Inicio / INICIO / CLÚSTER DE AGROINNOVACIÓN DEL SUR DE MÉXICO – Impulsa la milpa con un modelo regional que conecta semillas, producción y mercado – Por Francisco Alarcón / CIMMYT/

CLÚSTER DE AGROINNOVACIÓN DEL SUR DE MÉXICO – Impulsa la milpa con un modelo regional que conecta semillas, producción y mercado – Por Francisco Alarcón / CIMMYT/

En estados como Morelos, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, el CIMMYT articula un clúster de innovación que busca fortalecer la producción de maíz nativo, conservar la biodiversidad y desarrollar oportunidades económicas. El proyecto promueve la diversificando de los sistemas milpa mediante el fortalecimiento de sistemas de semillas, la diversificación de cultivos, el impulso al emprendimiento rural e integración con mercados. Se implementa en coordinación con comunidades, pequeñas empresas y el Gobierno de Quintana Roo mediante el Proyecto de Seguridad Alimentaria, contribuyendo a la seguridad y soberanía alimentaria en el sur de México.

Mujer productora en Quintana Roo participa en el manejo de la casa de semillas comunitaria, donde se conservan y seleccionan variedades nativas de maíz para el siguiente ciclo agrícola. Estos espacios fortalecen la seguridad alimentaria y la organización local.

Quintana Roo, abril de 2026. El sur de México —particularmente estados como Oaxaca, Chiapas, Morelos, Veracruz y la península de Yucatán— alberga sistemas de cultivo como la milpa, basados en maíz nativo y cultivos asociados, que son fundamentales para la seguridad alimentaria, los medios de vida rurales y la identidad cultural. Sin embargo, estos sistemas enfrentan desafíos estructurales, como el acceso limitado a semillas de calidad, la baja integración con mercados y la falta de mecanismos que permitan traducir la producción en ingresos estables, lo que continúa impactando en la pobreza rural y la migración.

Frente a este escenario, CIMMYT impulsa el Clúster de Agroinnovación México Sur, un modelo regional que busca transformar estos sistemas desde una lógica integral, conectando semillas, producción, servicios y mercados. A través de este enfoque, se articulan innovaciones basadas en ciencia con mecanismos de implementación en territorio, en coordinación con comunidades, organizaciones locales, pequeñas empresas y el sector público, permitiendo que pequeños productores participen de manera más efectiva en las economías locales, al tiempo que se fortalece la resiliencia, la seguridad alimentaria y la cohesión social.

En Quintana Roo, este modelo se implementa a través del establecimiento de casas de semillas comunitarias, que se han consolidado como espacios clave para fortalecer la producción de maíz nativo y las capacidades organizativas locales. En estos espacios, la comunidad resguarda, selecciona y multiplica semillas nativas adaptadas a sus condiciones, contribuyendo a la conservación activa de la diversidad genética, el uso sostenible de la biodiversidad y al fortalecimiento del patrimonio biocultural que sostiene la milpa.

El funcionamiento de estas casas se basa en la organización comunitaria y en el acompañamiento técnico que CIMMYT y sus socios brindan a las comunidades, promoviendo prácticas sostenibles para la selección, almacenamiento y conservación de semillas. Esto permite mejorar su calidad, reducir pérdidas y asegurar su disponibilidad para los siguientes ciclos agrícolas, al tiempo que se consolidan mecanismos de cooperación que facilitan el acceso equitativo dentro de la comunidad.

Como parte del Clúster de Agroinnovación México Sur, este modelo se está ampliando a nivel regional mediante el establecimiento de 12 casas de semillas: cuatro en Quintana Roo, cuatro en Oaxaca y cuatro en Morelos. Esta expansión busca fortalecer los sistemas locales de semillas en distintos contextos productivos, ampliar el acceso a materiales adaptados y consolidar capacidades comunitarias para su gestión, reforzando la resiliencia de los sistemas milpa a nivel regional.

En Filomeno Mata, localidad del municipio de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, el productor Francisco Tuz Matos explica cómo este modelo se integra en la vida cotidiana:

“Estamos acá en Filomeno Mata, trabajando con nuestras semillas y con el cultivo de maíz. Tenemos maíz amarillo, de ahí sale el alimento para la familia: hacemos tortilla, atole, pozole… todo lo que consumimos.

Cuando hay buena producción y tenemos suficiente semilla, también podemos venderla a otras personas y así generar un ingreso extra.

En la casa de semillas nosotros seleccionamos el grano, elegimos el mejor y lo guardamos bien cerrado para que se conserve y se pueda sembrar al siguiente año. La casa está organizada entre nosotros, y eso ayuda mucho porque si se pierde la semilla por huracanes o sequía, aquí tenemos de dónde tomar para seguir sembrando.

Aquí tenemos varios tipos de semilla: maíz blanco, amarillo, de distintos ciclos. Todo está seleccionado y cuidado. Nos enseñaron cómo conservarla bien para que dure. Cuando alguien necesita semilla, se le da para sembrar y luego la regresa; así la semilla se sigue reproduciendo y no se pierde. Ese es nuestro trabajo: conservarla, compartirla y seguir produciendo.”

Francisco Tuz Matos, muestra semillas de maíz nativo conservadas en la casa de semillas comunitaria. A través de capacitación técnica, se promueven prácticas sostenibles de almacenamiento que permiten mantener la calidad del grano y asegurar su disponibilidad para futuras siembras.

A partir de esta base, el modelo avanza hacia el fortalecimiento de la producción sostenible de maíz nativo mediante la validación de prácticas agronómicas en campo y el establecimiento de parcelas demostrativas. De manera complementaria, se impulsa la diversificación de cultivos, incorporando leguminosas, hortalizas y esquemas de intersiembra que permiten reducir riesgos productivos, mejorar la nutrición y generar nuevas alternativas de ingreso para las familias rurales.

El enfoque también incorpora el desarrollo de capacidades para el manejo postcosecha, la agregación y el procesamiento de productos, así como la articulación con pequeñas y medianas empresas y actores comerciales, con el objetivo de construir cadenas de valor más funcionales. Esto abre oportunidades para el desarrollo de servicios y emprendimiento rural —desde mecanización hasta valor agregado— que fortalecen la sostenibilidad económica de los sistemas en la región.

Asimismo, se promueven modelos de servicio inclusivos que permiten la participación de mujeres, jóvenes y grupos tradicionalmente marginados, ampliando su acceso a oportunidades en la producción, los servicios y los mercados.

A nivel territorial, estas acciones se articulan con el Gobierno de Quintana Roo, a través de iniciativas como el Proyecto de Seguridad Alimentaria, fortaleciendo la coordinación entre actores públicos y el trabajo en comunidades rurales. Esta colaboración permite vincular la ciencia con la política pública, consolidando esfuerzos para mejorar la disponibilidad de alimentos, fortalecer la producción local y avanzar en una ruta concreta de apoyo al Gobierno de México en el cumplimiento de los objetivos del Plan México, particularmente en materia de seguridad y soberanía alimentaria.

Productores, productoras y aliados locales participan en el fortalecimiento de sistemas de semillas en comunidades rurales de Quintana Roo, como parte de un esfuerzo conjunto entre CIMMYT y el Gobierno del Estado para impulsar la seguridad alimentaria y el desarrollo rural.

Con el respaldo de la inversión estratégica del Gobierno de Estados Unidos anunciada a inicios de 2026, este modelo se consolidará en México y Centroamérica, mediante la adopción de prácticas productivas mejoradas, el establecimiento de esquemas iniciales de acopio y la generación de vínculos más estructurados entre comunidades agrícolas, agroindustria, gobiernos locales y todos los actores del sector agroalimentario.

A medida que estos componentes se integran, el trabajo en el sur del país contribuye a un objetivo mayor: la transformación sostenible de los sistemas agroalimentarios en México. En el sur de méxico, las casas de semillas muestran cómo este enfoque se traduce en soluciones concretas, donde la organización comunitaria, el conocimiento local y la ciencia se combinan para fortalecer la producción, conservar la biodiversidad y abrir nuevas oportunidades para las comunidades rurales.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *