Tlapa, Guerrero, 21 de octubre de 2026. Entre cohetes y bandas de viento de las comunidades indígenas por la celebración del Señor del Nicho, este miércoles a las tres de la tarde salieron 94 jornaleros y jornaleras de la comunidad nahua de Chiepetepec a los campos agrícolas de Culiacán, Sinaloa, al corte de verduras chinas y chile.



Se fueron 53 hombres y 41 mujeres indígenas a los surcos de verduras chinas. Sus esperanzas están en las empresas agroindustriales, donde los explotan hasta la última gota de vida. También se fueron 21 niños y 17 niñas que no tienen oportunidades para ir a la escuela. Es recurrente en la Montaña la falta de maestras y maestros, sobre todo, la precarización de la vida en las comunidades indígenas. A las niñas y niños se les cortan las alas y se les niega un futuro. La única alternativa son los campos agrícolas.
Miguel es jornalero agrícola, originario de la comunidad nahua de Chiepetepec, del municipio de Tlapa, en la región Montaña de Guerrero. A sus 28 años lleva 13 años trabajando como jornalero en los campos agrícolas del país. Recuerda que cuando cumplió 15 años sus padres lo empezaron a llevar a trabajar.
Este año, como en otras ocasiones, Miguel se preparó para viajar a Sinaloa, donde ya tiene un contrato firmado por siete meses con la empresa Golden Fields en el corte de verduras chinas. El traslado desde Tlapa a la empresa agroindustrial es de 30 a 34 horas. Los gastos de transporte y alimentación los solventa la empresa.
Esta larga travesía empieza desde Chiepetepec, pasan a la casa del jornalero y siguen el camino a los campos. Miguel no va solo, lo acompaña su pequeña familia conformada por su esposa y sus dos pequeñas hijas, quienes tienen las edades de 9 y 2 años. Cuando su familia llega se establecen en un espacio que la empresa les ofrece. Además del hospedaje, tienen acceso a los servicios básicos: atención médica, guardería, educación; un tanque de gas y una estufa para que puedan preparar sus alimentos.
Las extenuantes jornadas de trabajo oscilan entre las 7 y 8 horas diarias. El sueldo que recibe él y su esposa depende de las cajas o las libras de verdura que logren cortar durante el día, y por cada caja les pagan 15 pesos, por las cajas medianas les pagan en 20 pesos y las más grandes suelen pagárselas en 43 pesos. Si el pago es por libras, la empresa sólo les paga tres pesos por libra, por lo que deberán cortar decenas de libras para llegar a un pago suficientemente alto para comer. Mientras Miguel y su esposa trabajan, sus hijas se quedan en la escuela y en la guardería. Regresan a su comunidad para descansar cuatro meses y vuelven a irse a los campos.
Santiago, de 39 años de edad, lleva 17 años como jornalero agrícola, pero va por primera vez al campo Buen Año, en Culiacán, al corte de chile. Tiene un contrato firmado por seis meses de trabajo. La empresa les paga de acuerdo a la cantidad de cajas que logren llenar. El peso de cada una es de 22 kilos y se les paga 27 pesos por caja.
A los jornaleros y jornaleras que les va bien tienen mucha práctica y experiencia para cortar verduras o chile. «Los que trabajan lento casi no sacan, por eso trato de cortar muy rápido para que me rinda más». La vida de los jornaleros es cruda, sobre todo para las niñas y niños a quienes se les truncan los sueños. No importan las fiestas, los terremotos y los huracanes, siempre están en los surcos de la explotación.










