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EDMUNDO CÁZAREZ C. *Hasta siempre, querido amigo y admirado Maestro Mauro Jiménez Lazcano*

-In Memoriam-
HASTA SIEMPRE, QUERIDO AMIGO Y ADMIRADO MAESTRO MAURO JIMÉNEZ LAZCANO.                 

Por Edmundo Cázarez C.

“Cuando un amigo se va, se queda un espacio vacío que no se puede llenar ni con la llegada de otro amigo…”, reza la primera estrofa de la hermosa canción del mismo nombre, creación del prestigiado cantautor, el argentino Alberto Cortez, dada a conocer en el ya muy lejano 1969, como parte del álbum “El Compositor”, Sin lugar a dudas, hermosa melodía que toca las fibras humanas más sensibles, sublime inspiración tras la muerte del padre de Alberto Cortez, a quien consideraba como su mejor amigo.

Por cierto, vale la pena recordar que la palabra amigo proviene del latín amīcus, la cual, se deriva del verbo latín amāre, que significa “amar” Quizás, esta etimología sirva para resaltar la conexión que existe entre la amistad y el amor, pues la base de una genuina amistad se encuentra en el amor y el afecto mutuo.
El verdadero y auténtico amigo, siempre está ahí para escucharnos, para consolarnos en los momentos de tristeza o de cierta dificultad, así como para celebrar nuestros éxitos y alegrías.
Indiscutiblemente, un amigo es esa persona con la que se establece una conexión especial y significativa, basada en comportamientos que enriquecen nuestras vidas, aportando un gran valor emocional y social. Su lealtad y sinceridad nos ayuda a generar confianza que nos permite ser nosotros mismos… ¡y sin miedo a ser juzgados!! Gracias a los amigos, es como aprendemos a crecer, es decir, nos ayudan a ver las cosas desde diferentes perspectivas y hasta nos inspiran para ser mejores personas.
Hay noticias que, de plano, uno no quisiera enterarse, mucho menos, cuando duelen profundamente en el alma, y más aún, cuando se trata de despedir a un muy querido amigo.

Para quien esto escribe, tristemente, 2026 ha sido un año completamente caótico y hasta fatídico en todos los aspectos.

El jueves 2 de abril, Jueves Santo, mi nieto Adriancito sufrió un aparatoso y lamentable accidente a bordo de una motocicleta, sin tener la oportunidad de poder percatarse que en el tope que acababa de pasar, habían “enterrado” varillas con filosas puntas para ponchar llantas de automóviles y motocicletas para asaltar a sus conductores, sufriendo fractura de clavícula y estando a nada de perder la vida.

Posteriormente, el domingo 21 de junio, Dia del Padre, a sus 37 años de edad, fallece mi sobrino Octavio Israel, víctima de un infarto, dejando en la orfandad a una hermosa nena de tan solo 6 años de edad.   
Dice el refrán: “ al perro más flaco se le cargan todas las pulgas”, a partir del lunes 22 de junio y durante casi dos meses, fui objeto de una perversa, malévola y despiadada campaña de desprestigio, orquestada desde Palacio Nacional, por haberme atrevido “ensuciar” el “sagrado” nombre del tutor político de quien, hoy en día, gracias a una herencia política, ocupa la silla presidencial, recibiendo constantes amenazas de muerte y quedarme sin trabajo, haciendo uso de todo el poder del Estado para obligar a medios de comunicación que no me contrataran, y todo, por haber publicado una entrevista realizada hace 25 años, en donde, mi entrevistado, hizo duras y certeras críticas al peor presidente de la República que hayamos tenido en toda la historia de este bendito país.

Por si fuera poco, el domingo 26 de julio, en la ciudad de Morelia, también, víctima de un infarto, fallece mi amada hermana Anita, que Dios la tenga en su Santa Gloria.

Y como decía Raúl Velasco, prestigiado conductor y director de aquel famoso programa de televisión Siempre en Domingo… “Aún hay más”, como si se tratara de una estocada final, el pasado miércoles de septiembre, a las 13:30 horas, fallece mi muy querido amigo, jefe y Maestro, licenciado en economía y destacado periodista Don Mauro Jiménez Lazcano, maestro de muchas generaciones de periodistas y comunicólogos, quien se desempeñara exitosamente, como uno de los mejores voceros presidenciales durante la administración de Luis Echeverria Álvarez (1970 -1976), dejando una huella imborrable.

Don Mauro Jiménez Lazcano sabía perfectamente que detrás de cada político al que le servía como director de prensa o vocero, existía una interesante historia humana, acatando religiosamente su enorme responsabilidad periodística que tenía que ejercer con absoluta discreción, seriedad, lealtad y profesionalismo.

Quienes tuvimos la fortuna y privilegio de conocer a Mauro Jiménez Lazcano, estamos completamente convencidos que detrás de ese férreo profesionalismo, existía un extraordinario ser humano, generoso, amable, educado, quien sabia escuchar y hasta se daba el lujo de compartir infinidad de experiencias y anécdotas vividas a lo largo de su quehacer periodístico.

A lo Mero Macho, sentado frente a mi computadora, me resulta sumamente difícil y hasta complicado ponerme a escribir estas líneas, debo confesar que me cuesta mucho trabajo encontrar las palabras adecuadas para rendir un humilde reconocimiento y homenaje al extraordinario ser humano que tuvo la paciencia de enseñarme el apasionante mundo del periodismo y relaciones humanas.

No puedo negar que el nudo que siento en la garganta y las lágrimas que ruedan por mis mejillas, salpican el teclado de mi computadora, vamos, hasta me parecen insuficientes las ideas que me llegan a la mente para expresar todo lo quiero decir y me nace desde lo más profundo de mi chaparro corazón.

A Mauro Jiménez Lazcano lo conocí allá por 1975, siendo un adolescente, a la edad de 16 años, precisamente, cuando decidí participar en aquel histórico programa de televisión El Gran Premio de los $ 64,000 pesos, que conducía magistralmente don Pedro Ferriz Santacruz, con el tema “Vida, Obra y trayectoria política del presidente de la República”

Recuerdo perfectamente que Mauro Jiménez Lazcano, a sus 33 años de edad, era el director general de Información y Relaciones Públicas de la Presidencia de la República, el vocero presidencial más joven de aquella época, dependiendo directamente del presidente Echeverría. En un noble gesto de generosidad hacia mi persona, siendo casi un niño de 16 años, Mauro no dudó arroparme en su casa, de esta manera, tuve la dicha y la fortuna de conocer a sus dos pequeñitos hijos, Gabriel y David, que, en ese entonces, si no me equivoco, tendrían entre 5 y 8 años de edad, respectivamente, quienes me brindaron su amistad, además, teniendo la dicha de convivir de cerca de ellos, pues era el invitado “huésped” en su casa.

Como olvidar aquellas fantásticas tardes en que, en compañía de su papá, el licenciado Mauro Jiménez, salíamos a un pequeño parque cercano a su casa en Villa Coapa, para jugar beisbol y canicas. De regreso a su hogar, su gentil mamá, la profesora Margarita Romero Luelmo -QEPD-, nos preparaba unas deliciosas quesadillas con jamón.       

Jiménez Lazcano era un hombre lleno de energía para afrontar las maratónicas y extenuantes jornadas laborales que realizaba día con día Luis Echeverría. ¡El licenciado Mauro no podía tirar la toalla!!, se había ganado a pulso la confianza del hombre que manejaba los destinos del país durante el sexenio de 1970 a 1976.

Durante ocho largos meses y desde la precaria visión de un adolescente provinciano, pude percatarme cómo se manejaban las cosas desde lo que era la sede del poder presidencial: La Residencia Oficial de Los Pinos, algo así como la Casa Blanca, pero a la mexicana. La cosa por más sencilla que expresara el “señor presidente”, era una orden que tenía que cumplir inmediatamente.

Quizás, en este fatídico 2026, de incertidumbre nacional, exista el mismo sometimiento presidencial que se aplicaba en la época en que gobernaba Luis Echeverría, pero con la única diferencia, que, antes, existían personas jóvenes sumamente preparadas en la toma de decisiones, que, quiérase o no, permitieron un verdadero avance y desarrollo nacional, cosa que dista muchísimo en la forma de cómo ejercen el poder desde Palacio Nacional, con una 4T que gobierna visceralmente a base de caprichos y ocurrencias, pero, sobre todo, destruyendo absolutamente todo lo que se había construido y retrocediendo a ciegas.

Durante el tiempo de preparación para participar en el Gran Premio de los $ 64,000 pesos, todos los días aprendía algo nuevo. Tuve la fortuna de ser testigo presencial del trato afable y respetuoso que se brindaba desde la Residencia Oficial de Los Pinos, a cada uno de los reporteros que cubrían la “fuente” de presidencia y no como sucede hoy en día, que, desde Palacio Nacional, son obligados asistir a las inútiles “mañaneras” con la única finalidad de que, quien ostenta el cargo de Jefa del Ejecutivo Federal, se dedica a denostar, agredir y hasta destruir a todo aquel periodista, empresario, intelectual o líder de opinión que se atreva criticar al actual gobierno, y peor aún, que empañe la sacrosanta imagen de su tutor político que le heredó el poder y que permanece escondido en su búnker de Palenque.

Como un simple reportero, no soy nadie para defender el gobierno de Luis Echeverría, porque a final de cuentas, en esa época, casi era un niño de 16 años de edad, pero si, como lo señalaba, me tocó la fortuna de ser testigo de cómo, en el Salón Presidentes, que estaba ubicado en la planta baja de Los Pinos, se atendía con esmero y respeto a cada uno de los reporteros, facilitándoles toda la información que solicitaban para llevar a cabo su cotidiana actividad periodística.

Recuerdo haber visto al entonces mucho muy joven e inquieto reportero Joaquín López Dóriga, así como a Pedro Talavera, entre otros muchos más, ofreciendo una disculpa por no recordar los nombres de aquella pléyade de reporteros, la verdad, quien esto escribe, estaba mucho muy chavito.

Lo que sí recuerdo perfectamente, era que el licenciado Mauro Jiménez Lazcano, todos los días, incluyendo sábados y domingos, llegaba casi de madrugada al Salón Presidentes para conversar con cada uno de los reporteros, haciendo gala de su memorable frase “Como cosa tuya” Su misión y delicada responsabilidad, era la de ser un verdadero vocero presidencial, es decir, le planteaba “sugerencias” a los reporteros, para que le preguntaran tal o determinado tema al presidente, sin que ello significara que estuviera sometiendo al reportero, sino que lo hacía para que la entrevista tuviera una óptima productividad, y así, cada reportero sacara “nota” Por cierto, frente al Salón Presidentes, existía un confortable comedor del Estado Mayor Presidencial, en donde se brindaban alimentos, café y refrescos a cada uno de los reporteros sin ningún costo. Era un trato digno y humano.

La oficina del director general de Información y Relaciones Públicas del sexenio de Luis Echeverría, estaba en la parte alta, junto a la oficina del jefe del Estado Mayor Presidencial, el general de división Jesús Castañeda Gutiérrez. La secretaria particular de Mauro Jiménez Lazcano era la atractiva e inteligente Cristina Gallardo, auxiliada por el ingeniero Lamberto Martínez y el abogado Ulises Olguín, mientras que la atención a los reporteros corría a cargo de Luis Humberto Valdivia, sin lugar a dudas, era un extraordinario equipo de trabajo.

Otra de las cosas que jamás podré olvidar, fueron esos intrépidos y arriesgados viajes a bordo del avión destinado para uso exclusivo de los reporteros de la “fuete” de presidencia, el famosísimo Francisco Zarco, mejor conocido como el “Pancho Fayucas” Tantas historias quedaron petrificadas en sus pasillos y asientos, mudos testigos de un sinfín de anécdotas, pero, también, de aquellos benditos sobres o “chayos”, que se les entregaba a cada uno de los reporteros como un sencillo estímulo a su actividad periodística. A mis escasos 16 años de edad, yo no lo percibía como un “soborno”, mucho menos, como un delito, sino como un apoyo económico para el reportero que sudaba la gota gorda para cumplir con su responsabilidad de informar, era “alivianar” un poco su precaria situación económica debido a los paupérrimos sueldos que recibían en sus medios… ¡y que siguen recibiendo!!

Recuerdo que un domingo, el presidente Echeverria me invitó a desayunar con él y su familia, ahí en Los Pinos. Eran las 8:30 de la mañana, como era su costumbre, Mauro Jiménez Lazcano llegaba presuroso para entregarle a su jefe, una síntesis informativa, todo sorprendido, al verme sentado junto al presidente, me pregunta… ¿Edmundo, qué demonios haces aquí?, a lo que el presidente le refuta de inmediato… “Mauro, yo invité a Edmundo a desayunar con nosotros, así es que déjame por favor ahí la información y déjanos desayunar tranquilos…” Al escuchar aquello, me quedé estupefacto, no podía creer que don Mauro Jiménez Lazcano obedecía al pie de la letra las ordenes de su jefe y se tenía que “cuadrar”, ante la presencia de un simple adolescente.

Al concluir el sexenio de Luis Echeverría, Mauro Jiménez Lazcano, junto con otros destacados economistas de carrera, como Carlos Leal Melgar, Jesús Muñoz Domínguez, Agustín Landa y Gregorio Rocha, entre otros más, montaron el despacho “Asesoría Económica, S.C., que estaba ubicado en avenida Insurgentes Sur número 58 – 4º. Piso, en la colonia Cuauhtémoc.

Asimismo, fiel a su inquebrantable actividad periodística, pues hay que recordar que Mauro se formó en las filas del periódico El Mexicano. Posteriormente, ingresa al periódico La Prensa, bajo las órdenes de Manuel Buendía, siendo el director general del diario don Mario Santaella, teniendo de compañeros a Fausto Zapata Loredo, Félix Fuentes, Jorge Herrera Valenzuela y Manuel Arvizu, entre otros más. Precisamente, gracias al apoyo de aquellos famosos y populares libros que editaba La Prensa, Mauro Jiménez Lazcano y Jorge Herrera Valenzuela publicaron un interesante libro sobre todos los detalles sobre el asesinato de Robert Kennedy, hermano del expresidente John F Kennedy, asesinado el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas.

Durante el gobierno de José López Portillo, Mauro Jiménez Lazcano tuvo la brillante idea de fundar y editar la revista Económica. Gracias a sus sabios consejos y enseñanzas, tuve el honor de publicar dentro de la revista Económica, una serie de entrevistas exclusivas con muy diversas personalidades, tales como Mario Moreno “Cantinflas”, Alberto Cortez, José María Napoleón, el expresidente Miguel Alemán Valdez, Luis Miguel, Juan Gabriel, Manolo Fábregas, entre otras muchas más, siempre, recibiendo su total apoyo y respaldo, cosa que siempre le estaré mucho muy agradecido.

El 1 de diciembre de 1982, el licenciado Mauro Jiménez Lazcano, se vio obligado a suspender por tiempo indefinido, su brillante actividad periodística como director general de la ya exitosa revista Económica, al recibir una invitación personal del entonces presidente electo Miguel de la Madrid Hurtado, para convertirse como director general de Información de la Secretaría de Gobernación, al lado de Manuel Bartlett Diaz.

Habían pasado tan solo seis años en que Mauro Jiménez Lazcano había dejado, momentáneamente el manejo de la comunicación gubernamental, cuando le llega otra valiosa oportunidad, pero, ahora, en un plano totalmente diferente y hasta muchísimo más difícil, porque como vocero presidencial de Miguel de la Madrid, estaba el publirrelacionista Manuel Alonso Muñoz, que odiaba a Jiménez Lazcano con odio jarocho y no dudó en ponerle “piedras en el camino”, hasta que logró convencer a Miguel de la Madrid que lo destituyeran del cargo. Estando como responsable del área de comunicación de la Secretaría de Gobernación, a Mauro Jiménez le tocó “bailar con la más fea”, es decir, primero, tuvo que afrontar el problema de poco más de 66,000 refugiados guatemaltecos en nuestro país y coordinarse con la Comisión de Ayuda a Refugiados -COMAR-, un muy delicado problema que estaba en la lupa a nivel internacional.

Posteriormente, el cobarde asesinato del periodista Manuel Buendía, ocurrido el 30 de mayo de 1984, curiosamente, afuera de las oficinas en donde Mauro había fundado la revista Económica, pero, también, estaba el despacho del valiente periodista de Excélsior, quizás, ese cobarde crimen afectó significativamente, para que Mauro Jiménez al frente de la dirección general de información de la SEGOB, sin que ello lo implicara, de alguna manera, en el cobarde crimen de Buendía.

Como “premio de consolación”, Manuel Bartlett designa a Mauro Jiménez como director general de la compañía Continental de Películas, la distribuidora oficial de películas del estado mexicano, teniendo como sede laboral los emblemáticos Estudios Churubusco, en donde, por cierto, logró hacer una perfecta mancuerna con Marco Julio Linares, uno de los mejores directores que haya tenido los Estudios Churubusco.

Actuando con entera disciplina y lealtad, Mauro Jiménez logró anotarse varios éxitos en la promoción y distribución de películas tales como Los Motivos de Luz, cuyo estreno mundial llamó la atención por las estupendas caracterizaciones de Patricia Reyes Espíndola y Delia Casanova, con una magnifica dirección de Felipe Cazals. Asimismo, el estreno del espectacular film Napoleón Bonaparte de Francis Ford Coppola, entre otras muchas más.

ZAPATERO… ¡A TUS ZAPATOS!!
Al concluir el gobierno de Miguel de la Madrid, Mauro Jiménez opta por regresar por sus fueros como director de la revista Macro Economía, inquebrantable actividad periodística que solamente la muerte le obligó cancelar de manera definitiva, pues a tan solo un mes de su ausencia física de este mundo terrenal, dejó de ejercerla estoicamente.

Mauro Jiménez siempre fue fiel a sus amigos. Con enorme gratitud, recuerdo que el 7 de agosto del año pasado, aceptó acompañarme en la presentación mi primer libro A lo Mero Macho, Entrevisto… Luego Existo, emotivo evento realizado en la biblioteca de Fundación Miguel Alemán, quien al hacer uso de la palabra expresó: “Me siento muy orgulloso de conocer a Edmundo Cázarez, casi siendo un niño, en quien reconozco el valor que deposita en su ejercicio periodístico y vencer los obstáculos que le ha tocado enfrentar. Me llena de orgullo ser partícipe de la presentación de este fabuloso libro, porque es imposible aplacar el periodismo. Que se entienda bien claro, el periodismo no puede ser sometido y la libertad de expresión no puede ser destruida”, concluyó… ¡Qué honor!!

Mi muy querido amigo y maestro don Mauro Jiménez Lazcano, te voy a extrañar mucho, dejas una enorme huella por tu profesionalismo, por tu verticalidad, por tu amor al periodismo, pero, sobre todo, por tu enorme calidad humana que siempre te caracterizó y distinguió y por ser un gran amigo. Un millón de gracias por tus sabios consejos y el valor de tu amistad incondicional. Aunque me cansé de pedirte una entrevista exclusiva y hacerte un humilde homenaje, siempre me decías… ¡Ni madres, a mí, jamás me vas a entrevistar, porque he visto que muchos de los personajes que lograste entrevistar… ¡ya se han muerto!! Así es que, a mí… ¡todavía no se me pega la gana morir!!

Descanse en Paz el siempre querido y admirado don Mauro Jiménez Lazcano.

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