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Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ La traición

LA TRAICIÓN
Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez
“Cuenta la leyenda que Judas se ahorcó en una rama del árbol Cercis siliquastrum y avergonzado, este se dobló y ahora crece bajo y cerca del suelo. No le crecieron más ramas. Sus flores crecen directamente en el tronco, y no tienen aroma.
Qué castigo tan duro por soportar el peso muerto de un traidor”.
Para hablar de la traición tenemos que poderla describir puesto que es una actividad tan frecuente hoy día que conviene reflexionar sobre esto de la traición.
La nueva novela de Charles Theodor Murr, “Y era de noche. Crónica de traiciones”, trata sobre este penoso asunto de la traición y su efecto psicológico, no del traidor, sino en el traicionado, en su libro describe el poder, la política y las agendas personales infestado de este mal.
¿QUÉ ES LA TRAICIÓN?
Conviene que describamos qué se entiende por traición:
“La aniquilación instantánea de toda gracia vivificante para el alma del hombre: toda esperanza, toda fe y todo amor confiados a otro ser son, en un instante, horrendo y devastador, inexistentes. Incluso los más sabios entre nosotros pueden ser víctimas de la traición, ya que solo reconocemos a un traidor cuando traiciona. Hasta el momento mismo de la traición, es un amigo por el que daríamos la vida. Un enemigo solo puede matarte; un amigo traidor te mate, pero te deja vivir para sentir los efectos de la muerte cada minuto de cada día que pasa”. (Murr, p.XX)
Nadie está exento de traicionar o ser traicionado. Por eso en nuestro contexto social, matrimonial, religioso, educativo y político tienen que existir elementos de diversa índole para que simplemente no avancemos, permanezcamos estancados muy a nuestro pesar y la traición califica dentro de estos parámetros tan ruines.
Sólo podemos reconocer al traidor cuando nos traiciona, especialmente si es nuestro amigo. De los enemigos lo tenemos muy claro que nos desean todo tipo de mal, pero de los amigos, nos matan (traicionan) pero “te dejan vivir para sentir los efectos de la muerte cada minuto de cada día que pasa”.
Gran fuerza de voluntad tiene que haber para perdonar un traidor y de hecho esto es muy difícil que existe, pero ahí está precisamente la valía del espíritu humano educado para dar vuelta a lo hoja y continuar con nuestros proyectos. La gracia nadie la puede aniquilar porque tiene un valor divino. Puede que nos lleve toda una vida para perdonar a un traidor pero bien vale la pena seguir adelante con nuestra vida.
LENGUA DE TRES CABEZAS
“En el infierno de Dante, Satanás aparece como un dragón congelado en un lago de hielo sólido. Cuando la imponente bestia abre la boca para hablar, revela una lengua de tres cabezas. Las cabezas son las de Marcus Junius Brutus, Gaius Cassius Longinus y Judas Iscariote, los traidores más infames de la historia”. (Murr, p.XX)
Está claro que la serpiente se asimila con la traición, y ésta es bífida, pero Dante dice que no sólo tiene dos cabezas sino tres y así se entiende que esto es más complicado de asimilara para una persona normal que es víctima de la traición. Aunque también hay de serpientes a serpientes: “Los viejos ganaderos que conocemos las serpientes, no tenemos tememos tanto a las cabezas de diamante; te adviertes con su cascabel y si atacan, lo hacen frontalmente. Es de las que no parecen amenazantes, del coralillo, de las que tenemos cuidado. No te avisan y atacan por detrás”. (Murr, p.403)
Visto lo expuesto nos va dejando claro de los serio que es este problema de la traición y que nos ha acompañado a lo largo de la historia de la humanidad y lo seguirá haciendo mientras el hombre pueble la tierra y hay que ser conscientes que para esto mismo no hay tregua que valga ni descansos prolongados y mientras tanto seguirán deteniéndose proyectos nobles que hacen que el progreso sea posible.
¿CÓMO ALIMENTAS TU CORAZÓN?
Ahora tenemos que apuntar posibles herramientas que nos ayuden a superar este difícil trance la la traición partiendo de Santo Tomás de Aquino: “El camino desafía al corazón antes que a las piernas”. Un corazón fuerte te ayuda a caminar más lejos aunque tus piernas se resistan a seguir son sus dolores pasajeros, pero cuando el corazón no tiene suficiente fuerza ningún motor hará caminar a esas piernas por más entrenadas que estén.
Así pues habría que preguntarnos qué tan educado tenemos el corazón, ¿cómo lo alimentamos espiritualmente? De todo nuestro cuerpo, el corazón es el gran perdedor, al dejarlo abandonado a su suerte.
“ENVÍA LA CURA, OH SEÑOR…”
De mucha ayuda es la divinidad, el fomento de nuestra espiritualidad como dice un pensamiento Yiddish: “Envía la cura, oh Señor; la enfermedad ya la tenemos”. Así puede surgir esta pregunta: ¿cuántas veces hemos pedido el auxilio divino ante la realidad de la traición? Como pauta está el salmo 21: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. El abandono lo hemos sentido todos, pero también el auxilio, si lo pedimos con fe.
Tenemos que huir del pensamiento que nos atrapa y nos invade que nos consideramos exentos de dificultades y entremos en la dinámica de que somos imperfectos: “Si yo fuera perfecto, no necesitaría a la Iglesia. Es precisamente mi imperfección la que me permite formar parte de ella. La Iglesia no es un museo de santos de yeso y madera. Es un hospital de campaña para heridos y mutilados. Estar heridos juntos en el hospital es lo que nos hace hermanos. Eso es en gran parte lo que significa ser católico”. (Murr, p.685)
Sentir la imperfección es igual que sentir un dolor en la enfermedad, pues este avisa cuando algo no anda bien en nuestra vida. Y la Iglesia es un gran hospital que acoge a los enfermos y no se debe confundir con un museo de santos.
La fortaleza tiene que estar siempre presente, la traición no descansa jamás: “Cuando el diablo no está pescando, está remendando sus redes”. (Murr, p.669)

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