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El centralismo en morena, la opción pragmática por retomar rumbo y sus consecuencias en Guerrero.V.

🔺Morena Guerrero, guerra de facciones. Por: Bertha Castro. Hoy un discurso disfrazado de apoyo, mañana la realidad de la situaciónEn política las coincidencias rara vez son casualidades. Por eso la reciente alianza política y mediática entre Félix Salgado Macedonio y Beatriz Mojica no puede verse únicamente como una reunión más entre actores de Morena. La pregunta obligada es otra ¿qué mensaje buscan enviar? ¿Es un mensaje de unidad para fortalecer el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum o es un mensaje dirigido precisamente a ella?Porque cada vez parece más evidente que algunos grupos políticos de Guerrero quieren dejar claro que, independientemente de quién llegue, quién sea respaldado o quién tenga la confianza de la dirigencia nacional, ellos siguen considerándose los dueños de la decisión política en el estado. De otra manera resulta difícil entender por qué continúan empeñados en mandar señales, lanzar posicionamientos y actuar como si la candidatura a la gubernatura fuera un asunto resuelto desde ahora.Si públicamente dicen respaldar a Claudia Sheinbaum, ¿por qué pareciera que al mismo tiempo buscan condicionarla? Si dicen creer en el movimiento, ¿por qué siguen actuando como si los acuerdos de grupo estuvieran por encima de las decisiones institucionales? Si verdaderamente apoyan el proyecto nacional, ¿por qué cada movimiento parece encaminado a demostrar fuerza propia antes que disciplina política?Las preguntas son válidas porque los hechos ahí están. Mientras la presidenta ha insistido en el respeto a los procesos internos y Morena ha reiterado que las candidaturas se definirán mediante sus mecanismos correspondientes, en Guerrero algunos personajes parecen vivir una campaña permanente. Hablan de unidad, pero operan para sus grupos. Hablan de transformación, pero siguen utilizando las mismas prácticas de siempre. Hablan de democracia interna, pero se comportan como si la decisión ya les perteneciera.Y si hablamos de campañas adelantadas, resulta imposible no mencionar a Iván Hernández. Porque mientras unos hablan de unidad y otros de proyectos, él parece haber optado por una estrategia mucho más vieja y conocida, la construcción de una estructura política mediante la entrega de apoyos. Lo que muchos ciudadanos observan en distintas regiones del estado no es precisamente una labor política de formación o debate de ideas. Lo que observan es el reparto de despensas, apoyos y beneficios que terminan alimentando la percepción de que se está intentando comprar simpatías mucho antes de que exista un proceso electoral.Y sí, hay quienes ya lo resumen con una frase popular, repartir frijol con gorgojo para tratar de ganar voluntades. Porque entre los comentarios ciudadanos aparecen historias sobre despensas, dinero, materiales de construcción, chivos, patos, pollos, puercos, cochinos y marranos. Cada quien contará la versión que le corresponda, pero la percepción pública sigue creciendo, mientras Morena presume ser un movimiento distinto, algunos de sus actores parecen empeñados en repetir las mismas fórmulas clientelares que durante décadas criticaron.Pero quizás el problema más serio de Morena Guerrero no sea la disputa por las candidaturas. Quizás el problema más serio sea que el partido parece estar atrapado en una crisis de conducción política. Porque Morena tiene un dirigente estatal que lejos de actuar como árbitro parece actuar como una de las partes en conflicto.Jacinto González constantemente aparece confrontado con actores de su propio partido. Ha mantenido señalamientos contra Esthela Damián y contra quienes la acompañan políticamente. En lugar de construir puentes, parece profundizar diferencias. En lugar de representar a todos los grupos, parece representar solamente a uno. Y eso genera una pregunta, ¿está actuando como dirigente estatal de Morena o como aspirante a la gubernatura?Porque un dirigente no puede darse el lujo de comportarse como jefe de una facción. Un dirigente debe ser reconocido por todos como una autoridad política y moral dentro de su organización. Debe ser capaz de sentar en una mesa a quienes piensan distinto. Debe garantizar condiciones de equidad. Debe generar confianza. Debe actuar como árbitro.Y si no puede ser árbitro, entonces tendría que tener una autoridad política tan sólida, un liderazgo tan amplio y un reconocimiento tan contundente dentro del movimiento, que sus aspiraciones fueran vistas como algo natural y legítimo por la mayoría de los actores políticos. Pero hoy parece no tener ni una cosa ni la otra.Porque no es un dirigente por consenso. Es una parte dentro de una disputa. Y ni siquiera necesariamente la parte más importante.Tampoco parece ser un dirigente que destaque por el dominio de los aspectos teóricos, ideológicos e históricos que debería tener cualquier dirigente de izquierda. La izquierda no solamente se construye ganando elecciones. También se construye con formación política, con argumentos, con visión y con capacidad de conducir un proyecto colectivo. Y francamente cuesta identificar esos elementos en el dirigente estatal de Morena.Su imagen pública además parece cada vez más desgastada. No porque tenga adversarios, eso ocurre en cualquier actividad política. El problema es que constantemente proyecta la imagen de alguien que entra en conflicto con cualquiera que perciba como una amenaza para sus aspiraciones personales. Y cuando un dirigente comienza a ser identificado más por sus confrontaciones que por sus capacidades de conducción, inevitablemente pierde autoridad.Por eso también resulta extraña su insistencia en determinados argumentos para desacreditar a algunos aspirantes. Particularmente cuando insiste en que no basta con nacer en Guerrero. Habrá que recordarle nuevamente lo que dice la Constitución del Estado de Guerrero respecto a quiénes pueden aspirar legalmente a la gubernatura. Porque una cosa es tener una opinión política y otra muy distinta intentar sustituir el marco constitucional con criterios personales o de grupo.Al final todo conduce a una sola pregunta que Morena Guerrero tendrá que responder tarde o temprano.¿Son realmente aliados de la presidenta Claudia Sheinbaum y del proyecto político que encabeza? ¿O simplemente son grupos y personajes moviéndose de acuerdo con su propia conveniencia?Porque apoyar a la presidenta cuando el proyecto coincide con los intereses propios es muy fácil. Lo difícil será respaldar las decisiones que se tomen cuando no favorezcan a determinados grupos. Ahí será donde se sabrá quién está comprometido con la transformación y quién simplemente utiliza el discurso de la transformación mientras protege sus propios espacios de poder.Hoy vemos fotografías, reuniones, declaraciones y discursos de unidad. Mañana veremos la realidad. Y entonces sabremos si el apoyo era auténtico o solamente un discurso disfrazado de apoyo.

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