POLVO
Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez
¿Qué es lo que más me hace ser humano? Buena pregunta más que cualquier respuesta, porque el sólo hecho de preguntarme ya es muestra de una inquietud lícita, dejar la inercia, dejar el conformismo cómodo y burgués, y ponerme a buscar lo que me ayude a estar mejor conmigo mismo.
Para la pregunta que nos ocupa se necesita altura de espíritu, así como sensibilidad humana. Y que mejor para poderla responder que Vincent Van Gogh a quien he tenido de leer una selección de sus Cartas a Theo, su hermano y mecenas a quien mucho le costaba vender sus cuadros. Van Gogh era un gran lector y uno de sus autores favoritos era Émile Zola a quien cita fluidamente:
“Yo, artista, quiero vivir la vida al máximo, quiero vivir sin segundas intenciones, ingenuo como un niño, no como un niño, sino como un artista, con buena voluntad, tal como se desarrolla la vida, para que encuentre algo en ella, para que haga lo mejor que pueda en ella” (citado en Vigent van GOGH, Cartas a Theo, GANDHI EDICIONES, CDMX 2025, p.154)
Preámbulo de grandeza es la humildad y la ingenuidad, invertir en nuestra persona, sin buscar segundas intenciones y hoy añadiríamos sin buscar que lo que tenemos nos defina, trabajar con el empeño suficiente que no sea sólo lo económico lo que me defina. Tal vez para eso necesitemos algo de artistas, no referido a un arte en concreto sino referido a nuestro propio diseño humano.
Enseguida denuncia las actitudes contrarias que pensamos que son las importantes:
“Lo absurdo que es una persona que cree que lo que sabe todo y que las cosas son como él piensa, como si no hubiera siempre un jene sais quoi de bien todopoderoso y también un elemento de maldad en todas las cosas de la vida que uno siente como algo infinito por encima de nosotros, infinitamente más grande, más poderoso que nosotros” (Van Gohg, p.154)
Y es que precisamente Van Gogh fue un revolucionario en su arte al pintar la naturaleza misma de la cual siempre quedaba asombrado de su belleza que, aunque poco es sabido, no tenía dinero para comprar sus pinturas y telas que necesitaba y con frecuencia se puede leer en sus Cartas que tenía que ahorrar lo más que podía para tener lo necesario para sus pinturas. No hay carta que le escribe a su hermano Theo que no le pida dinero o describa su penuria económica para poder pagar los cuartos que rentaba o el frío que tenía que padecer por no estar bien equipado su estudio con lo más mínimo indispensable para sobrevivir, podríamos decir que lo curtió su pobreza extrema.
Si nos admiran sus cuadros más nos debería admirar la construcción de su persona que pudo lograr a través de su miseria material, por eso sus lecturas lo fortalecían, ya que vivió -por lo que se puede leer en sus cartas-, solo aunque habla también de una relación con una mujer a la cual sus padres no aprobaban.
“Una persona que no se siente pequeña, que no se da cuenta de que es una mota de polvo, ¡qué error fundamental comete!” (Van Gogh, p.154)
Este era el autoconcepto de Van Gogh, somos una mota de polvo. Y le creo por todo lo que tuvo que pasar hasta llegar a la desesperación.
POLVO
El consuelo de entenderse como una “mota de polvo” ayuda mucho a nuestra vida. Y para profundizar esta palabra me gusta la reflexión de Pablo Boullosa con respecto a las exploraciones del polvo:
“¿De dónde sale el polvo? ¿Cuál es la composición típica del polvo en el lugar donde vivimos? ¿Qué porcentaje de polvo son células muertas que se desprenden de nuestra piel? ¿Cómo son desplazadas nuestras células, es decir, cuál es el proceso mediante el cual nuestro cuerpo produce polvo o se convierte en polvo? ¿Cómo es la microfauna que se alimenta del polvo? ¿Qué tanto se relaciona el polvo de nuestros hogares con la erosión de los suelos, el uso de combustibles y el deterioro del medio ambiente? ¿Qué efectos tiene en nuestra salud el polvo que respiramos? ¿Qué son las partículas suspendidas que se reportan en las mediciones de la contaminación del aire? ¿Qué ocurre con las partículas que miden pocos micrones cuando capturan hidrocarburos no quemados? ¿Qué pasa cuando las respiramos? ¿Cuáles son las partículas tóxicas, los polvos alérgicos, los inertes, los fibrógenos? ¿Cuánto polvo hay en el salón de clases? ¿Cómo podríamos calcularlo? ¿Qué es el polvo estelar y cómo afecta las observaciones astronómicas? ¿Qué relación guarda con los meteoritos y qué tuvo que ver con la formación de nuestro sistema solar? ¿Cuánto polvo cósmico alcanza todos los días la superficie de la tierra? En nuestro cuerpo debe haber unos cuantos átomos que pertenecieron a Sófocles y otros más que coronaban el teocalli de la Gran Tenochtitlán […] ¿Cómo ha sido tratado el polvo en la religión, en los mitos, en la literatura …” (Pablo BOULLOSA, El corazón es un resorte. Metáforas y otras herramientas para mejorar nuestra educación (TAURUS, CDMX 2017, p.251)
Muchas preguntas y al final quedan sin respuesta y todo eso es el polvo, nosotros somos polvo, hay que ser conscientes de ello, sin cortapisas, sin grandilocuencias, sin grandes discusiones las cuales salen sobrando aunque todo mundo diga lo contrario.
Descubrir nuestra realidad es lo que nos llevaría a nuestra grandeza si es que cabe que una mota de polvo lo sea.
Van Gogh nos sentencia: “¿Cuál es tu objetivo, cuál es tu aspiración? Ahora la gente dice: te falta carácter sin tienes objetivo o ninguna aspiración. Mi respuesta: no te dije que no tuviera objetivo, o ninguna aspiración; dije que me parecía indeciblemente mojigato querer obligar a alguien a definir lo que es indefinible” (Van Gogh, p.155)
Mucho bastaría con estas consideraciones para darnos una ubicada en nuestro ser humano, puesto que cada vez nos acercamos al abismo de la intolerancia, por ningún lugar cabemos, o dicho sea de paso cada vez la gente nos soporta menos por nuestras ínfulas de grandeza que no da cabida en este mundo.

