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VICENTE GUERRERO SALDAÑA… ¡EL HOMBRE PROVIDENCIAL!… (DOS DE TRES PARTES)

       Jesús Pastenes Hernández. 

Así, cuando la estrella de Morelos se eclipsa; caen prisioneros Verduzco, López Rayón y Nicolás bravo; cuando Andrés Quintana Roo y Leona Vicario, se acogen al indulto, y Guadalupe victoria, es plenamente derrotado; surge guerrero, como faro que alumbra las tinieblas, en la dura borrasca de la patria; con su voluntad inmensa, más grande que su esperanza; el hombre brota ahí, en el confín de la patria…, como profecía viviente, que arrancado de la leyenda bíblica, era la “espada de fuego que se revolvía a todos lados”-, ¡manteniendo encendida, la fe del triunfo y coronando de hogueras libertarias, las montañas del sur!.

Guerrero, símbolo puro, de la obstinación patriótica, representa a un pueblo, que no se aparta de sus propósitos independentistas, no se retira, no se aísla. No asume actitudes individualistas, no rinde culto a la personalidad, ni va en busca de estrellatos personales. No fue su sacrificio, ni sus esfuerzos, letra de cambio, para convertirse en transitorio reyezuelo de un imperio de papel, sino antes, al contrario, emprendió una intensa militancia dentro de las organizaciones masónicas. No es raro por ello, que sobreponiéndose a los prejuicios de su época, haya resistido críticas y enfrentara la satanización de grupos poderosos, que con sentimientos de patrones, vieron con enojo, la promoción de nuevas formas de organización colectiva.

Ya lo dice Altamirano: “¿quieren por último saber con qué se triunfa en una causa que todos abandonan; saber …cómo se liberta a una patria haciendo, un ser viviente de lo que era ya un cadáver y, todo … con la humildad de un verdadero hijo del pueblo? Ahí tenemos a Guerrero, a ese hombre que nos envidian las naciones más grandes de la tierra; para quien los reveses, eran razones para ser fiel; para quien la esperanza, era un motivo para perseverar; para quien la miseria, no era obstáculo para emprender; para quien la familia, no era cadena que lo atara al poste de la inacción; para quien la envidia, era un sentimiento desconocido; para quien la cobardía, era una vana palabra…”

¡Ese era Guerrero!, esa figura grandiosa, que se agiganta al paso de los tiempos y la vigencia de su obra, se mantiene incorrupta”, con una hermosa terquedad, que nutre sus ideales, cada vez que advierte una desviación, en el rumbo de sus patrióticos afanes.

¿Acaso sin él, la noble empresa independentista fracasa? Y ¿¡quién sabe, cuánto tiempo!? Sobre el nopal del Anáhuac, el águila del México naciente, hubiera batido… ¡rotas las alas!…

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