*Fue una mujer liberal, inteligente, de gran carácter y el enlace con políticos que respaldaban la lucha juarista.
Sara Lovera
semMéxico/ El Sol de México
Llamada Margarita Eustaquia Maza Parada, de casada Margarita Maza de Juárez, nació en Oaxaca el 29 de marzo de 1826 y murió en la Ciudad de México el 2 de enero de 1871. Fue esposa del presidente de México, Benito Juárez.
Esta mujer, cuya imagen serena y de ojos vivos y pequeños, ¿fue solamente una esposa? Abnegada y adecuada a la época que le tocó vivir o se trata de una mujer cuyas contribuciones a la defensa de la República son inconmensurables.
De acuerdo con su biografía, fue hija del genovés Antonio Padilla y de la mexicana Petra Parada. Creció en una familia de buena posición económica y obtuvo una refinada educación. Casada, tuvo once hijos con el presidente Juárez —tres hombres y ocho mujeres—, de los cuales tres murieron a temprana edad (dos varones y una mujer).
Margarita Maza y el liberalismo
Lo cierto es que Margarita no ha sido considerada una feminista liberal, y las investigaciones tampoco encuentran testimonios evidentes de diálogo político con alguna otra mujer que no fuera su hija mayor. Sin embargo, presidió una junta de mujeres liberales que se encargaban de reunir fondos para las tropas, los hospitales y para apoyar a las víctimas civiles de la guerra.
Durante las prolongadas luchas que Juárez y los liberales llevaron a cabo para mantener la independencia nacional y fundar un Estado laico, el feminismo mexicano todavía no nacía. Las mujeres aparecían y desaparecían de la escena política como subsidiarias de los hombres de su familia, y ninguna manifestó un rechazo radical a su opresión. Aunque durante la República muchas mujeres se declararon liberales y otras sí solicitaron al gobierno de Juárez el divorcio, y publicaron en el siglo XIX numerosas revistas donde analizaban la condición social femenina.
Cuando doña Margarita Maza murió en la Ciudad de México el 2 de enero de 1871, apenas un año antes que su marido, fue recordada como madre y esposa ejemplar; nadie subrayó otro tipo de dotes políticas. Hoy sabemos que desempeñó actividades diplomáticas en favor de la no intervención, que en Estados Unidos pidió el reconocimiento del gobierno juarista e hizo múltiples gestiones.
Su biografía, así como los recuerdos plasmados en artículos y discursos de los liberales, nos hacen pensar que Margarita Maza fue una liberal capaz de trabajar para sostener a sus correligionarios políticos, aunque ello fue visto y reducido, por la valoración de sus contemporáneos, al hecho de que era la esposa de don Benito Juárez. Tras don Benito, nadie consideró su esfuerzo como una manifestación de su credo personal.
Carácter, exilio y resistencia
Margarita, por su conducta, audacia y capacidad de organizar la vida en México o en el extranjero, en exilio forzado, se mostró como una mujer de carácter sólido. Ningún obstáculo de la vida cotidiana ni las consecuencias de la lucha de su marido la detuvieron en su actuar.
Por el contrario, los testimonios dejan claro que siempre estuvo dispuesta a apoyar las causas liberales. Es definida como una mujer distinguida “por la caridad y ayuda que brindaba a los que tenían menos oportunidades” y, a pesar de sus andanzas, asilos temporales y maternidades sucesivas, siempre apoyó la causa de su esposo, Benito Juárez, con quien contrajo nupcias el 31 de octubre de 1843. El Benemérito era veinte años mayor que ella.
Margarita, como muchas de sus contemporáneas, vivió momentos muy complejos al lado de Juárez. Podemos suponer que solo sus convicciones la sostuvieron. Por ejemplo, cuando su esposo fue desterrado del país por haberle negado resguardo al general y dictador Santa Anna, además de quedarse sola con seis hijos y en espera de dos más, fue perseguida, lo que la obligó a buscar refugio sucesivamente en las haciendas Miguel Castroterrey, Santa Anita, Llalinas, Los Naranjos y Santa Gertrudis.
Con dinero propio envió ayuda a su marido, quien vivió un tiempo en La Habana, Cuba, y después se trasladó a Nueva Orleans, Estados Unidos.
Margarita fue industriosa. En Oaxaca estableció una pequeña tienda en la ciudad de Etla en 1855, cuando Juárez regresó a México tras la victoria compartida con el general Juan N. Álvarez.
Reforma, guerra e invasión francesa
En esa época sorteó los problemas junto al grupo de liberales que acompañaron a Juárez. Los conflictos se agudizaron poco tiempo después de publicadas las Leyes de Reforma, mediante las cuales Juárez limitó el poder de la Iglesia católica, confiscó sus propiedades —entre ellas asilos y hospitales—, exclaustró a monjas y religiosos y separó a la Iglesia del gobierno. El clero decidió entonces pedir ayuda a las potencias europeas.
Así, Francia invadió México por segunda vez. Durante esta invasión francesa, Margarita volvió a separarse de Juárez, pero no lo abandonó. En ese periodo, Margarita y sus hijas organizaron reuniones, obras y pequeños eventos para recaudar fondos y apoyar la causa juarista.
Margarita fue descubierta por el gobierno imperialista de Maximiliano. En esa época organizó su huida hacia Estados Unidos, refugiándose inicialmente en Nueva York y posteriormente ocultándose en Washington D. C., a donde arribó en noviembre. Durante su estancia desarrolló una notable capacidad diplomática, aún hoy poco reconocida, como lo señalan los juicios de Gargallo.
Mientras vivía en Estados Unidos, Margarita enfrentó la muerte de dos de sus tres hijos varones, José y Antonio.
Es en esa etapa cuando escribe constantemente a Juárez y se rescata parte de su pensamiento. Como señalan las historiadoras feministas, nadie puede saber con certeza qué conversaba con Juárez cuando vivían juntos. En una de las cartas rescatadas por Adelina Zendejas, Margarita muestra claramente su capacidad de juicio y escribe, entre otras cosas:
“Mucho me alegro que los franceses se hayan retirado para que ustedes puedan ir a Chihuahua; allí tendrán más recursos. Procura mandar una ordencita para que estos comisionados, Carbajal y Santos Ochoa, se vayan porque son inútiles, y el segundo tan necio… he oído que a todos les ofrecen millones como si fueran centauros. Procura quitarlo de semejante comisión y mandar a una persona que discurra, porque es necesario; hay aquí una percha de mexicanos que dan vergüenza… debemos volver por nuestro honor perdido; manda una persona capaz de algo y no sigas mandando inútiles…”
Margarita Maza como agente político
Evidentemente, Margarita asumía la causa de Juárez por sí misma. Dice Gargallo que, en realidad, doña Margarita fue una mujer que compartió las luchas que permitieron la consolidación de México como nación independiente, rompiendo algunos paradigmas de una época en la que las mujeres tenían un papel tradicionalista y conservador.
El análisis de su correspondencia, de sus sentimientos y de sus acciones evidencia que Margarita Maza no se refirió explícitamente a la igualdad femenina, pero tampoco existen evidencias documentales del intercambio de ideas que sostenía con su marido durante los periodos en que vivía a su lado, como si durante ellos se la tragara la invisibilidad doméstica.
Margarita, que vivía en la Ciudad de México y podía pasear por sus calles y avenidas, libre de las idas y venidas del exilio, satisfecha con los resultados de la lucha de Juárez y acompañada por sus hijos, estaba enferma. En agosto de 1870, los médicos informaron a Juárez que la enfermedad de Margarita era progresiva y mortal.
El 2 de enero de 1871, Margarita recibió los Santos Óleos del cura del templo de San Cosme. Juárez estuvo junto a ella todo el día. Margarita le pidió velar por sus hijas; Juárez le dijo que se pondría bien. Ella le pidió cumplir el deseo de sus hijas de casarse por la Iglesia. A las cuatro de la tarde, Margarita murió con una sonrisa.

