Una red de ensayos de largo plazo en México evalúa alternativas para mejorar la salud del suelo, reducir la dependencia de insumos sintéticos y fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos frente a los desafíos económicos y climáticos.

Texcoco, México, mayo de 2026. El aumento en el costo de los fertilizantes está obligando a miles de agricultores a tomar decisiones cada vez más difíciles. En muchas regiones, aplicar nutrientes suficientes para sostener la producción ya no es una garantía. Es un riesgo económico. Al mismo tiempo, los sistemas agrícolas enfrentan una presión creciente por reducir emisiones y producir alimentos bajo condiciones climáticas cada vez más extremas.
La dimensión ambiental del problema es igual de crítica. La producción y el uso de fertilizantes nitrogenados representan cerca del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero asociadas a la agricultura, además de contribuir a la contaminación de cuerpos de agua cuando se aplican de manera ineficiente. Frente a ese escenario, identificar alternativas capaces de mantener productividad mientras reducen la dependencia de insumos sintéticos se ha convertido en una prioridad estratégica para la seguridad alimentaria y la acción climática.
En ese contexto, materiales como el Hydrochar y el Biochar comienzan a ganar atención como posibles alternativas para mejorar la salud del suelo y complementar el uso de fertilizantes convencionales. Ambos materiales se producen a partir de residuos orgánicos agrícolas y urbanos, transformándolos en productos con potencial para mejorar la retención de agua, aumentar la materia orgánica y capturar carbono en el suelo.
El Biochar se obtiene mediante procesos de carbonización de residuos vegetales como paja, restos de poda o mazorcas. El Hydrochar utiliza un proceso distinto basado en presión, temperatura y humedad para transformar residuos orgánicos en un material estable y rico en carbono. En ambos casos, el principio es el mismo: convertir desechos orgánicos en recursos útiles para la agricultura, cerrando ciclos dentro de una economía circular que aprovecha materiales que de otro modo serían desperdiciados.

Evaluar nuevas alternativas para la fertilización y la salud del suelo requiere entender cómo responden bajo condiciones agrícolas distintas. Una solución que funciona en un ambiente húmedo puede comportarse de manera diferente en una región semiárida o en un sistema altamente intensivo. Por ello, la capacidad de generar evidencia en múltiples contextos productivos es fundamental para desarrollar recomendaciones con aplicación real para los agricultores.
La capacidad de evaluar innovaciones bajo condiciones agroecológicas contrastantes es una fortaleza distintiva de CIMMYT. A través de una red de estaciones experimentales e innovación establecida estratégicamente en distintas regiones de México, la organización puede generar evidencia bajo condiciones reales de producción y acelerar el desarrollo de soluciones adaptadas a diversos contextos agrícolas. Esta infraestructura ha sido fortalecida durante décadas mediante alianzas internacionales e inversiones estratégicas, incluido el apoyo del Gobierno de Estados Unidos.
Gracias a esta capacidad, los investigadores pueden evaluar una misma innovación en ambientes contrastantes y comprender cómo responde frente a diferentes condiciones de clima, suelo y manejo. El ensayo se desarrolla de manera simultánea en Texcoco, en los Valles Altos semiáridos; Toluca, con condiciones frías y húmedas; Morelos, en una región subtropical; Agua Fría, en ambientes tropicales; y Ciudad Obregón, donde predominan condiciones desérticas y sistemas altamente productivos.
Cada una de estas regiones representa una realidad agrícola distinta. Cambian la disponibilidad de agua, las temperaturas, la fertilidad del suelo, la presión climática y las dinámicas de producción. Esta diversidad permite evaluar el desempeño de una misma solución bajo condiciones contrastantes y generar evidencia más robusta sobre su impacto en productividad, salud del suelo, eficiencia en el uso de nutrientes y resiliencia de los sistemas agrícolas.
La comparación entre ambientes permite identificar dónde una tecnología genera mayores beneficios, dónde enfrenta limitaciones y cómo debe adaptarse a cada contexto. Este conocimiento es la base para desarrollar recomendaciones sólidas que puedan ser transferidas con mayor confianza a productores, técnicos y tomadores de decisiones.

En las parcelas se evalúan diferentes dosis de Hydrochar, Biochar, composta y fertilización convencional. También se incluyen tratamientos sin aplicación de insumos para entender con precisión los efectos de cada estrategia. Los investigadores miden rendimiento, costos de producción, captura de carbono, microbiología del suelo, retención de humedad y respuesta agronómica en distintos ambientes. La UNAM participa en la evaluación de carbono en suelo y Cinvestav analizará cómo la aplicación de estos materiales influye en la microbiología del suelo, incorporando capacidades científicas complementarias para comprender de manera integral sus efectos sobre los sistemas de producción.

El alcance de esta investigación va más allá de la evaluación de insumos específicos. Los sistemas agroalimentarios enfrentan desafíos cada vez más complejos relacionados con la disponibilidad de agua, la salud del suelo, la volatilidad de los costos de producción y la necesidad de reducir su impacto ambiental. Responder a estos desafíos requiere soluciones técnicamente viables, económicamente relevantes y adaptadas a las condiciones reales en las que producen los agricultores.
Por ello, los ensayos integran distintos componentes del sistema productivo, incluyendo fertilización, manejo agronómico, salud del suelo, eficiencia hídrica y monitoreo ambiental. Este enfoque permite comprender cómo interactúan estos factores y generar conocimiento útil para fortalecer la resiliencia y sostenibilidad de la agricultura.
Los resultados contribuyen a reducir la incertidumbre antes de promover nuevas prácticas a gran escala, fortalecer las recomendaciones técnicas para diferentes regiones y respaldar decisiones de productores, técnicos, gobiernos y otros actores del sector agrícola.
En un escenario donde la presión sobre los sistemas agroalimentarios seguirá aumentando, la ciencia se convierte en un bien público esencial. Generar evidencia sólida, comparable y relevante para distintos contextos agrícolas es fundamental para acelerar la adopción de soluciones que fortalezcan la productividad, la resiliencia y la sostenibilidad de los sistemas alimentarios.










