Ilusión es una imagen falsa de la esperanza, una fantasía mental que produce alegría y funciona como una expectativa positiva. Muchas mexicanas experimentaron esa ilusión con la llegada de una mujer a la Presidencia.
Pensaron que su sola presencia derribaría las vallas que cercan al Palacio Nacional y que habría un encuentro multitudinario y festivo de las luchadoras de todos los tiempos con la primera magistratura.
Pero pasa el tiempo y no hay diálogo. Colectivas y feministas, entre marzo y julio, a propósito de la iniciativa de Ley General para Prevenir, Investigar, Sancionar y Reparar el Delito de Feminicidio, pidieron un diálogo amplio en todo el país antes de dictaminarla.
Pero solo habrá un foro el próximo 18 de agosto y un micrositio en la página del Senado, del 1 al 9 de agosto, para recibir observaciones. Este lunes no lo encontré. Tampoco hay invitaciones para las “expertas” o feministas que critican la iniciativa o que no son morenistas.
El tiempo corre. La próxima secretaria de la Mujer, la senadora Laura Itzel Castillo, informó que el dictamen está en proceso y que la ley podría estar lista antes del 25 de noviembre. “La iniciativa cuenta con todo el respaldo institucional para que el debate se desarrolle con seriedad, transparencia y a la altura que reclaman las mujeres de nuestro país”, agregó.
¿Por qué no analizar a fondo la iniciativa? ¿Por qué se hace en un contexto de exclusión? Igual que en la Secretaría de las Mujeres, se excluye a la sociedad civil. Preocupa la creación de una comisión especial a cargo de esa Secretaría, con muchas funciones, pero sin participación de la sociedad civil. Las feministas llamadas “dialogantes” acordaron con esa Secretaría un proceso de diálogo y entregaron 150 propuestas, pero nada sucedió. Las alertistas no encontraron en la iniciativa referencias a las Alertas de Género; tampoco recursos etiquetados.
La iniciativa es un reordenamiento de todo lo que ya está en las leyes, pero no tendrá futuro si los juzgados y tribunales han ido para peor; si la investigación mantiene prejuicios y estereotipos; si no avanza el cambio cultural, ni hay recursos para la capacitación con perspectiva de género. Las palabras, la literatura legal y la impecable exposición de motivos de la iniciativa serán fuegos artificiales frente al fenómeno.
Irinea Buendía, madre de Mariana Lima Buendía —caso que dio lugar, hace 16 años, al criterio de investigar toda muerte violenta de una mujer como feminicidio— sostiene que ocurren cerca de 20 muertes violentas de mujeres al día, al sumar feminicidios, homicidios dolosos, suicidios, suicidios feminicidas y decesos dudosos, porque las fiscalías no cumplen sus obligaciones. Se presume que los feminicidios cayeron 36 por ciento. Una elegante mentira.
El dato oficial del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, correspondiente al primer semestre de 2026, consigna mil 738 muertes violentas de mujeres, poco más de nueve al día; 80 mil 528 lesiones dolosas contra mujeres, 447 al día. ¿Qué pasó con ellas?, ¿cuántas sobrevivieron? También consigna 41 mil 399 delitos contra la libertad y la seguridad sexual (violaciones) y 157 mil 377 hogares violentados, 874 reportes diarios, todo entre enero y junio, sin sumar las desapariciones de niñas y mujeres ni los datos de secuestro. Eso requiere mucho más que literatura jurídica y reglas escritas. Requiere política pública con perspectiva de género, prevención en serio y diálogo para generar corresponsabilidades entre sociedad, educación, autonomía económica y medios de comunicación.
Lo nuevo y positivo de la iniciativa es que será una ley general, con sustento constitucional, que obligue a los tres órdenes de gobierno y a los tres poderes de la Unión a actuar en sintonía. Contiene un gran discurso y explica los compromisos internacionales y las sentencias que obligan al Estado. ¿Por qué no discutirla con quienes saben, acompañan, litigan y forman al funcionariado? ¿Por qué? No lo entiendo. Veremos.
SARA LOVERA Ilusiones perdidas PALABRA DE ANTÍGONA/ OEM










