SURREALISMO POLÍTICO
Derechos humanos: debilidad institucional
MARTÍN MARTÍNEZ OLVERA
Octubre 4/2026
Cuando en 1990, el entonces Gobernador José Francisco Ruíz Massieu, creo la Comisión Estatal de Defensa de los Derechos Humanos, que se constituía en la primera del país, el hecho llamó la atención por tratarse de una entidad que ha sido marcada por la violencia.
Esa Comisión estaba encabezada por un Presidente y por un colegiado de Consejeras y Consejeros así como por Visitadores y Delegados en las regiones del Estado.
La Comisión recibió respaldo institucional para contar con una sede en el centro de la Capital, pero también un presupuesto para operar.
El trabajo de las y los Visitadores era reconocido, tanto por que constituía una contención por el registro que realizaba de la historia, así como por las recomendaciones que emitía.
Si mantenía contacto con las instituciones establecidas formalmente, pero también mantenía una distancia prudente para ser un garante con credibilidad en la sociedad.
A punto de cumplir 4 décadas la Comisión Estatal de Derechos Humanos está a punto de caer en la inoperancia de los derechos humanos debido a que diversas acciones la han conducido a una debilidad institucional así como un vacío de autoridad.
Esta es una crisis de su organización y labor que ha sido alertado no solo por el Centro de Derechos de la Montaña, Tlachinollan, sino por organismos como la ONU, Organización de las Naciones Unidas que analizan varios factores.
De esta administración que cursa su segundo periodo avalado por el Congreso Local, no se conoce cuando sesiona como Órgano Colegiado, no se conoce quiénes integran el Consejo General, no se sabe si se ha reunido con grupos como las Madres Buscadoras, ni si está atenta al trabajo de la Comisión de Atención a Víctimas de la Violencia.
La titular ha expuesto la confianza de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos al no mantener una distancia prudencia del poder.
Mientras la entidad tiene temas pendientes como la búsqueda de los 43 normalistas desaparecidos, no se conoce algún posicionamiento de solidaridad ni de exigencia de resultados; sobre los desplazados, de sus Visitadores no se conoce si asisten o no a registrar y conocer de las circunstancias que lo provoquen para a su vez, hacer llamados al propio gobierno, en la instancia que corresponda, de atender a las víctimas, como tampoco se conoce el seguimiento a zonas de grupos desplazado interno ni de zonas indígenas ni de la sierra.
A pesar de las cifras de baja en feminicidio que da cuenta el gobierno federal y estatal, la propia Comisión no ha emitido recomendaciones para atender con protocolos adecuados a las niñas y a las mujeres, ni se conoce de casas de refugio ni de atención inmediata y prevalecen las uniones infantiles.
Se mira llegar a la titular acompañando a las autoridades lo que evidentemente paraliza a las víctimas para acudir a esa instancia para denuncia, lo que convierte su presencia en los eventos oficiales, en la faja credibilidad y de resultados hacia esta Comisión.
Esto presenta una desconexión entre el marco jurídico y la realidad operativa que mantiene a las calles con demandas de pagos a las y los adultos mayores, a grupos de buscadores, y a una sociedad con temor, entre otros puntos que muestra que la Comisión está en una crisis.
Los factores sistémicos están mostrando que esta Comisión, con la reelecta Presidenta, en lugar de propiciar un equilibrio social, muestra el resquebrajamiento de la autoridad que representa.
La cercanía al poder no le da fuerza al propio poder, sino debilitamiento y sospecha de que algo cubre mientras mantiene su vacío de autoridad social. El otro riesgo es, el desbordamiento de temas que vulneren más los derechos humanos y que estos rebasen la propia autoridad establecida y le detonen a quien, parece, está protegiendo, al poder. Surrealismo?
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