EL MAL OBSCURO
Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez
Nos queremos referir a una enfermedad muy extendida así como antigua: la acedia.
El teólogo, Amedeo Cencini en su trilogía sobre el estudio de los sentimientos, dedica un excelente libro completo de cómo educar la sensibilidad, su obra se llama, Desde la aurora de busco. Evangelizar la sensibilidad para aprender a discernir, (SAL TERRAE, Santander 2020), y es aquí en esta obra que define lo que entendemos por Acedia: “Significa literalmente “ausencia de dolor y de cuidado”, y por tanto, también de participación y de implicación, en consecuencia un estado interior caracterizado por el descuido, la desgana, la pérdida del gusto por hacer algo, insatisfacción crónica, apatía, desmotivación, desaliento, pereza, somnolencia, melancolía, náusea, repugnancia, tristeza, indolencia, miedo al esfuerzo, vagabundeo de pensamientos e intranquilidad mental y física, asfixia y ahogamiento del alma que condena al hombre a la infelicidad, a la falta absoluta de pasión y entusiasmo, a la tibieza y a la mediocridad general” (Cencini, p.164)
Este diagnóstico muy claro a la vez de muy real define un tipo de persona que por desgracia es cada vez más frecuente encontrar en nuestro entorno sino que muchos define lo que está pasando con nuestra vida.
Cencini dedica todo este libro que hemos mencionado más arriba a que tomemos conciencia que la Sensibilidad es el gran ausente en la educación en el sistema escolar, así como en las instituciones religiosas incluidos los Seminarios y agentes de pastoral.
Y es que efectivamente esta marginación en la tradición educativa a la Sensibilidad se le ve con recelo sino que con sospecha. De lo que se trata es que todo sea plano, rígido, que no se asomen por ningún lado esta mancha en la persona formada en la espiritualidad, “parece que apenas somos sensibles a la formación de la sensibilidad: nada nos expresa y nos diferencia mejor que la sensibilidad, que es, de hecho algo absolutamente único e irrepetible en cada individuo: si no existe ninguna persona insensible (cada uno es sensible a algo y a alguien e insensible a otras cosas y a otros), es igualmente cierto que no existen dos personas con la misma sensibilidad […] la sensibilidad personal nos da más informaciones sobre nosotros mismos que una serie interminable de sesiones psicoanalíticas y test psicológicos” (Cencini, p.18)
La falta de educación en la sensibilidad arrojará este fenómeno de la Acedia puesto que para esto precisamente nos han educado durante mucho tiempo, pero, y aquí está una gran realidad: la sensibilidad tiene que, de alguna u otra manera manifestarse y es por eso que sería como un dique u olla de presión que en algún momento estallará y esta explosión de frustración se llama Acedía, por eso es visto como un mal obscuro.
CONSECUENCIAS DE LA ACEDIA
Las consecuencias singulares y aparentemente extrañas y contradictorias de una Sensibilidad no educada manifestada como acedia están a la vuelta de la esquina: “Cuidado excesivo por la propia salud, falta de control en la alimentación (desde la bulimia a la anorexia), crítica extrema del prójimo (especialmente de quien es virtuoso o está siempre contento), tendencia a proyectar hacia fuera la causa de las propias desdichas y de la propia insatisfacción; activismo descontrolado, debilidad moral y fácil cesión antes las tentaciones, pérdida de tiempo desperdiciado en un uso descontrolado de los sentidos, incapacidad de llevar a término los compromisos (incluso la lectura de un libro) y de ir al fondo de las cosas, curiosidad superficial, verborrea inconcluyente, incapacidad de esfuerzo y dedicación; inestabilidad y tendencia a cambiar sus tareas o a escapar de ellas, temor a la soledad y búsqueda de contactos, relaciones fútiles y superficiales, alimentadas por chismorreos y habladurías” (Cencini, pp.164-165)
Tal vez ahora cobre más sentido esta vida vacía que vemos por todos lados y que ahora entendemos que es fruto de este descuido del esfuerzo personal de hacer algo productivo con nuestros días.
Después de leer detenidamente esta larga lista de consecuencias tangibles lo mínimo que podemos hacer es preocuparnos y en el mejor de los casos buscar soluciones.
EDUCAR LA SENSIBILIDAD
La propuesta de Cencini es educar la sensibilidad y presenta un itinerario paulatino para subsanar la ausencia formativa en los planes de estudio que consiste en el proceso natural de todo ser humano: a). Los sentidos; b). Las sensaciones; c). Las emociones; d). Los sentimientos; y e). Los afectos.
A cada uno de estos elementos les dedica un capítulo completo y es importante destacar que ignorar estos pasos en orden a darles causa a ellos es atrofiar o mínimamente posponer la maduración del ser humano. Para la gran mayoría de nosotros incluso usamos como palabras sinónimas cada una de ellas o las manejamos de manera indistinta en nuestras conversaciones, pero en realidad cada una de ella poseen una profundidad digna de tomar en cuenta y sería como sigue:
a). Los sentidos sería la fuente puesto que todo lo que encontramos en el corazón o en la mente ha pasado previamente por los sentidos (al igual que es natural que lo que hay en el corazón condicionará el uso de los sentidos.
b). Las sensaciones con resonancias físicas puesto que el cuerpo es sabio y tenemos que iniciar un analfabetismo instrapsíquico.
c). Las emociones son la chispa que motiva a todo ser humano y hoy por hoy da mucho que pensar el hecho de que en las llamadas redes sociales pueda expresarse y descargarse la emoción sin ningún control, alcanzando a veces puntos increíbles, por ejemplo, de agresividad verbal, de violencia intimidatoria y de odio declarado. La relación virtual, o mediada por varios instrumentos de comunicación, está mucho más expuesta a las emociones desviadas, en particular a las agresivas.
d). Los sentimientos, son emociones traducidas frecuentemente en acción, que por eso tienen a hacerse cada vez más estables e influyentes.
e). Los afectos que nos hacen sentir dotados de sentido y pasión.
Y es precisamente en los afectos en donde se sitúa la Acedia como una respuesta desproporcionada de sentido y pasión ante la vida. Es por eso que la Acedia es comparada a una casa sin puerta, sin cierre, que deja entrar todo sin ningún control. (Cencini, p.165).
Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ El mal obscuro










