Es el pan nuestro de cada día: cada vez estamos más aburridos. Y no es por falta de estimulación sino que, curiosamente es por el exceso de la misma. Cada momento queremos aprovecharlo para hacer algo interesante, impactante, tal vez no para nosotros mismos sino para hacernos notar en esta vorágine de imágenes que nos convierten en una aguja en el pajar.
Me refiero específicamente a la estimulación digital constante que hace que el mundo real parezca insuficientemente estimulante o interesante. El resultado es una extraña apatía que conduce a un desinterés general por todo. Estamos criando personas con acceso a un entretenimiento ilimitado que parecen cada vez más aburridos de todo.
DEJAR ENTRAR EL ABURRIMIENTO
La psicóloga Pilar Sordo ha anotado que cuando un hijo se queje de aburrimiento, la respuesta del padre tendría que ser: “Abúrrete más a ver que inventas”. Las generaciones anteriores se aburrían y, por eso, hacían algo.
Hoy encontramos cada vez personas que se repliegan, se aíslan y no es por falta de estímulos sino porque la luz azul nos da exceso de estímulos.
“Los chicos de hoy tienen acceso a todas las canciones que se hayan grabado, todas las películas que se hayan producido, todos los juegos que se hayan diseñado, a la comedia, los deportes, la pornografía, las peleas, las noticias y mucho más. El adolescente (y también los adultos) actual dispone de más entretenimiento y distracción que cualquier emperador, rey, reina, presidente o personaje histórico en toda la historia de la humanidad. Y, sin embargo, sigue aburrido”. (John Melniko, Los chicos que ya han visto de todo, en “infovaticana.com/2026/10/30)
Esta saturación que hasta ahora he visto que pasa desapercibida como un auténtico fenómeno que origina grandes trastornos de la personalidad de todo el ser humano no se le está dando la suficiente atención para poner remedio a los descalabros que provoca.
Porque es un hecho que: “Los docentes, los entrenadores y los padres no pueden contar historias que compitan con el ritmo de TikTok. Los deportes no pueden competir con los resúmenes de jugadas destacadas, y las conversaciones no pueden ofrecer la misma descarga de endorfinas que las notificaciones”. (John Melniko)
He aquí una clave: la descarga de endorfinas que han sido estudiada por laboratorios de los gigantes corporativos del internet con las numerosas redes sociales disponibles, hace que la mayoría de nuestro tiempo lo dediquemos a procurar estas sustancias químicas de las cuales ya muchos dependen para estimularse y hacer que su vida tenga sentido, lo que no nos damos cuenta es que lo vemos en la pantalla azul no es mi vida, la cual estoy dejando pasar, como si un huracán arrancara de raíz si esencia humana, que incluye a los amigos que cada vez encuentro su presencia poco gratificante: “la amistad tiene que competir con un flujo interminable de personalidades más atractivas. Los chicos pueden simplemente deslizar el dedo para descartar lo que no les retiene la atención más de unos segundos y, con cada deslizamiento, se erosiona un poco de lo que hace que la adolescencia sea una etapa tan maravillosamente dinámica y formativa”. (John Melniko)
SOLUCIONES: PAZ, SILENCIO, ORACIÓN
Lejos de pensar que estos nuevos estilos de vida “llegaron para quedarse”, en realidad esto no es así porque: “Esta situación no es insuperable ni desesperada. La naturaleza pacífica y humilde del cristianismo ofrece a los adolescentes de hoy un bienvenido respiro del ritmo de sus vidas. El catolicismo no obliga a sus fieles a gritar «mírenme» todo el tiempo. Al contrario, ofrece la paz y el silencio de la oración”. ((John Melniko)
La dinámica humana tiene sus reglas y parece que la espiritualidad que nos propone el cristianismo abona estos elementos apuntados como verdaderas soluciones: “Las realidades metafísicas trascendentes de la Misa y el poder de la Eucaristía ofrecen ejemplos reales y en tiempo real de una verdadera transformación espiritual. Mientras el algoritmo dice: «Mirá lo nuevo», Nuestro Señor dice: «Yo hago nuevas todas las cosas».
Hay que dejarse conducir por estas realidades metafísicas trascendentes, pues tarde que temprano el contacto con una realidad que está más allá de mí y que puedo dominar acabo más cansado y aburrido que satisfecho, porque la vida espiritual: “Nos da ojos nuevos para percibir la realidad y superar nuestros miedos, limitaciones y fracasos. La vida católica educa precisamente aquellas facultades que nuestra cultura tecnológica se empeña insidiosamente en agotar hasta extinguirlas. A saber: la atención, la paciencia, la contemplación y el asombro”. (John Melniko)
De estos elementos apuntados quiero destacar el valor de la atención, pues las tecnologías al alcance nos dispersan y pierden, no tan sólo nos desconcentran sino que nos evaporan, convirtiéndonos en marionetas de una realidad que no existe o que no tenemos a nuestro alcance, haciéndonos soñar con quimeras extremadamente lejanas.
“La respuesta a la crisis actual no puede consistir simplemente en aplicaciones mejores y más atractivas, en aulas y clases más entretenidas, ni en padres que buscan frenéticamente algo capaz de competir con el atractivo del algoritmo y vencerlo. No podemos ganarles en entretenimiento a máquinas diseñadas por corporaciones multimillonarias para capturar la atención, ni deberíamos intentarlo”.
Aquí está precisamente el engaño: querer ganarle a la máquina al querer meterse en el juego de atrapar a la persona con las cosas novedosas, pues hay que recordar que detrás del atractivo de las redes sociales hay todo un “Valle de silicón” con confabula con un presupuesto millonario para tener más adeptos.
Muy por el contrario, tomemos este reto que nos propone John Melniko:
“Devolverles a los chicos la oportunidad de aburrirse y de crear algo a partir de ese aburrimiento. Es una idea que les resulta cada vez más ajena. Dejémoslos estar sin pantalla. Dejemos que tiren una pelota, que vaguen por el bosque, que hablen con alguien que de vez en cuando cuenta una historia aburrida, que se queden mirando el fuego, que recen en silencio o que pasen una tarde sin absolutamente nada planeado más que dejarse llevar”.
De paso también los padres de familia y los adultos hagamos lo propio, pongamos el ejemplo de esta desintoxicación de aditamentos digitales que tanto han mermado al padre que cada vez está más ausente de la vida de sus hijos: “Quizá necesiten el silencio suficiente para descubrir que el mundo que Dios creó ha sido infinitamente interesante desde siempre”. (John Melniko)
Cuándo vamos a descubrir lo interesante del mundo vivo que está a nuestro derredor, simplemente cuando levantemos la vista y dejemos un poco la luz azul
LUZ AZUL –
Pbro. JORGE AMANDO VÁZQUEZ RODRÍGUEZ










