Padre Jorge Amando Vázquez Rodríguez
Si pudiéramos hacer un mapa de la complejidad del mundo en la actualidad podemos recurrir sin lugar a dudas a la académica Adela Cortina en su excelente libro, ¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? El ecplipse de la razón comunicativa en una sociedad tecnologizada, (PAIDÓS, Valencia 2024) y esto por su amplia experiencia en los temas actuales de ética, pues, es precisamente la ética la gran perdedora tal y como se viene planteando el tema la Inteligencia Artificial.
En este sentido conviene tener en cuenta estos nueve aspectos para orientarnos sobre este tema de la IA y sus implicaciones éticas:
- En el momento presente y por un tiempo, el problema de la brecha digital no hace sino ensancharse con cada innovación. La mayor parte de la población mundial carece de computadoras y los centros educativos no tienen interne, con lo cual en principio el uso de la IA en la educación aumentó las desigualdades. Se propone construir centros educativos inteligentes.
- La dificultad de proteger la privacidad de los escolares, de sus familias y del profesorado, porque los datos necesarios para estos programa pueden utilizarse para otros fines distintos de los educativos. Mantener un equilibrio entre el acceso abierto a los datos y la protección a la privacidad. Entre la propiedad privada y la privacidad de los datos y su disponibilidad para el bien público. Leyes de protección de los datos.
- Los sesgos en los algoritmos a partir de los que se tomas decisiones no garantizan una educación inclusiva y de calidad para todos, ni tampoco una selección adecuada del profesorado. Hoy se habla de Armas de destrucción matemática.
- En cuanto a los contenidos, la IA puede acentuar los sesos de inequidad educativa, porque los datos para elaborar los algoritmos se extraen de determinadas poblaciones, pero los resultados se aplican también a otras, que tiene unas características diferentes. Justamente, este punto de los sesgos es una de las grandes limitaciones de la IA, que pueden llevar a auténticas disfunciones.
- Existe el riesgo de creer que los programas pueden sustituir la tarea presencial de maestros y profesores y optar por una teleeducación que lleve a desentenderse de la relación maestro-alumno y a dejarlo todo en manos de los sistemas inteligentes. Éste es un error porque la relación personal es insustituible, y los programas virtuales han de ser complementarios con la tarea del docente.
Reducir el número de docentes sería un gran daño para la educación, una mecanización inhumana de la docencia. Humanizar la docencia es esencial. - Los programas de IA pueden presentarse de forma autónoma, de modo que se ignora cómo han llegado a gestarse y cómo se llega a unas conclusiones y otras. La trazabilidad se hace necesaria, pero no siempre es accesible.
- Los riesgos de plagio obligan a replantear los métodos de evaluación, pero también obligan a revisar puntos centrales de la ética de la investigación científica, que ha incidido tradicionalmente en la condena de plagio como una de las actuaciones inaceptables.
- Es tarea de la escuela enseñar a los alumnos a captar la desinformación, los deepfakes, la manipulación la propaganda, a valorar qué transmiten como información y sus consecuencias para la sociedad, a evaluar críticamente los sesgos.
- La pérdida de puestos de trabajo es inevitable. Lo cual representa un gran problema de justicia, que debería ser una preocupación universal, hasta provocar ya un cambio de época.
Por supuesto, es necesario educar en competencias digitales para que puedan incorporarse a los puestos de trabajo el mayor número de personas posible.
Pero, aun así, la IA se ha convertido en una fuerza productiva que sustituirá fuerza de trabajo humana y por eso urge plantear a fondo cómo organizar el mercado laboral y el conjunto de la estructura social. Es preciso sacar a la luz la gran cantidad de trabajos que sólo podrán estar en manos de seres humanos, como son los que requieren una especial sensibilidad.
LA AUTONOMÍA PERSONAL Y LA CAPACIDAD CRÍTICA EN PELIGRO
Ante todo esto lo que está en juego en parte de la esencia humana que nos define como lo es la pérdida del criterio y juicio. Y tenemos que tomar en cuenta que contar con nuevos instrumentos, éstos deben servir para formar una ciudadanía capaz de utilizarlos para tomar conciencia de la estructura del mundo en que vive y de posicionarse ante ella desde unos valores éticos democráticos.
Una ciudadanía preparada para conocer el mundo y comprenderlo, no sólo para tener información sobre él.
Una ciudadanía pertrechada de la capacidad crítica necesaria para decidir si acepta ese mundo tal como es o si quiere construir el futuro para que no se lo roben, desde unos valores como la autonomía, la justicia y la compasión.
INFLUENCIA DESDE LAS PLATAFORMAS Y REDES SOCIALES
Y como la estructura de nuestra sociedad y de cualquier proyecto está marcada por las plataformas y las redes sociales, es a esa estructura a la que hemos de remitirnos para saber si es posible en ella ejercer la autonomía personal o si nos obligan a la heteronomía.
Es verdad que las redes sociales nacieron con la promesa de potenciar la autonomía y la democracia. A través de ellas cualquier persona puede producir información, publicar su opinión a través de blogs, o tuits, consumir información de manera rápida, instantánea, barata, gratuita, seleccionar a qué personajes influyentes y prescriptores quiere seguir, en qué comunidad se inscribe. Bien utilizadas, las redes sociales son un excelente canal para la libre expresión de la ciudadanía y han permitido el acceso a todos. Es indudable que el progreso en la conectividad puede ampliar la libertad al aumentar la información y la expresión de las opiniones.
(Texto tomado de Adela CORTINA, ¿Ética o ideología de la inteligencia artificaial? El ecplipse de la razón comunicativa en una sociedad tecnologizada, PAIDÓS, Valencia 2024, para la reflexión personal)










