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BALTAZAR JIMÉNEZ ROSALES *¿Y la justicia en el caso de Alejandro Arcos?* AD LIBITUM

Ad Líbitum

*¿Y la justicia en el caso de Alejandro Arcos?

Baltazar Jiménez Rosales

A más de dos años del artero asesinato del ex presidente municipal de Chilpancingo, Alejandro Arcos Catalán, tanto su familia como la misma ciudadanía chilpancingueña sigue en espera de justicia. Simplemente no se conocen avances.
La Fiscalía General del Estado (FGE), que encabeza Zipacná Jesús Torres Ojeda mantiene esta deuda con la sociedad de Chilpancingo, aunque esto no es de extrañarse porque lo único que este organismo sabe hacer es emitir comunicados, es lo único. ¡Pa’ puras vergüenzas!
Sobre este mismo caso, desde semanas antes de que se cumpliera el segundo aniversario luctuoso de Alejandro Arcos Catalán se informó que la estatua que se mandó elaborar en su honor ya estaba terminada, por lo que ya se había solicitado la autorización del Cabildo de Chilpancingo para colocarla en la plaza cívica “Primer Congreso de Anáhuac”.
En este sentido, desde mi punto de vista muy personal, considero, sin afán de entrar en ningún tipo de controversia o discusión, porque al fin de cuentas es mi sentir muy particular, que la estatua de Alejandro Arcos Catalán, no debe colocarse en la plaza cívica. Este lugar debe estar destinado y seguir destinado únicamente para los proceres de la historia de Guerrero y del país.
Únicamente hay que recordar que en la pasada administración municipal, a la entonces presidenta municipal de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández Martínez, no se le permitió colocar la estatua de doña Aurora Meza Andraca en la plaza cívica y tuvo que cambiar su ubicación al andador Zapata.
Además, considero que mi amigo Alejandro Arcos Catalán, a quien le guardo un gran cariño por la amistad con la que me distinguió, debe tener un espacio únicamente para él.
En este sentido, mi propuesta es que su estatua sea colocada en la glorieta ubicada entre la Puerta 2 de la 35 Zona Militar y la bodega de la Coca Cola. Ahí, donde hace más de 12 años estuvo el monumento a la Infantería —era un soldado con su mosquetón— el cual fue tirado apenas días después de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa.
Esta glorieta ya está habilitada e incluso ya tiene el pedestal. Es más, propongo que además de la colocación de la estatua de Alejandro Arcos Catalán en ese lugar, a la glorieta se le denomine como “La Glorieta de la Paz” o algo por el estilo.
Considero que de esta manera se honraría mucho mejor la memoria de mi amigo Alejandro.

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