SURREALISMO POLÍTICO
Escoltas, abatir méritos
MARTÍN MARTÍNEZ OLVERA
Agosto 9/2026
Mientras como escolapios estábamos en las canchas para realizar los lunes de cada semana los honores a la Bandera, se preparaban en la dirección de escuela quienes eran integrantes de las escoltas.
El paso de la Bandera siempre nos llevaba a guardar un orden cívico, que iniciaba desde guardar la compostura, ir perfectamente uniformado, arreglo personal en el corte del cabello en casquete corto para los hombres, mientras las mujeres lucían distintos peinados perfectamente arreglados hasta con listones, así como realizar los honores respectivos que los símbolos patrios demandaban: saber y entonar el Himno Nacional Mexicano, el saludo marcial con la mano derecha a la altura del corazón manteniendo el brazo sin doblar, conocer y realizar el juramento a la bandera.
Pero ese paso de la Bandera llevaba también otro simbolismo, era conocer a quienes su esfuerzo académico se les reconocía con integrar la Escolta. Saber que la o el abanderado representaba el más alto promedio, que era la figura central que sostenía el asta y el símbolo patrio con preparación marcial, y que estaba integrada por un equipo de resguardo que protegía el símbolo patrio en sus flancos y en la retaguardia, con un comandante que marcaba las posiciones a desarrollar y el alto para encabezar los honores, ser saludada con el Himno Nacional Mexicano, escuchar el juramento que hablaba del “legado de nuestros héroes, del símbolo de unidad de nuestros padres y nuestros hermanos” para posteriormente retirarse y dejar un desarrollo de actividades tanto informativas de acciones académicas, la habilidad de una pieza oratoria, la emotividad de una poesía.
La escolta recibía una preparación previa que era brindada por elementos del Ejército Mexicano que daba a conocer el porqué de las formas y capacitaba a la Banda de Guerra en los toques a desarrollar de acuerdo al evento que se requiriera. Hasta se realizaban concurso de Bandas de Guerra hasta de Escoltas que implicaba no solo mostrar la disciplina en una ejecución pulcra de pasos en las posiciones y movimientos y que estar ahí era un reconocimiento a la conducta intachable y a tener y sostener un promedio alto para permanecer en ese grado de reconocimiento y de honor por ser seleccionado para proteger el Lábaro Patrio.
Pero ahora, cuando estamos en una real decadencia del valor de la academia, cuando la historia de la nación se envuelve en los niveles de corrupción, cuando se desdeña el reconocimiento parece que ahora también pierde mérito ser portador de uno de los símbolos patrios más respetados aún.
Ha sido la propia institución de educación pública que debe velar por el reconocimiento al mérito académico, quien determina que tanto el o la abandera, así como las y los integrantes de una escolta, serán rotados para darle oportunidad a todo el alumnado para integrarla.
Con el adiós al reconocimiento al mejor promedio, al esfuerzo y a la disciplina, también se desploma el valor del civismo que aún deambulaba negándose a morir de las aulas escolares.
No será el paso de los mejores promedios, será ahora, quizá, el paso de una nueva estrategia que sepulta el mérito académico para sumirla al colectivo de la mediocridad bajando con ello también el valor del símbolo patrio. Surrealismo?
MARTÍN MARTÍNEZ OLVERA *Escoltas, abatir méritos* SURREALISMO POLÍTICO









