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DOÑA TERESA LAES DE SU FAMILIA ÚLTIMA GENERACIÓN QUE HABLA EL NÁHUATL


Por Abel Miranda Ayala
Doña Teresa Laes es una mujer que vive con gran apego a las tradiciones de su cultura, se dedica a la elaboración de máscaras y otras artesanías que ofrece en venta, es originaria de la comunidad de Chiaucingo municipio de Cualac en la región de la Montaña y se casó en la localidad de Ayahualulco donde ha vivido el último medio siglo.
El hablar la lengua náhuatl en su niñez y juventud fue una frustración, su madre la utilizaba, pero su padre sólo hablaba español y de sus tres hermanos ninguno lo aprendió, de forma que sólo con su madre y algunos vecinos es que podía utilizar su lengua materna.
“Eso me avergonzaba y viví un dilema por mucho tiempo hasta que encontré una convocatoria del gobierno que ofrecía a quienes tuvieran secundaria la posibilidad de convertirse en maestros bilingües, fui a presentar el examen y me dieron una plaza”.
Explicó que con ello comprendió la importancia de mantener viva su lengua materna y durante cinco años dio clases de primaria para niños que hablaban su misma lengua el Náhuatl, sin embargo el gobierno le requirió que estudiara una licenciatura y para entonces ya tenía dos hijos y prefirió dejar su plaza y retomar la actividad de artesana que había dejado.
En la actividad artesanal se han involucrado su esposo y todos sus hijos pese a que todos han estudiando carreras profesionales, “le hemos luchado mucho para poder sacarlos adelante pero se ha cumplido”.
La mujer con mucho pesar reconoció que de su familia será la última hablante de náhuatl, porque de sus hermanos nadie lo aprendió, y de sus hijos sólo el mayor que actualmente tiene 41 años lo entiende pero no lo habla.
Doña Teresa Laes relató que cuando llegaron a Chilpancingo no recuerda que la hayan discriminado o agredido por su condición de indígenas, pero sí por la de comerciante de artesanías ya que el personal de Gobernación la corría de la plaza cívica.
Nos fuimos a poner cerca del mercado por donde están los taxis de Iguala, ahí nos poníamos con mi esposo a vender máscaras, ramos de flores y otras artesanías de totomoxtle (hoja de maíz)”.
Por la tarde su esposo se quedaba cerca del mercado y ella con algunas artesanía caminaba hasta el zócalo “por la tarde sabíamos que los de gobernación ya no hacían recorridos y podíamos vender un rato, dos tres cositas que vendiera ya sumaban con lo que se hubiera vendido en la mañana y así fuimos saliendo adelante”.

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