabajo iniciaba a las 5 de la mañana con la limpieza, de la casa y barriendo su amplio patio, preparando la cocina, juntando lumbre y “poner” el niscome para el nixtamal, y enseguida “molerlo” en el famoso Molino de mano, utilizando el legendario metate con su respectiva mano, así como el histórico comal, que esperaba, lo suficientemente caliente, una buena cantidad de “memelas gruesas y delgadas”. En la dieta diaria se hizo costumbre, e infaltable, el café, los frijoles y la salsa o chile de molcajete.

Cuando en el periodo 1978-1980 mi padre fue Presidente Municipal de Copala, mi madre promovió eventos como Presidenta del DIF, en todas las comunidades apoyando generosamente a quienes más lo necesitaban.

Se dice fácil todo lo descrito, pero hacerlo diaria y puntualmente, siempre fue un desgaste físico que, a la larga se convirtió en una de las principales causas de su muerte. No solo en su caso, sino también en las mujeres de esos tiempos. Obviamente el tipo de trabajo doméstico, afectó sus pulmones y el cansancio desgastó el corazón.

Al final, el infarto, hizo que su corazón dejara de latir, tal y como, en su momento, el cardiólogo, nos hizo saber con unos 2 años de anticipación.

Aproximadamente, a las 8 de la noche de ese 5 de marzo del 2006, se cumplió lo que jamás se desea.

¡Descanse en paz Cohinta Guerrero Aparicio!

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