Cartilla para coordinadores electorales remisos(y para algún no invitado que insiste en pasar lista)
Misael Habana de los Santos
Decía el historiador Harim B. Gutiérrez que resulta aventurado afirmar que México nunca había estado contra la pared. La historia, nos recuerda, se escribe con documentos y también con memoria. Y la memoria nacional está llena de derrotas, invasiones, pérdidas territoriales y crisis monumentales de las que este país, para bien o para mal, ha salido caminando, rengueando, pero caminando.
Por eso, ahora que Guerrero produce coordinadores electorales con la misma generosidad con que la Costa Chica produce chilenas y devociones religiosas, acaso convenga redactar una pequeña cartilla cívica para los aspirantes oficiales y para alguno que otro que, sin estar invitado a la fiesta, continúa preguntando con admirable perseverancia: “¿Y si sí?”.
Primera lección. La soberanía nacional no se grita: se ejerce.
No basta envolverse en la bandera cuando Donald Trump amanece de mal humor. La soberanía comienza gobernando con dignidad en la propia casa y respetando al pueblo que dice representarse.
Segunda lección. Recordad a Manuel de la Peña y Peña.
México perdió la mitad de su territorio y sobrevivió. Hemos conocido momentos más oscuros y más dolorosos. Conviene leer historia antes de declarar inéditas las desgracias del presente.
Tercera lección. No confundáis patria con patrimonio.
El presupuesto público no es una herencia familiar ni la administración estatal una empresa de linaje. La nación pertenece a todos; los apellidos, por ilustres que sean, pertenecen únicamente a sus portadores.
Cuarta lección. La transformación empieza derrotando al pequeño cacique interior.
Porque todos los políticos, incluso los más revolucionarios, llevan dentro un estilita dispuesto a subirse a una columna para contemplar al pueblo desde las alturas y convencerse de que el aplauso equivale a la eternidad.
Quinta lección. La soberanía también se habla en mixteco, náhuatl, amuzgo y afromestizo.
Se construye en las comunidades que siguen esperando caminos, hospitales, maestros y justicia, mucho después de que las campañas electorales recogen sus lonas y sus promesas.
Sexta lección. El adversario no siempre está enfrente.
A veces habita en la soberbia, en el amiguismo, en la simulación o en la certeza de que una encuesta concede derechos casi monárquicos sobre el futuro de los demás.
Séptima lección. No tengáis demasiada prisa por servir a Guerrero.
La experiencia histórica demuestra que quienes corren desesperadamente hacia el poder suelen olvidar el motivo inicial del viaje. El mar de Acapulco, como la historia, devuelve tarde o temprano todo lo que se le arroja.
Octava lección. Con Estados Unidos, cabeza fría y memoria larga.
Ni entreguismo vergonzante ni nacionalismo de mariachi. Juárez, Cárdenas y López Mateos entendieron que la dignidad nacional consiste, muchas veces, en negociar sin perder el alma.
Novena lección. Escuchad al pueblo fuera de temporada.
Porque las multitudes son efímeras, pero la pobreza, la violencia y el abandono administrativo permanecen. El pueblo no es escenografía para fotografías ni utilería para transmisiones en vivo.
Décima y última lección. Para el coordinador no invitado que aún pregunta “¿Y si sí?”
La política, como la fiesta brava, enseña una verdad elemental: existe un momento en que la mayor demostración de fuerza consiste en abandonar el ruedo con dignidad, permitiendo que otros tiempos y otros protagonistas escriban la siguiente faena.
Y si la soberanía nacional significa algo, quizá sea precisamente eso: comprender que ninguna persona, ningún apellido y ningún grupo político son más grandes que la República ni más duraderos que la voluntad cambiante de su pueblo
MISAEL HABANA DE LOS SANTOS *Cartilla para coordinadores electorales remisos (y para algún no invitado que insiste en pasar lista)* ACAPULKO TROPIKAL










