3 Feb 2026, Tue

EL PELIGRO DE TODOS LOS PELIGROS


Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez
Hoy hablamos de la pérdida de los valores espirituales y con ello no tan sólo desaparece la moral, sino también la cultura en el sentido original de la palabra: cultura anima, el cultivo del alma.
Estaremos de acuerdo que según las culturas religiosas desde el judaísmo pasando por el cristianismo el hombre es un ser que debe mejorarse a sí mismo, elevarse por encima de sus instintos y necesidades físicas, pero, parece que todo apunta que las necesidades físicas están en primer y último lugar en los intereses humanos. Y esta mentalidad es tan invasiva que nos han convencido de tal manera que ya no hay espacio para nada más, la agenda está cubierta, escrita o no, de esta necesidades, especialmente la casa, vestido y sustento, por lo tanto el trabajo ocupa el primer lugar para satisfacer todo lo referente a cubrir nuestras necesidades, que, por más que se intente, nunca llegamos a cubrir del todo, siempre hay pendientes y todo urge.
Mención aparte merece poner encima los instintos en donde casi todos permanecemos esclavos de ellos. Los instintos están a flor de piel y hay una reacción inmediata a lo que queremos y sentimos tanto hacia las cosas como a las personas.
En tales casos mencionados sólo hasta que logremos encarnar nuestras aspiraciones espirituales absolutas somos dignos de la vida. Esto incluye:

  1. Vivir la verdad
  2. Hacer lo correcto
  3. Crear belleza
    Sólo en estos actos es el hombre quien debiera ser, sólo entonces libre. Y ante la carencia de estos tres factores humanos hablamos de inhumanidad, por eso hay que ser claros en lo que nos define, aunque es verdad que la ética debate lo que se ha denominado “ética mínima” que sostiene que no todos estamos de acuerdo en qué es la verdad o la misma belleza, pero ante esto respondemos que aunque no nos pongamos de acuerdo en totalidad sobre lo que define nuestros intereses e incluso en el lenguaje utilizado, esto mismo no es impedimento para vivir de manera correcta.
    NADA TIENES SIGNIFICADO
    En palabras del mismísimo Nietzsche quien advierte que el peligro de todos los peligros: que nada tenga significado. Y eso es precisamente la pérdida de los valores espirituales.
    Vaciar de contenido metafísico a las palabras tendría que presentarse como un auténtico reto en nuestros tiempos, puesto que las palabras quedan pero sin un contenido real. Si desaparece el contenido de las palabras nos convertimos en rehenes del mejor postor puesto que:
  4. El conocimiento del bien y del mal: desaparece
  5. La compasión,
  6. La idea de que el amor es más fuerte que la muerte,
  7. Todo el gran arte,
  8. La cortesía,
  9. La conversación,
  10. El aprecio por la calidad y el valor.
    Todos estos aspectos ayudarían a recuperar el ser humano perdido, poner lo que esté de nuestra parte para que todos y cada uno no desaparezca de nuestras prioridades humanas básicas.
    Si me atrevo a escribirlos y enlistarlos es porque en un simple diagnóstico podemos constatar que hemos perdido ese toque humano racional, que las relaciones personales han quedado seriamente comprometidas y todos podemos notar el desgaste que nos producen las relaciones rotas o fragmentadas.
    LÍMITES DEL BIENESTAR
    No quisiera confrontar los valores espirituales de los valores materiales que en síntesis hoy llamamos prosperidad sino alinearlos de tal manera que los podamos desarrollar al unísono, de manera conjunta para lograr objetivos más cordiales.
    El mismo Nietzsche decía que: “El bienestar desarrolla la sensibilidad, se sufre por las cosas más pequeñas; nuestro cuerpo está mejor protegido pero nuestra alma está más enferma. Y así puede decirse que, junto a la ganancia de la vida cómoda y la libertad de pensamiento, han aparecido también la envidia rencorosa, el furor del porvenir, la importancia del presente, la necesidad del lujo y el sufrimiento de la duda y la de la búsqueda”. (citado en Rob RIEMEN, Para combatir esta era. Consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo, TAURUS, Ciudad de México 2029, p.29)
    Me impresiona que esta cita es del año 1886-1887, que no dista mucho del tiempo actual que como una radiografía, o crónica de una suerte anunciada y también me sorprende que poco o nada hacemos al respecto para solucionar nuestros males, precisamente porque hemos vaciado de contenido nuestras palabras, o tal vez, entumecido nuestra conciencia y no nos duelo nada de esto si no muy por el contrario, manejamos este dolor de manera estoica y avanzamos con furor hacia el futuro con las hilachas arrastrando sin conseguir nada seguro.
    Si tenemos un alma enferma a ¿dónde podemos acudir? Aunque estemos rodeados de farmacias en cada esquina, que dicho sea de paso, es otro de los síntomas de una sociedad enferma, observamos los templos cada vez más vacíos y los consultorios psicológicos y psiquiátricos repletos, ¿hacia a dónde vamos?
    Aunque Riemen en su obra, Para combatir esta era no menciona en ningún momento a la religión, si insiste en los valores espirituales como: “Ese conocimiento, de orden moral, algunas vez se halló en Dios, luego en la naturaleza y más tarde en la razón –nuestra propia razón sería capaz de revelarnos el significado de la vida-. Después de perder nuestra fe en Dios, empezamos a creer en el progreso, porque el futuro resolvería todos nuestros problemas. Pero en poco tiempo descubrimos que la fe en la naturaleza no conducía al progreso. Y que la razón, a la que la Ilustración atribuía tanto valor, tampoco podía otorgarnos el progreso. ¡Pero ciencia sí podía!” (Riemen, p.117)
    Y ahí es en donde nos encontramos atrapados. Un laberinto sin salida.

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