LA CELEBRACIÓN DEL DÍA DEL PADRE CAMPESINO
Por César González Guerrero.
Festejar el Día del Padre tiene un buen propósito pero, desafortunadamente, como sucede en la mayoría de los países subdesarrollados, se presenta de manera desigual, más en las entidades federativas como Guerrero, con un alto porcentaje de marginación social.
Desde luego, las condiciones socioeconómicas, no permiten hacer realidad este deseo, en algunas familias, el decir Feliz Día del Padre, los motivos son varios: algunos ya fallecidos, otros enfrentando problemas graves de salud, otros más enfrentando crisis económicas, algunos otros enfrentando problemas de todo tipo, que hacen imposible realizar una modesta convivencia familiar.
Aún así, con sus excepciones, los hogares campesinos, con todas sus penas, sufrimientos, esfuerzo y sacrificio, sí logran hacer realidad está fecha, aunque sea un día, ser feliz y recibir abrazos y detalles de sus familias cercanas.
A partir del año 1972, en México, se empezó a festejar en el mes de junio, el Día del Padre. Sin embargo, en mi tierra, Copala, esta celebración se inició a partir de los años ochentas. Obviamente solo se homenajeaba a la Madre.
Tal vez muy tarde, los grandes empresarios, se enteraron que también los padres lo merecían, y que también les generaba buenas ganancias. Como sea, vale la pena que en el calendario, aparezca este buen motivo, para reconocer a los padres.
Aunque es el Día de la Madre el de mayor impacto social y económico, precisamente por ello, los detalles, obsequios y eventos están más enfocados a ellas.
En las ciudades, es ya una costumbre oficializada festejar al Padre de cualquier forma. En el área rural, para la mayoría de las familias campesinas todavía, esta fecha, pasa desapercibida.
Por esa razón en nuestro caso, recuerdo que a mi madre la festejamos todos los años, y a nuestro padre, por diversas razones, quizá solo 2 o 3 ocasiones lo hicimos.
La ultima vez fue el año en que falleció (2013), en su domicilio de Copala, cuando tenía 84 años de edad. Ya con la ausencia de mi madre. Ahí, como a él le gustaba, expresaba sus palabras de agradecimiento, dijo:”…quizá ya me voy a morir, porque veo que, este año, me han hecho varios reconocimientos…” Y así fue, a los 2 meses, el 6 de septiembre, falleció.
Y es verdad que, por falta de costumbre o de conocimiento, lamentablemente, no le festejamos cada año el Día del Padre, tampoco su cumpleaños.
Por ello, en esta ocasión, vale la pena reconocer que, independientemente de todo, se debe fomentar este tipo de eventos, que permiten abrazar, aunque sea una vez al año, simbólicamente, al padre. Creo es parte de la educación y la cultura que nos hace falta.
Que el Día del Padre no sea competencia consumista, tampoco un acto obligatorio, mucho menos una celebración ostentosa, más bien debe ser una fecha que sirva para fomentar los valores morales que en los últimos años se están perdiendo.
A los padres ya fallecidos va este homenaje póstumo y a quienes aún tienen la fortuna de estar vivos, les deseamos un Feliz Día del padre.
¡Felicidades!










