II. El nuñizmo
La disputa interna que atraviesa Morena en Guerrero ya no solo refleja diferencias políticas normales dentro de un movimiento amplio, también exhibe las contradicciones entre el discurso de transformación y las prácticas que algunos grupos continúan arrastrando desde la vieja política.


En ese escenario, las figuras de Jacinto González Varona e Iván Hernández Díaz representan dos perfiles distintos dentro de la estructura morenista en Guerrero, pero ambos ligados a la discusión sobre el rumbo real que tomará el partido en el estado.
Jacinto González, actual dirigente estatal de Morena, ha sido identificado políticamente con el llamado “nuñizmo” y a estructuras que durante años han buscado consolidar poder interno dentro del partido. Su ascenso dentro de Morena Guerrero no ha estado exento de polémicas, cuestionamientos internos y señalamientos sobre la manera en que se han conducido ciertos procesos partidistas.
Aunque públicamente el discurso continúa siendo el de la unidad y la transformación, distintos episodios han generado críticas hacia la dirigencia estatal encabezada por Jacinto González. Desde acusaciones de imposición política hasta inconformidades por el manejo interno del partido, su liderazgo ha sido constantemente señalado por sectores que consideran que Morena en Guerrero se ha alejado de los principios originales que dieron identidad al movimiento.
Aquí aparece la contradicción más importante, Morena nació como una alternativa frente a las prácticas tradicionales de control político, grupos de poder y acuerdos cupulares. Sin embargo, dentro del partido en Guerrero persiste la percepción de que ciertas corrientes continúan operando bajo esas mismas lógicas, priorizando posiciones y estructuras internas antes que la consolidación de un verdadero proyecto de transformación.
Por otro lado, Iván Hernández Díaz ha mantenido una imagen más vinculada al trabajo institucional y a la operación territorial relacionada con los programas sociales. Su cercanía con la estructura federal le ha permitido proyectarse como un perfil moderado y alineado con el esquema nacional impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, dentro de Morena también existen cuestionamientos sobre si realmente representa una opción sólida y viable para el futuro político de Guerrero.
Las dudas no surgen únicamente desde la confrontación política, sino también desde episodios que han puesto a prueba su capacidad de conducción y toma de decisiones. Uno de los casos más señalados ocurrió durante la estancia de Servidores de la Nación de distintas partes del país en las instalaciones del CREA, situación donde, pese a los intentos por contener y minimizar diversas irregularidades y conflictos internos, varios de estos terminaron trascendiendo públicamente.
Este episodio dejó entrever, para algunos sectores, una estructura con dificultades para responder bajo presión y con limitada capacidad de control frente a escenarios complejos. La crítica de fondo no se centra únicamente en el hecho en sí, sino en la percepción de que las decisiones políticas y operativas pueden debilitarse cuando enfrentan tensiones internas o problemas de gobernabilidad.
La diferencia entre ambos perfiles no solo es política, sino también simbólica. Mientras Jacinto González representa para muchos la continuidad de los grupos internos que buscan mantener control partidista en Guerrero, Iván Hernández aparece como un perfil más institucional, aunque todavía con cuestionamientos sobre la firmeza de su liderazgo y su capacidad para enfrentar escenarios de crisis.
El problema para Morena es que estas tensiones comienzan a revelar algo más profundo, la lucha entre quienes entienden el movimiento como un proyecto nacional sujeto a una conducción central y quienes lo ven como un espacio para construir poder local y cuotas internas, más allá de los discursos, la verdadera transformación política no se mide únicamente en slogans o lealtades públicas, sino en la congruencia entre los ideales que se defienden y las prácticas que realmente se ejercen dentro del partido.
Y aunque ambos son relacionados con el profesor César Núñez, quien siempre los relego a tareas menores, hay en el ánimo del morenismo fundador una cada vez mayor convicción en el sentido de que los dos personajes usan a la figura del fundador de manera pragmática y oportunista.
El respaldo de la Presidenta de la República a Esthela Damián, como el nuñizmo lo interpreta, los deja desarmados pues quien los amadrina, la subsecretaría Rocío Bárcena no enfrentara por ningún motivo al ala cercana de la mandataria federal.
Las figuras que antaño los impulsaban, están quedando relegadas en la nueva conformación partidista.
Gabriel García, Bertha Luján, Carolina Rangel, Luisa María Alcalde y otros dirigentes se desinflan en lo nacional y ante ello el nuñizmo languidece.










