LA LEY DE LA ORACIÓN ES…
Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez
Neutralizar al secularismo y al relativismo es una tarea prioritaria para la Iglesia católica y en este afán se ha acarreado infinidad de enemigos que atacan de manera permanente y el desprestigio de la que es objeto se deja sentir en nuestros ambientes comunes. Pero esto, lejos de desanimar a la Iglesia, ésta no ha dejado de lado su misión especialmente desde la liturgia que cada vez debe cuidar el culto partiendo del principio Lex orandi, lex credendi, (del latín: “la ley de la oración es la ley de la fe”) y este principio es totalmente válido en la actualidad.
A pesar de los muchos intentos de descuidar el culto divino y ponerlo en un segundo o tercer nivel en las prioridades de la Iglesia, conviene tomarse más en serio el papel que tiene la Iglesia de darle el culto de justicia que le corresponde a Dios. Conviene recordar lo dicho por San Pablo VI el 29 de junio de 1972, en la Basílica de San Pedro, cuando pronunció un sermón que captó la atención de millones de personas en todo el mundo, tanto católicas como no católicas. Lamentando el estado caótico de la Iglesia posterior al Vaticano II, el pontífice declaró: “A través de alguna fisura, el humo de Satanás ha entrado en el Templo de Dios”, como lo recuerda Charles Theorore Murr en su libro, Asesinato en el grado 33. La investigación de Gagnon sobre la masonería en el Vaticano, (2022). Este libro tuve la oportunidad de leerlo por recomendación de algunos amigos. Al principio me resistía a leerlo porque no es una línea de trabajo que me haya ocupado nunca, pero creo que conviene leerlo para entender el contexto que recientemente hemos vivido desde del desarrollo de la Iglesia.
Después de una lectura rápida me quedo con la impresión que tenemos que poner mayor énfasis en lo verdaderamente medular en la Iglesia: conservar íntegro el mensaje de salvación que Dios mismo nos ha confiado a pesar de los intereses ajenos que siempre han existido a lo largo y ancho de la historia de la Iglesia. Que gran parte del desempeño eclesiástico tiene que partir de la mejor escucha de Dios, hacer mayor énfasis en la oración y cuidar con el máximo empeño el culto divino y así alejar los oscuros intereses que sean ajenos a la Iglesia misma.
Ser conscientes de la importancia de la liturgia, -a pesar de escuchar voces aparentemente, -“autorizadas” de decir lo contrario-, nos tiene que ocupar gran parte de nuestro esfuerzo cotidiano, nuestro diario vivir, no podemos dejar de lado la Ley de la oración.
El hilo conductor del libro de Murr es la infiltración de la masonería en la Iglesia y las repercusiones que habría tenido en la celebración del Concilio Vaticano II así como su influencia en las autoridades que en gran parte lo llevaron a cabo, por eso el libro tiene el subtítulo de La investigación de Gagnon sobre la masonería en el Vaticano, (y ciertamente no leí este libro por esa curiosidad que nunca he alimentado ese tipo de literatura en mis lecturas). Informe del cual dice Murr que lo vio pero nunca tuvo acceso a él y por lo tanto sólo da pinceladas obscuras de dicho informe que fue presentado a diferentes Papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, que parece ser por la lectura del libro no tuvo repercusiones medibles lo cual ocasionó la renuncia fulminante del Gagnon que dio al traste los tres años de trabajo de sus investigaciones.
Con respecto a quien estuvo a cargo de la reforma litúrgica que pedía el Concilio como fue el arzobispo Annibale Bugnini, el autor del libro Murr afirma que esa reforma excedía lo pedido por los padres conciliares y dice lo siguiente:
“El arzobispo Bugnini dirigió las reformas litúrgicas después del Concilio, yendo mucho más allá del mandato de los Padres Conciliares, creando de hecho nuevos ritos litúrgicos y sacramentales. Invitó a eruditos protestantes para que participaran en la “renovación” de la liturgia romana, una renovación que parece más bien una reinvención. La “experimentación” litúrgica ha sido desenfrenada, haciendo un juego de los ritos más solemnes de la Iglesia. Y él presidió esta revolución”. (Murr, p.127)
Así se consigna en el libro y señala a Bugnini en ese momento (1969) secretario de la Sagrada Congregación para el Culto, y “orgulloso arquitecto del Novus Ordo Missae (1969), la llamada “Nueva Misa”, fue destituido por vínculos con la masonería.
Estos señalamientos son delicados porque si el Novus Ordo tiene estas características, me llama la atención que no se haya dicho o hecho algo al respecto después de casi 60 años de distancia.
El tema de la liturgia, al ser un tema esencial dentro de la Iglesia, en estos últimos meses ha sido fuente del más reciente cisma dentro de la Iglesia católica al ser ordenados 4 obispos sin mandato pontificio, hasta ahí ha escalando la dificultad hasta ahora pendiente dentro de la Iglesia.
El diagnóstico generalizado sobre la participación de los fieles a la Santa Misa dominical es de un claro abandono. Y se quiere justificar sobre la pervivencia del aspecto secularizado y relativista de la sociedad, pero esto sólo sería una cara de la moneda. Todos tendríamos que analizar más a fondo sobre el ser y quehacer de nuestras celebraciones. Y cuando digo todos, me refiero a todos: la jerarquía así como los fieles laicos.
La jerarquía tiene la obligación de revisar de la mejor manera las normas litúrgicas por un lado y la correcta celebración de los ritos sacramentales.
A los fieles les correspondería una participación activa, con verdadera devoción dejando de lado aspecto que no corresponden a una celebración litúrgica y evitar que esta sea todo un espectáculo musical o uso indebido de una escenografía poco decorosa que por todos lados se observa.
No podemos perder de vista este aspecto de cuidar nuestras celebraciones litúrgicas porque es la comunicación con Dios mismo lo que debe procurase, por decir lo menos. A lo largo y ancho de las Sagradas Escrituras está presente este aspecto religioso de ofrecer sacrificios agradables a Dios uno de ellos es el Job: “Sus hijos tenían por costumbre juntarse para comer en casa de uno de ellos, por turnos; y mandaban llamar a las tres hermanas para que comieran con ellos.
5 Una vez acabados estos días de fiesta, Job los llamaba para purificarlos; al día siguiente, de madrugada, ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba que a lo mejor habían pecado maldiciendo a Dios en su interior. Siempre hacía lo mismo”. (Job, 1, 4-5)
Las citas podrían multiplicarse por cientos sobre la importancia del culto a Dios para la purificación, y nuestra sociedad no está tan lejos de hacer lo mismo.
Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ *La ley de la Oración es*










