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ATLAMAJALCINGO DEL RIO, CAMINO DE VELAS PARA RECIBIR A FIELES DIFUNTOS

Por Isabel Ortega Morales/ CEPROVYSAS.COM/ SURIANA RADIO
Tlapa de Comonfort, Guerrero., Octubre 27-2026.- Las flores de cempasúchitl desprenden su aroma herbal amargo, intenso y en tanto el crepitar de las velas parece que perciben el aliento imperceptible de la presencia esperada.


Es Atlamajalcingo del rio, una localidad nahua del municipio de Tlapa de Comonfort que dista de la cabecera unos 8 kilómetros cuyo nombre significa “lugar donde se bifurca el rio”, un lugar donde la memoria de las adultas y adultos mayores no alcanzan a encontrar la fecha en que se realiza esta celebración de recibir a los Fieles Difuntos y se remiten a decir que es una tradición que realizaban sus padres y sus abuelos.
Ahí, sentados, están frente a altares donde han colocado fruta, tamales, mole, calabaza en dulce, pan, agua, atole, tablillas de chocolate, chocolate en agua, adornados con flores de cempasúchitl y velas, y siguen la oración de la liturgia que preside el Padre Hugo Pérez y posteriormente se suman al Rosario que dirigen las Rezanderas.
Es una población indígena nahua que se suma año con año a una cita infaltable sobre la calle principal que parte justo en el costado donde pasa el rio y enlaza hacia la capilla de Los Tres Reyes Magos.
Sobre un petate, custodiadas por dos imágenes, de la Dolorosa y del Ánima sola, está un arco construido con otate y adornada con flor de cempasúchitl, en el fondo, una Cruz de madera. Es el puente simbólico que une el espacio del más allá con este presente en una cita anual.
Es el arco por donde su tradición les dice, cruzarán las ánimas e irán a cada altar que les espera en esa calle para que, a media noche, en procesión, sean conducidas a una oración fúnebre de recepción y de ahí partan con sus familiares a sus casas para recibir las ofrendas.
Es la novena del 2 de noviembre, el copal distribuye su aroma a resina y las notas olfativas del cempasúchitl guían a sus Difuntos y se convierte en el puente que siguen con la luz de las velas y se agitan sus almas en el movimiento de esa noche de espera y de encuentro.
La luna de octubre es testiga desde el oscuro cielo de la noche, de esa cita y mueve el canto de las aguas para acompañar el encuentro.
Los chasquidos de las velas hacen volver la mirada de los familiares para decir “ya llegaron” y entonces, en su cosmovisión, emprenderán el camino para llevarlos a la morada que ocuparon en vida para ser atendidos y despedidos el 2 de noviembre en el panteón.
El camino de velas ha cumplido su cometido y encenderán la esperanza hasta el encuentro final.

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