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Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ En las entrañas de la sociedad

EN LAS ENTRAÑAS DE LA SOCIEDAD
Por Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez
El concepto Presencia cristiana se enmarca en una consecuencia del problema denominado Cuestión romana en clara alusión a la pérdida de los llamados Estados Pontificios en tiempo del Papa XI que renunció a ejército y marina propios, etc., En cambio aseguró un soporte jurídico-territorial mínimo, con la consistencia de un Estado, para no depender de otro, fue así como nació lo que se llama el mini-Estado Vaticano.
Esto tendrá relevancia principalísima porque así sería posible la presencia cristiana en la sociedad civil, que facilitara la salvación de las almas, aunque se tratara de un problema diferente a la denominada Cuestión romana.
La presencia cristiana dentro de la sociedad tiene fuertes implicaciones, necesarias y esenciales dentro del mundo como las que enumera Julián Herranz en su libro, En las afueras de Jericó. Recuerdos de los años de San Josémaría y Juan Pablo II (RIALP 2007):
“Promover el respeto de la dignidad de la persona, asegurar la unidad e indisolubilidad del matrimonio, defender la vida humana desde su concepción, garantizar la libertad de enseñanza, etc.” (Herranz, p.230)
Estos temas son de importancia en las democracias y que son abordados desde la doctrina social de la Iglesia, sobre todo a partir del pontificado de León XIII, con sus conocidas encíclicas.
La lectura del libro de Julián Herranz me llenó de alegría y como sus demás libros, son un tanque de oxígeno para un mundo que parece que a ratos se acaba el aire para respirar y caer en la desesperanza.
En un mundo como el nuestro que confunde la política con extremismos fundamentalistas alimentados con las necesidades tan básica como comer, las personas se entregan en cuerpo y alma a defender “héroes populistas” carentes de un sentido auténtico de buscadores del bien común.
Es por eso que cobra más valor el concepto de Presencia cristiana porque es un legítimo derecho a asociarnos porque este ejercicio de asociarse también para defender los derechos antes enumerados en orden a la promoción del bien común, frente a las ideas laicista o anticlericales de algunos gobiernos. Para tal fin es importante la creación de universidades católicas, así como asociaciones obreras de orientación cristiana, periódicos.” (Herranz, p.230) y hoy mismo diríamos Redes sociales de clara orientación cristiana.
EN EL CORAZÓN DEL HOMBRE
Hay un nivel mucho más comprometido con la transformación de la sociedad que apoye iniciativas de fuerte penetración social cuya finalidad no es paralelo o contrario a las legítimas iniciativas oficiales sino que en el hombre mismo haya una: “Relación entre el sobrenatural y el orden temporal, que está, no ya en un Estado temporal, político, con fronteras y ejército; ni siquiera solamente o preferentemente en unas instituciones de catolicismo social –partidos políticos, sindicatos, etc.- sino en el mismo corazón del hombre, en la toma de conciencia personal de la responsabilidad apostólica y social del cristiano. Es ahí donde éste armoniza su doble condición de fiel, de célula viva del Cuerpo místico de Cristo, y de ciudadano, de hombre leal a la sociedad civil a la que igualmente pertenece y donde se mueve”. (Herranz, p. 231)
Así pues es en el corazón mismo del hombre en donde se trabaja para despertar esos sentimientos, los más nobles, los más importantes para construir una sociedad que respete lo que verdaderamente haría crecer a la sociedad empezando por el valor de la vida humana en una familia así como la legítima educación que hasta ahora deja mucho que desear pues mientras carezcamos de un verdadero contenido en formación en el niño y el joven, todo quedará reducido a transmitir una ideología que nunca pasara de eso: una ideología.
No hace falta ser contestatario, hasta donde yo percibo la cuestión, sino tomar conciencia de esa formación del corazón donde hunda sus raíces un fuete compromiso humano y cristiano.
TEOLOGÍA DEL LAICADO
Y el impedimento a ojos visto es la mentalidad laicista que quiere borrar todo horizonte trascendente del hombre mismo y por lo tanto hace falta una verdadera teología del laicado que consiste:
“En juntarse cielo y tierra en el alma de un fiel que tiene honda conciencia de su responsabilidad bautismal: vivir contemplativamente en medio del mundo, haciendo presente a Cristo en todas las actividades y realidades humanas a través de la profesión u oficio […] el cristiano quiere contribuir al avance de la ciencia, la investigación, la literatura, la justicia de las leyes, el progreso social, el arte…; es decir de esa parte del saber y de quehacer humano en el que Dios ha querido presente”. (Herranz, p.232)
Ha habido esfuerzos muy notables como el de Yves Congar con su teología del laicado que hay clarificado el papel del laico dentro de la sociedad y la Iglesia y el apostolado de los laicos. Aunque este teólogo que le tengo mucha estima por sus escritos tenía una idea peculiar en su concepto del apostolado laical que evocaba más bien el apostolado de mandato jerárquico, y al parecer la Iglesia en su Magisterio lo entiende de manera diferente:
“Todo forma parte precisamente del propio bautismo y no tanto del mandato jerárquico, pues el bautismo los hace protagonistas de la misión de la Iglesia, así su esfuerzo por mejorar el mundo es un esfuerzo responsable para vivir como los primeros cristianos; es decir, a llevar a Cristo a las entrañas de la sociedad, a todas las personas e instituciones, de forma natural y sencilla: santificándose en las realidades temporales y evangelizándolas con el ejemplo y la palabra. (Herranz, p.248)
Tenemos que reactivar desde lo más profundo de nosotros mismos el avance de la ciencia, la literatura, el progreso social, el arte como bien lo marca Herranz pues la creatividad humana es ilimitada sólo faltaría tomarse las cosas más en serio pero desde la interioridad que es precisamente la que tenemos descuidada: la oración, el dialogo interior en el silencio con el Espíritu pues todavía existe ese resquemor de creer que la ciencia o la razón está en contra de la fe. Lejos de esto hagamos dialogar más la razón (ciencia) con la fe, los frutos estarán garantizados al reactivar la presencia cristiana pues la sociedad merece mejores momentos de progresar.

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