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Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ Síndrome del fontanero

SÍNDROME DEL FONTANERO
Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez
“La historia de un fontanero. Tenía treinta y cinco años; fue la primera vez que llamaba a uno de estos profesionales como dueño de una casa. Lo que descubrí ese día, cuando lo tuve de pie en la cocina preparándose para ponerse al tajo, fue que no tenía ni idea de cómo hablarle. La experiencia me resultaba tan extraña, sus valores me eran tan desconocidos, tan misterioso su mismo lenguaje, que no logré darle conversación ni por un par de minutos. Catorce años de educación superior y allí estaba yo, envarado, estúpido, pasmado de mi propio pasmo. Podía conversar con personas de otros países, en otros idiomas, pero no sabía qué decirle a un hombre plantado en mi propia casa”.
Esta historia que cuenta William Deresiewicz en su libro El rebaño excelente. Cómo superar las carencias de la educación universitaria de Élite, (RIALP, Madrid 2019, retrata perfectamente el fruto de una educación costosa en las mejores universidades del mundo como es Yale, EE.UU, en dónde los privilegiados invierten fuertes sumas de dinero para adquirir una educación “excelente” pero son incapaces de aterrizar sus conocimientos en las cosas más sencillas y ordinarias de la vida real de la gran mayoría de personas que la vida no les ha concedido nacer en hogares de los millonarios.
El caso parecería ser algo trivial pero en realidad no lo es, porque los grandes dirigentes de casi todos los países de mundo actual han pasado por estas universidades y las consecuencia son catastróficas porque hoy, tenemos dirigentes simplemente indiferentes ante las necesidades básicas de la población, incapaces de conectar con un pueblo que requiere lo básico para su diario vivir, porque los recursos, que por otra parte son públicos, sólo obedecen a los propios intereses del partido o para cubrir su ya ambiciosa vida, despilfarrando los recursos públicos para su tren de vida escandalosa, incapaces de conectar emocionalmente con la gente a la que llaman muchos: “compañeros” o si bien te va te dirán: “Compatriotas”, tal vez porque vivimos en el mismo país pero con diferentes realidades.
AMBICIÓN INDEFINIDA
Deresiewicz habla en su libro de este fenómeno -que ha bautizado como “El síndrome del fontanero”-, como La mediocridad meritoria, ya que es una forma de describir que los grandes cargos que ejercen son meritocráticos, o sea, que los obtienen fruto del influyentismo, nepotismo, amiguismo, por lo tanto el gran mérito para estar al frente de un puesto de autoridad es, ser amigo de los amigos, por eso un país está como está, en el atraso, hundiéndose cada vez más en la pobreza que empieza por no tener lo básico para vivir, incluido el alimento o la salud, para que hablar de la educación y cultura de la cual, la clase dirigente, aparte de indolente es indiferente, porque estamos entre la espada y la pared de esta clase que lo único que les importa es su “ambición indefinida que el sistema cultiva con esmero” (Deresiewicz, p.255) No es necesario aclarar que el autor se refiere al sistema de los Estados Unidos, pero tenemos que pensar que no es exclusivo de este país esas políticas públicas y, ya depende del criterio de cada quien si podemos hacer esta reflexión a otros países infectados con este mal meritocrático.
El análisis de Deresiewic nos invita a pensar que no siempre fue así: “Hubo un tiempo en que soñamos con erradicar la pobreza, ganar la Guerra fría, llegar a la luna, asegurar la justicia racial, crear una sociedad más igualitaria. Ahora ¿qué tenemos? ¿Qué proyecto de alcance nacional estamos persiguiendo? ¿Hablamos siquiera de alguno? Tanta libertad. Tanta riqueza, tanto poder. Tanta sofisticación tecnológica. Pero, al final, ¿con qué fin?” (Deresiewic, p.255)
UN PROBLEMA DE HUMANIDADES
Los ideales los hemos olvidado, hay que darnos cuenta que alguien tiene que recordarles a los grandes dirigentes que sus puestos de poder se los debe al mismo pueblo que prometieron proteger y ayudar. Ningún sistema, incluida la democracia, es perfecto, pero tal y como van las cosas, no se vislumbra luz al final del obscuro túnel de la pobreza.
También hay que ser conscientes que no podemos dudar de la excelencia de la educación de la clase de gobierno, pero les ha ganado más su ambición: “Son brillantes, talentosos, rebosan de energía, sí, pero también son ansiosos, codiciosos, insulsos y reacios a asumir riesgos, carentes de coraje y de visión. Así es nuestra élite de hoy. La meritocracia es también una tecnocracia. Puede resolver los problemas que le pongas por delante, pero no puede decirte sin son los problemas en los que deberíamos estar trabajando” (Deresiewic, p.255)
Y no conocen los problemas por la simple razón de no estar en contacto con la gente en sus problemas reales de gran calado que por lo general son problemas humanos, no todo está enfocado en los problemas económicos sino que estos son provocados por una ambición que no se le ve fin. Los dirigentes: “Han sido entrenados para operar desde dentro del sistema, en ningún caso para imaginar que podemos crear otro mejor. (La clase dirigente) es ajena a cualquier creencia, valor o principio –las cosas sobre las que te enseñan a pensar las humanidades-, porque los que da por sabidos que deja de recordar que existen. Sus miembros están desprovisto de recursos intelectuales que vayan más allá del artículo de opinión que ojearon hoy o el informe que leyeron ayer” (Deresiewic, p.255)
Por lo tanto, desconexión total con la auténtica realidad, si es que fuera válido el término. La realidad por más cruda que parezca, es simplemente eso, la realidad que sólo se ve en el campo, en las calles en los pueblos en las casa, escuelas, y no sólo desde un escritorio: “Es el dominio de los expertos, o, en palabras de Saúl Bellow, el de ´los imbéciles con un CI elevado´, gente a la que le falta ´un entendimiento de mayor alcance´. Necesitamos expertos, no hay duda, pero también necesitamos que no sean los que están al mando”. (Deresiewic, p.255)
SALPICA A TODAS LAS PROFESIONES
No me refiero sólo a ser empáticos que es lo máximo a lo que podemos escuchar en un discurso oficial, sino auténticas acciones que ayuden a salir del atraso en el que cada vez se hace más agudo, profundo, insoportable: “Dondequiera que miremos, daremos con gente en puestos de responsabilidad que abusan de su posición en detrimento de aquellos a quienes comprometen servir. Los médicos se lucran con el dinero que las farmacéuticas les dan para que empujen sus productos incluso cuando hay alternativas más baratas y seguras en el mercado. Los presidentes de las universidades se asignan enormes salarios en un tiempo en que las tasa universitarias no dejan de crecer y los presupuestos de recortarse. Los políticos abandonan sus cargos para forrarse en algún lobby, los ejecutivos roban a sus empresas; los bancos de inversión conspirar contra sus clientes” (Deresiewic, pp.259-269)
Nadie parece darse cuenta de que el liderazgo implica tanto responsabilidad como oportunidad.

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